miércoles, julio 27, 2011

Miki Maka (El Show)

Entrar al Show de Miki Maka es como recibir un fuerte abrazo de cariño y buen rollo. Desde que comienza el show, con temas que te dan la bienvenida, hasta la despedida, con temas que te invitan a salir canturreando la grandeza que provoca el escenario, uno se ve enganchado por la energía y el sentido del humor de Miki Maka.

Lanza verdades como puños, nos hace viajar a los 80's y los 90's. O nos descubre, con enormes sketchs, los problemas de comunicación del consumidor medio.

La televisión, la música y lo que nos une en nuestra idiosincrasia forman una parte importante del show. Desde su particular prisma no da tregua al aplauso, a la risa. El público no para de reír y ya está aplaudiendo por otra cosa. Su compañero de andanzas, Charlie Beluga, le da réplica, soporte y apoyo. Miki se mueve, se para, hace el ganso. Una auténtica demostración de lo que debe ser un espectáculo.

Uno lo ve dominando la escena y a la vez disfrutando con lo que hace. Tiene ese puntillo de locura que hace que todos vibremos con un show vivo, físico, movido.




Miki Maka tiene el corazón en el estómago y desde allí te va soltando todo lo que quieres oír y más.


Miki suda la camiseta, la empapa. A la salida, todos se llevan su "hasta luego", su "gracias". Yo le doy un abrazo y noto el frío del que se ha vaciado esta sesión, como todas, dándole al público más de lo que esperaba. Dejándolos pensando, recordando en su vuelta a casa; con ese regusto que te deja una experiencia que merece la pena, de esas que no te arrepientes haber decidido vivir.

Hoy Miki Maka está en la Gran Vía madrileña, en el Teatro Arlequín.


Te lo has currado, recoge tu premio y no dejes de sonreír.

viernes, julio 01, 2011

Hace tiempo

Hace tiempo que ya no te veo, decía la canción. Cuántos meses, per Deux sin asomarme al que había sido mi refugio epistolar en el mundo de la epístola muerta. Mundo donde la sentencia se ha convertido en la única manera de comunicarse.

Tengo tantos temas apuntados sobre los que eructar "buenos provechitos" y "gónadas hinchadas" que de momento me conformo con llenar de caracteres ordenados esta falsa página en blanco, que no puedo arrugar si no me gusta, ni tachar. Bueno, un poco en plan cool sí: tachar.

El que necesita escribir sabe de lo que se habla. Como cuando uno dibuja por dibujar, que siempre empieza por el mismo gesto, el mismo primer trazo y luego, dejándose llevar en musarañosos pensamientos, expresa, sin saberlo, un contenido ya vertido de su continente etéreo, de su encefalea productiva.

Ahora que escribir, ordenar, depurar se ha convertido en una rutina, se me ha olvidado que este era mi paraíso de cuando tenía poco tiempo y el poco que tenía lo concentraba en crear.

Releer mis propias mierdas me hace grande y pequeño a la vez. Un pudor explícito y una vanidad implícita pugnan sobre mis sentidos de la realidad pero ambos me animan a seguir leyendo, como el que ve una peli que aún no sabe si le gusta o no pero es incapaz de cambiar de canal.

Al final, aunque público, no deja de ser un diario íntimo, una huella de un tiempo compartido con el resto, esos otros que andan por ahí mientras tú duermes, y duermen mientras tú bebes.

Un tiempo que ya no se abalanza, y creo que eso es bueno. Un tiempo que sigue mis movimientos, que entra en resonancia con mi biología y no la entorpece. Un tiempo ilimitado para morir despacio. Una estancia donde uno sigue sin verse pero se intuye mejor. Y sí, creo que eso es bueno.

Pero sí, lo dicho, hace tiempo que no me paso por aquí y hay necesidad. Escribir. Dejarse ver. Mentirse y arrojarse. Arrojar y mentir. Morderse la lengua para luego tirar la parte sobrante. En fin. Hace tiempo.


¡Hasta el lunes Cordobita!

Escribo esto para mí, porque lo necesito y porque necesito hacer público lo que supone este tío en mi vida. Juan Carlos Córdoba abandonó e...