jueves, septiembre 30, 2010

Soy un Hijo de Mutua

Soy un hijo de mutua, sí, no quedan más cojones. La obligatoriedad de tener ciertos seguros de coche o de incendios, más otros que uno "toma" al firmar la hipoteca, más otros que uno coge por miedo a lo desconocido o por pavor a la indigencia próxima, hace que todos seamos un poco hijos de la mutua.

Algunos anuncios (bueno, millares) no paran de meternos en el seso la puta cancioncilla, el erizo o el soniquete taladrador del aparato encarnado. Las empresas de seguros condicionan campañas electorales, tienen mucha pasta (la nuestra, no lo olvides) y la gastan a manos llenas para que su imagen sea la mejor posible, la más guay.

Sí, soy un hijo de mutua y me imagino que ellos, los que trabajan allí, los que están allí en nómina, también.

Trabajar en una empresa así, donde las cuentas siempre son buenas, vaya como vaya el país, estado o región, y se pongan como se pongan, es la hostia de bueno.

La hostia de bueno para el propio empleado, que pasa la vida como el típico funcionario objeto de nuestras burlas, ironías y chistes más o menos apropiados: Dame pan y dime tonto.

Otra cosa es el personal subcontratado. Mi experiencia como subcontratado de mierda en varias empresas del sector siempre ha seguido los mismos pasos.

Primer Paso: Somos Guay, Soy Guay, Soy, Soy, Soy

El ambiente al llegar es cojonudo. Te presentan a la gente, que baja a desayunar sin problemas, que mira internet cuando lo necesita sin problemas, que mira por la ventana, baja a comer a la cafetería o fuera, habla por teléfono en la escalera, hay movimiento, ritmo, risas, buen rollo, horario flexible, adecuado, no represor.
Uno acaba el primer día, el segundo y hasta el tercer día de trabajo pensando:
"Aquí se curra a gusto".

Segundo paso: Soy, Soy, Soy Guay, pero tú no puedes hacer el mismo horario que yo porque pagamos una pasta por ti a tu empresa cárnica

No sólo es que tengas que hacer otro horario, normalmente salir más tarde y recuperar la limosna de los viernes. No. Es que, si el horario de entrada es, por ejemplo, entre 8:00 y 8:30 y tú llegas a las 8:30, 8:40, 8:45 te conviertes poco menos que en un delincuente. Incluso puede que a tu jefecillo le guste que vengas a las 8:00. Si es así, de nada sirve que llegues a las 8:20, porque estarás llegando tarde igualmente.
Este jefecillo suele ser un personaje normalmente subcontratado que a base de lamer cuero y ajustarse al perfil, es decir, de pasar por toda la humillación que vas a pasar tú, consigue que le "hagan de la empresa", y se convierta en un hijo de mutua a fin de cuentas.

Tercer paso: Soy, Soy, Soy muy campechano pero te vigilo

Un día recibes una nota, mensaje, aviso. Casi nunca cara a cara, casi siempre bajo la farsa de la discreción. En este aviso te advierten de que miras mucho internet (capado, para los externos, hasta la náusea por no sé qué coño de política de mierda en pleno siglo XXI, donde internet facilita el trabajo y porqué no decirlo, desestresa de tantas horas pegadas a silla, escritorio, teclado y pantalla: en Google juegan al ping-pong, ¡no te jode!).

Desde entonces las contracturas en tu cuello y espalda, que ya eran muchas, se multiplican como si hubieras mojado un Gremlin tras la medianoche.


Orwell, mientras, se ríe desde su tumba:
-Te lo dije-piensa.

Sí. Te van discriminando y acorralando. Eres un trabajador de segunda y no paran de hacértelo saber: Etiquetan tu pantalla, restringen tu acceso al comedor, tu correo tiene un "ex", o un "pex" o algo que te identifique como "puto externo".
Por supuesto ni se te ocurra, mujer, quedarte preñada.

