No siempre solo, pero unos ratos sí. A veces dos no son multitud, pero tres ya empiezan a serlo.
Tres personas hablando y ninguna escuchando; o una hablando y dos sin escuchar; o dos hablando entre sí y la otra escuchando la mezcla de interrupciones y sinsentidos.
Sí, tres son multitud para muchas cosas.
El domingo estaba medio viendo el partido de tenis(finalmente decisivo) de la eliminatoria de la Copa Davis (semifinales) de Rafa Nadal y el americano Roddick. Hubiera disfrutado algo más si los comentaristas (petardos de comentaristas) se hubieran limitado a hablar de aquello que de pequeño no entendía y nadie me explicaba, porque en mi casa había raqueta de tenis pero se usaba peor que en "El Apartamento" de Jack Lemmon: eis, seconser, silan sivuplé, madmuasel graf o yus.

Pero no, cuando se juntan tres a narrar, la cosa se tuerce. Bien lo saben los de "La Sexta", que montan el espectáculo lamentable en cada partido de fútbol (aunque la gente debe disfrutar muchísimo con el calvorota moreno: ¡jugón!).
En fin, la cosa se tuerce. Pero ayer no se torció, se trenzó. Los tres figuras de la narrativa, la perspicacia y el sarcasmo entrelazaron su discurso en torno a una misma metáfora: Nadal era un torero en la plaza de toros de Las Ventas.
Así, pude oír toda suerte de sandeces al respecto:
-"Rafa le está toreando".
-"Va a salir a hombros por la puerta grande".
-"Ese 'passing' ha sido como una chicuelina...o una verónica" (ahí se veía el saber taurino).
-"Entramos en el quinto juego, un número muy taurino"-dice uno-"Sí, las cinco de la tarde, la hora de los toros".
-"Rafa está usando la raqueta como si fuera un capote"
-"Rafa está haciendo una faena de aliño".
(notas no ajustadas a la literalidad)
En fin. Me da la sensación que este contagio malsano, esta pesadilla televisiva que emitieron ayer, no se hubiera producido si hubiesen estado dos comentaristas, cualesquiera entre los tres.
Igual que se acosa más a la compañera en el trabajo contando chistes machistas cuando hay tres bocazas masculinas o más.
Tres son multitud, no hay duda, porque dos son mayoría y el tercero se ve arrastrado (con más o menos alegría) hacia la perdición que marcan los otros.
Dicho de otro modo: la multitud cambia y, a veces, mata.
