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Mostrando entradas de septiembre, 2010

Soy un Hijo de Mutua

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Soy un hijo de mutua, sí, no quedan más cojones. La obligatoriedad de tener ciertos seguros de coche o de incendios, más otros que uno "toma" al firmar la hipoteca, más otros que uno coge por miedo a lo desconocido o por pavor a la indigencia próxima, hace que todos seamos un poco hijos de la mutua.

Algunos anuncios (bueno, millares) no paran de meternos en el seso la puta cancioncilla, el erizo o el soniquete taladrador del aparato encarnado. Las empresas de seguros condicionan campañas electorales, tienen mucha pasta (la nuestra, no lo olvides) y la gastan a manos llenas para que su imagen sea la mejor posible, la más guay.

Sí, soy un hijo de mutua y me imagino que ellos, los que trabajan allí, los que están allí en nómina, también.

Trabajar en una empresa así, donde las cuentas siempre son buenas, vaya como vaya el país, estado o región, y se pongan como se pongan, es la hostia de bueno.

La hostia de bueno para el propio empleado, que pasa la vida como el típico funcionario o…