Cuarto paso: Soy, Soy, Soy comprensivo con tus problemas
Un día llegas tarde, porque una avería en el tren convierte en un caos al borde del Armagedón la ciudad. Solo te salva llevar en el Ipod a Aerosmith para aplacar tu ira y tu desazón (el sudor ya te lo secas luego con el abrigo quitado).
-No hay problema, no te preocupes- Suelen decir, mientras anotan en un cuaderno de tapas negras como su sangre tu nombre.



Otro día un familiar se pone muy enfermo, o le tienen que operar de urgencia, o eres tú el que está tan malito (no, no es resaca siempre) que avisas con que no puedes ir a trabajar.
-No hay problema, que te mejores- Y otra vez a la lista.

Ellos, los hijos de mutua reales, los que están ahí apoltronados, los que rinden cuentas a sus superiores sólo por no perder la costumbre del rebajo social y la degradación humana pero cuyas cuentas les importan un comino a todos, ellos sí, ellos pueden llegar tarde o no venir porque tienen que atender a su hijo enfermo, a su abuelo o a su hámster. Y nadie les pone en ninguna lista.

Quinto paso: Soy, Soy, Soy un vividor
Sí. Mientras tú estás más o menos a tu hora en el trabajo; mientras tú vas al médico y luego vuelves aunque sea para dos horas; mientras tú vas a tu empresa a no sé qué mierdas y luego regresas para que no se mosqueen los hijos de mutua, ellos llegan a la hora que les da la gana, se van cuando quieren, echan para comer dos horas, desayunan en otra, y luego un sinfín de cafés y viajecitos para conspirar con este o con aquel.
¿El resto del tiempo? Sí. Enseñar y ver fotos de las vacaciones (a veces en corrillo, apto solo para no externos; a veces en solitario, mientras divago un rato).
Pero todavía queda algo de tiempo y estos muchachos se aburren. Así que vigilo las veces que se levanta "mi subcontratado", las veces que habla por teléfono (puede ser relacionado con el trabajo o no, yo lo cuento siempre como que no), los correos que escribe (puede ser relacionado con el trabajo o no, yo lo cuento siempre como que no) y si se va antes que yo (pecado mortal, por supuesto).

Sexto paso: Soy, Soy, Soy un trabajador malo
Sí. No basta que para hacer cualquier cosa te tengan que dar infinitos permisos, que para mover cualquier dedo para hacer algo productivo antes tengan que mover los suyos cien mil hijos de la mutua. No basta que a pesar de que bloquean tu trabajo encuentres siempre la manera de avanzar, de insistir educadamente para que desbloqueen la producción, para que la cadena no se pare.
Da igual que haya cuatrocientos tontopollas inútiles, dinosaurios a punto de cascarla sin saberlo aún, al mando de herramientas obsoletas, procedimientos caducados y sobre todo con muy poquita voluntad de hacer algo que no sea reenviar correos chorras o jugar al paddel. Da igual.
Tú, puto externo, eres el culpable de todo. Tú, puto externo no haces bien tu trabajo.
Tú, puto externo, subcontratado de mierda, estás fuera, por malo, por irresponsable, por faltón.

Séptimo paso: Soy, Soy, Soy un falso y un cobarde
Sí. Porque tú, eres todo eso pero tu jefecillo, el jefecillo paternal, compañero, guay, guay, guay, que ha sido compresivo con tus "deslices", que ha sido solidario con tus problemas familiares, que tiene un lado humano que ni te lo imaginas, te da una patada en el culo pero te enteras por la vía "legal", que es a través de tu empresa, la que te paga la nómina.
Sí, hijo de mutua, eres un falso y un cobarde y ahí está tu grandeza. Lo estás haciendo muy bien, que diría la canción.
Tú vendes Disneyland Resort París en tu departamento, pero en el fondo (bueno, no tan en el fondo) no tienes un puto amigo en toda la puta empresa. Eres un Joker más en un mundo de Jokers. Y punto pelota, mendrugo.



Octavo paso: Soy, Soy, Soy libre

Al final, como el Octavo Pasajero, te sientes liberado cuando sales (sí, el Alien es el bueno de la peli). Ríes y respiras, aunque siempre te queda ese puntito de rencor que te hace desear el mal a los bichos que has dejado atrás. Y ese punto de pena al dejar también atrás a otros como tú, remando al ritmo que decida el cónsul de turno.

Así que soy un hijo de mutua, también y muy a mi pesar. Aunque nunca cantaré la puta canción. Te lo juro por Acunbaué.




Otra vez vuelvo a las andadas, y eso que mi rumbo va cambiando. Otro día habrá que hablar de los cambios en este blog.

miércoles, agosto 11, 2010

Los Datos

La vida entera se ha convertido en datos. Los números, cuyo origen está seguramente en un afán o necesidad de clasificar, de entenderse, de relación social, se han convertido en los auténticos dueños del planeta, de nuestras vidas.

Está claro que es preferible decir: "Tengo 2 pares de huevos" que decir "tengo varios huevos", "algunos huevos", "esos huevos".

Para eso, los números, son lo mejor.

Llega Pitágoras y la lía con su teorema: Que si cateto al cuadrado que si hipotenusa (qué bien se nos quedó la palabreja, ¿eh?). Y de ahí a las maquinitas estas, a mí mismo sobre este blog. Bien.



El problema viene cuando a partir de un número, de un dato, empezamos a valorar las cosas, las personas, los acontecimientos.

De pronto sale un dato en la tele: "Fallecieron en accidente de tráfico 7 personas más que en el mismo periodo del año pasado".
¿Y?

El paro ha bajado en 74.000 personas. ¿Y?

Esto ha bajado un 3% y esto otro un 5%, lo que supone un aumento del 12% de esto otro y del 2,5% de otro de otro y de otro.

Los datos así, para entendernos, no valen para nada. Luego cada uno, según su palo, le da una explicación, una valoración, normalmente a su conveniencia, o a la conveniencia del que paga.

Aquí sí es importante saber de números: no es lo mismo 1000 pavos por tertulia que 300 pavos.

Pero es que, además, la mayoría de los datos están mal. Sí, desde la puta y miserable experiencia vivida en el mundo empresarial, lo digo.

En la prehistoria ya de mis indagaciones numéricas, de mis confecciones de cuadrículas, de mi contraste de datos y de mi exploración, he visto cosas realmente extraordinarias.

La más palpable, de la que uno se da cuenta en las primeras matas, es que mientras un informe no devuelva "ceros", todo va bien.

La cifra puede ser 1.000, 2.000, 3.000, o 40.000. Todo va bien.

Pasadas las primeras matas descubres otras cosas:

Un día te piden un dato, importante, urgente. Buceas en el océano de números, etiquetas, clasificaciones que durante años se han ido almacenando.

Al principio buceas en apnea. O sea, entras en una piscina, pero pronto tienes que volver a la superficie. Normalmente porque no te dejan estar allí, o porque falla la forma de entrar, o porque simplemente cada vez que entras te encuentras una cosa distinta. Y claro, así no hay manera.

Poco a poco encuentras la forma de bajar con botella. Te tiras un buen rato por allá abajo. Entonces encuentras una gruta en la piscina que te lleva, por un canal subterráneo, a otra piscina y a otra y a otra. Y en cada sitio encuentras una cosa distinta sobre "El Dato".

Empiezas a cotejar aquí y allá:
Lo que en un sitio se llama "Patata" en otro se llama "Zanahoria". Pero da igual, te explican tus responsables: "En cada sitio se llama de una manera, pero ellos se entienden".
Entonces tú apuntas: "Patata" = "Zanahoria".
Bien.

Y sigues...

Se requiere el dato para un período de tiempo (¡ay el tiempo!, también nos propusimos medir nuestro deterioro e inventamos el tiempo).
Queremos el dato para Patata (que es igual que Zanahoria) para un Tiempo.

Al día siguiente, buceando de nuevo, pasando por los canales con facilidad, alcanzando varias piscinas sin problemas, descubres que el Tiempo en una de ellas está descrito con unos símbolos extraños y que en otra hay unos números que están en un orden distinto de los de la primera piscina.

Vuelves a consultar: "Esto está bien, siempre se ha hecho así".

Después de muchas horas buceando, cogiendo aire, rellenando bombonas, sugiriendo que haría falta un equipo más numeroso de buzos, que alguien debería arreglar lo que hay en tal piscina y otro alguien simplemente darse un chapuzón para darse cuenta de la situación, uno entiende por fin lo que querían. Porque te lo dejan bien clarito.

Primero: No vuelvas a explorar más piscinas que la tuya.
Segundo: Llama a las cosas como quieren que las llames.
Tercero: Dales un dato que no sea "cero".

Aquí está el dato, urgente, importante, el día y a la hora que lo querían.

Y cuanto más te empeñas en levantar la mano para decir que aquello está más podrido que la nevera del Yeti, más te miran con recelo, más te apuntan con el dedo.



Aquello, aquel amasijo de datos, aquella verbena, aquel puré de patatas con zanahorias ha tenido más de un cocinero y todos, en parte o en todo, están allí, delante de ti, escuchando tu sandez.

Lo más chulo es que ese dato, esa mierda de dato, se imprime en negro sobre blanco (qué ganas tenía de decir esta "moñez"), se maneja en las reuniones, se da a los medios de comunicación, se emplea en tomar decisiones, en rectificar políticas o en justificarlas.

Sí, el puto dato va a hacer que me despidan, que me aumenten el sueldo, que vendan lo verde o lo rojo, que cambien los baremos o los criterios para conceder algo, que alguien muerda el polvo y que otro suba hasta el mirador.

Los datos gobiernan. Aunque dicho sea de paso, al final hacemos todos lo que nos da la gana. Así que tampoco es para tanto. Eso sí, prefiero ser hipotenusa, puestos a elegir.

miércoles, julio 14, 2010

Si no vas a escribir del Mundial o Cómo nos comimos a Naranjito

Si no vas a escribir de los Campeones del Mundo, de España, de la selección española, de "La Roja", del Mundial de Fútbol 2010, del pulpo Paul, de Sudáfrica 2010, del gol de Iniesta...


De Xavi, de Villa, de Piqué, de sus heridas, de Casillas, del beso ante la cámara, de Sara Carbonero, de Puyol en toalla, de la Reina disfrutando del Mundial, de los príncipes desatados (ella más), de Del Bosque y su pose, de la mascota Zakumi...




De Reina y su cómico speech, de la Copa del Mundo, de las patadas de los holandeses, de Maradona, de Forlán, de Busquets, de Silva, de Mata, de Pedro, de Navas, de Capdevila, del esternón de Xabi Alonso...

De Camacho cantando los goles, del himno de España, de las vuvuzelas, de Potchefstroom, del estadio Soccer City, del partido de Suiza, de Manolo el del bombo, del recibimiento del día siguiente...

De la celebración en todas las ciudades, del árbitro de la Final, de la lesión de Albiol, del estado de forma de Torres, de Llorente, de Cesc, de la marea roja, de los comentarios de Manolo Lama, de Sergio Ramos, de Arbeloa, de Valdés, del Waka Waka, de la canción de Bisbal (mejor la parte de K’naan, el otro que canta), de Shakira...

De Marchena, de Javi Martínez, del juego de España, del equipo, de los valores, de lo que va a subir la economía tras el triunfo, de lo bonito que es ver a todos los españoles unidos, de verlos celebrando algo juntos (vale, también "Las uvas"), de la emoción del minuto 126 y pico, del "Yo soy españó, españó, españó", del "sí, sí, sí, la Copa ya está aquí", del "Lolo, lolo, loló, loló, lo, lolo"...

Si no vas a escribir de eso, no sé si podré leerte, o si debería leerte o si desearé leerte...
Yo, de momento, no puedo escribir de otra cosa...¡Iniesta de mi vida!


Sin forofismo...y sin acritud.

D.E.P.

martes, junio 29, 2010

Barcelona y la Cerveza

Atado a la cerveza como un párvulo a los ganchitos y al pocoyó, el otro día me di cuenta lo terrible que es no tener Mahou cerca.
Esto podría parecer un post remunerado de la marca, en fin, ya les diré algo a ver qué cae.



Pero sí, fue terrible ir a Barcelona (ya fui otras veces pero debe ser que la dependencia no era tan brutal) y no encontrar Mahou por ningún lado.

En todos los bares, restaurantes, supermercados, hipermercados, micromercados, oriental-markets, ambulant-markets, todo proveedor del zumo de cebada contestaba igual: "Mahou no tengo, tengo Estrella".

También había Heineken, Cruzcampo, etc, pero sobre todo, Estrella.

Mi estancia por Barcelona ha estado marcada por esta carencia. Trago tras trago me daba cuenta de que a mí no me gusta la cerveza: me gusta la Mahou.
Si puede ser "cinco estrellas", mejor que mejor.

A otros le gustan las galletitas Oreo, el ron Brugal o las natillas de Hacendado. Es lo que tiene esto del libre mercado y la abundancia, que da para probar de todo, para ponerse hasta las trancas, vaya.



Así, he arrastrado mis pies por la Diagonal, la Gran Vía, Montjuic, la Barceloneta, mirando a los ojos de la gente que me cruzaba, buscando una respuesta: ¿Dónde coño se pilla una Mahou fresquita?

Sí, la Sagrada Familia no ha sido lo mismo sin la garganta anestesiada por su vigor; las cuestas hacia el parque Güell han presentado una pendiente mayor de lo percibido sin su frío trago; y las caminatas por la zona del Puerto Olímpico podrían haber sido más lucidas con una buena Mahou en la mano.

Pero no ha podido ser, he tenido que disfrutar de esta ciudad mezclando mis fluidos con otros líquidos similares en aspecto y precio.

La cerveza con limón, denostada por mí cada vez que tengo ocasión, se ha convertido, en esta situación, la mejor opción para disimular la conmoción. Y la granizada del hermano de Blas un opción más que válida para pasar la tarde sin sensación de sed ni pérdida.

Sí, Barcelona sona, pero sin Mahou, menos bona.

domingo, mayo 30, 2010

Concurso de relatos: El Dios de los Mutilados (La Resolución)

Hacía ya tiempo que debía este post a mi amigo Lucideces.

El concurso de relatos estuvo muy bien gestionado por este ermitaño de los dominios puntocom. Este ciber (¡qué prefijo más en desuso!) - linkeador (esta parte me gusta más) de todo lo que pueda suscitar risa, sorpresa, alarma, escándalo y cualquier emoción que se encuentre en el diccionario básico de un rastreador de las uves dobles.

Yo hice mi contribución al concurso participando con este relato:
"Platos y Postres", que tuvieron a bien publicar.

Y también le di "publicidad" a través de este sitio. Lo cual me reportó una gran sorpresa y alegría en forma de Poema.

Con este post en el que enlazo a su último post sobre el concurso, donde se recoge un resumen amplio, cierro los míos sobre el mismo (vaya lío de frase).

Rocky (1993-13 de Enero de 2010) D.E.P.

viernes, abril 16, 2010

Cariño a los Demás o el Sentido Verdadero de la Vida

¡Cuántas veces habremos visto comerse a besos a dos auténticos desconocidos!
Somos así.
Al primero que pasa, al primero que aterriza, al primero que se cruza, le damos todo el cariño del mundo.
Somos así.
Somos guays.
Somos muy majos.

Realmente muchos de estos actos (impúdicos la mayoría de las veces) los hacemos pendientes de esa recompensa del desconocido. Que se refiera a nosotros como gente maja, como gente guay, como gente hospitalaria, como gente risueña, como buena gente.

Una puta mentira.

No podríamos pasar más de un fin de semana con esta gente. No podríamos mantener la sonrisa, la mandíbula abierta, más de ¿diez días?

Y sin embargo, la peña que está a nuestro lado, los que nos quitan las babas, los mocos y los vómitos; los que hacen guardia mientras dormimos; los que se preocupan en nuestra ausencia, éstos, no se merecen más que un poquito de ese espléndido cariño. A veces tan leve e imperceptible que a uno se le antoja miserable.

No sé si es una manía generalizada o hay que apelar a la manida "condición humana", como si esto nos exonerara de nuestra casposa voluntad. No sé si lo mamamos o lo capturamos en el roce social.

Habrá que seguir repartiendo abrazos al primero que pasa, ¿por qué no? Pero habrá que mirar al del lado de vez en cuando, no se nos vaya a poner mustio el sentido verdadero de la vida.




Ya hacía...

viernes, febrero 26, 2010

Lucideces escribe Poemas

Un día puse por aquí el anuncio del I Concurso de Relatos de Chusticieros.

Participé con un relato que, al margen de ser premiado, contribuyó al magma literario de esta web tan 2.0 que uno llega al hartazgo de vasos de cubata, poses manidas y flashes de ojos rojos.

Por promocionar el concurso, mi gran amigo Lucideces se comprometía a la complicada tarea de escribir un poema relacionado con la página o blog anunciante.

Y compromiso llevado a cabo.
Aquí dejo el poema que dedicó a este olvidado blog (por menesteres más urgentes) que no está abandonado al oleaje compulsivo de las visitas, la periodicidad minimalista o la extorsión copulativa del "AdSense".




Truman y sus problemas

Truman esperaba otra cosa,
buscaba otra cosa,
soñaba con otra cosa,
y entonces sólo se encontró con problemas.

Le gusta los Héroes del Silencio,
pero no callarse
lo que nadie se atreve
a decir en voz alta.

Quizá por eso le excita tanto
jugarse el tipo ante desconocidos
que no saben nada de él.

Truman sube al escenario.
y disfruta sintiendo su fuerza,
la misma fuerza con la que espera
conseguir la gloria
que entregan los aplausos,
y las risas que terminan escapándose
en el punto más alto de un chiste.

Truman afronta las rutas
de las carreteras a solas...
es cierto, que a veces le acompaña su chica,
o algún amigo que se dedica a lo mismo,
pero los monologuistas saben
que antes o después
llegará ese momento,
en que se queden completamente solos
entre las luces del escenario...

¡Ay! si hubiera siempre luces,
¡Ay! si hubiera siempre escenario…

¡Truman! tú me lo enseñaste:
Las primeras frases del guión
deben ser directas y contundentes
para robar la atención
cuanto antes de los asistentes...

Tú eres mi Maestro y sé que lo consigues...

Pero prométeme
que si ves algún día
a un chuloputas
que no deja de molestar
mientras bebe una copa,
harás lo que tengas que hacer
para que la escupa
de una sola carcajada.

Tú eres mi Maestro y sé que lo conseguirás...

Pero prométeme
que si escuchas algún día
los ruidos
que hace una señora
mientras se está poniendo
hasta las trancas,
harás lo que tengas que hacer
para que se ponga roja
como un tomate,
y su risa de hiena
sirva para romper el hielo
y a todos... nos contagie.

¡Oh Truman!

Yo sé que el humor es algo más
que todos aquellos que salen por la tele,
que hay otros cómicos sin nombre
que se están jugando la vida
en bares en los que nunca entró
el resplandor de las cámaras
ni los blocs de notas de los periodistas.


¡Olvidados!

Y tratados
como si fueran
aquellos grandes grupos
de Rock and Roll,
que no lograron sacar
ni tan siquiera su primer disco...

Los humoristas sueñan
con su ingenio,
con sus bromas,
con sus chistes,
los humoristas sueñan
con ganarse así la vida.

Truman eligió el arte de hacer reír
como si fuera un trabajo,
el humor en algunas ocasiones
es algo muy serio
que además de impartir,
nos da talento.

Truman esperaba otra cosa,
buscaba otra cosa,
soñaba con otra cosa,
y entonces se encontró con problemas.


Gracias Lucideces, eres grande!!!!

domingo, enero 31, 2010

El año de la crisis: El Informe Truman

Un mes ya en este nuevo año se me antoja suficiente para mirar de reojo al extinto 2009. El año de la crisis. Esa que seguiremos gozando durante este año ante la inoperancia del emperador. Cada vez somos más los niños que sabemos que el sistema está desnudo; que el traje es una farsa, construida a base de billetes, maletines y muy mala uva.

Parece que Haití nos ha devuelto parte de la Humanidad perdida, la solidaridad congénita que nos hace, por fin, ver que un atasco en la M40 es una nimiedad: absurdo y tonto cabreo cuando se nos cuela el vejete que lleva al nieto al cole.

Al negro del año ya se lo quieren cepillar. Está claro que vivimos en un mundo militarizado. Que no se hace nada sin que el general de turno o un Dr. Strangelove cualquiera dé su visto bueno. Eso lo aprende muy rápido cualquiera que llega al poder, del tipo que sea.

El señor de los empresarios nos ha dejado bien clarito, por si alguien aún no lo sabía, que estos magnates de puta mierda están aquí para jugar al Monopoly. Que la sensibilidad la perdieron el día que probaron el cuarto oscuro en demasía. Porque todo lo tienen que hacer a oscuras, eso está clarísimo.



...

Acabo de regresar de vomitar.

...

Sin embargo, el día a día es más bonito con la tele apagada, la que busca sucesos hasta debajo de las piedras, tentada a hacer lo que aquel "comunicador" brasileño, ¿o ya lo hace?

Si sales a pasear y te da el sol uno vuelve al origen de todo y querría encontrarse a Punset en una silla de mimbre para poder conversar con él (aunque sea en inglés y con su doblaje simultáneo). Para esto sí que sirve la tele. Y para ver a Berto de Avatar también. Humor, conocimiento y bondad. No estaría mal.


Si te pones una buena canción y te abstraes, tres cuartos de lo mismo. Liberación. Algunos se tendrán que conformar con su propio tarareo. Sin saber que ese tarareo es su salvación.

Este año Truman ha aprendido mucho de los pequeños, pequeñísimos y de los grandes, muy grandes. También mucho de los mayores, muy mayores. Quizá son masajes evolutivos que uno se tiene que aplicar sí o sí, sin ambages (qué ganas de usar la puta palabrita, qué pesaditos en las clases de Lengua con la puta palabrita).

Truman ha ensanchado su espectro auditivo. Y su comunicación audiovisual ha dado un paso de gigante, aunque siempre preferirá huir de Goliath y coger las patatas con las manos que comprar preparados de sobre.

Truman hace informe del año sin ninguna intención abarcadora. Ni afán recopilatorio. Suelta lo que le sale y ya está. Echa la vista atrás, diez años antes, para recuperar sonrisas guardadas en jpg o papel y la pone delante para vivirlas de nuevo.

Truman hace balance del año sabiendo que el balance no hay que hacerlo. La Tierra no tuvo más cojones que girar y al hombre le dio por organizar su vida en forma de almanaque. Pero ya está. Tener el presente de salvapantallas, memoria de pez y arrancados los retrovisores es el mejor modo de navegar.

Y darse la vuelta sólo para encontrarse con quien siempre ha querido encontrarse. Beber agua y dormir.



El micro ya está abierto


¡Hasta el lunes Cordobita!

Escribo esto para mí, porque lo necesito y porque necesito hacer público lo que supone este tío en mi vida. Juan Carlos Córdoba abandonó e...