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lunes, agosto 13, 2018

¡Hasta el lunes Cordobita!

Escribo esto para mí, porque lo necesito y porque necesito hacer público lo que supone este tío en mi vida. Juan Carlos Córdoba abandonó este mundo lleno de proyectos, ilusiones y felicidad. Y lo hizo de forma repentina e injusta (lo repentino siempre está peleado con la justicia).



Este último año, como compañero y amigo, establecí con Cordobita un vínculo que continúa ahora y para siempre, un canal de comunicación y cariño como nunca había tenido en el mundo del guión, la comedia, la risa.

Todos los recuerdos que tengo con Córdoba son recuerdos felices. Su media sonrisa picarona y esa mirada de "qué bien me lo paso aquí en esto de la vida" nunca podían llevarte al mal humor.

Nos conocimos en el último nivel del curso de Stand Up Comedy que daba Luismi en la Garibaldi de Madrid; era 2010. Y creo que nos caímos bien al instante. Él andaba ya con Joseba compartiendo bolos mientras preparaban una hora para ir solos. Y aprovechaban la reunión de cómicos para contar las anécdotas que les pasaban. Te partías. La tiraba y luego te miraba a ver si había calado la gracia. 

Apostó por mí como nadie. Siempre tuvimos un rollo especial. Recuerdo cuando me dijo por Facebook que era al único al que permitía que le etiquetara donde me saliera del rabo (podéis buscarlo, por ahí anda su comentario). O cuando en una prueba para Paramount Comedy en la Joy Eslava de Madrid, allá por 2012, donde coincidí con nuestro queridísimo Raúl Navareño, él dijo: "Yo he venido a ver al heavy" (había ido a ver al Nava). Unos meses antes, en 2011, había sido al revés: fue su primera grabación para el canal. Lo reventó el muy cabrón y luego nos invitó a unos cuantos a cenar algo.

Coincidimos en algunas movidas, aunque no nos veíamos mucho. Cada uno con sus bolos por aquí y por allá. Como en aquel concurso de la cadena SER, en el que estábamos ciento y la madre de cómicos y que ganó. "No me lo merezco. No he sido el mejor". Y luego se pagó "unos pelotis". 

Él era así. No se casaba con nadie y te soltaba lo que fuera tal cual. Con la misma facilidad verbal con la que tiraba sus chistes, sus zascas y sus comentarios graciosos siempre que le tenías delante. Una máquina de hacer reír, eso es lo que era.

Me regaló su libro "Ni pies ni cabeza". "Otro día te lo dedico, que no tengo boli". Y así se quedó la novela, sin rúbrica. Me lo leí y por ahí hice una reseña. "Escribes muy bien", me decía. Curioso al menos. Él. Que lo hacía todo, todo guay y siempre antes que yo.

Un tío con un corazón enorme. Cada vez que nos veíamos siempre se interesaba en qué punto estaba mi carrera y cómo echarme una mano. Uno de los peores fines de semana de mi vida me fui a presentarle a La Chocita del Loro de Hermosilla y luego nos tomamos unas cañas. ¡Qué a gusto está uno con Córdoba!, pensé.

En septiembre de 2016 coincidimos en Talavera, en un evento benéfico para la Fundación Gomaespuma. Me escribió unos días antes: "Tío jevi. El 11 nos vemos!!". Y aprovechó la ocasión para prometerme algún contacto. "Porque te quiero", me decía. A mí se me abría el alma, claro.

Cuando le pillaron para el programa "El Intermedio" me alegré un montón y se lo hice saber. Llegué a hacer una foto a la pantalla de la tele cuando al final salía su nombre y se la envié. "Uhalaaaa no sabía ni que salía en los créditos jajaja", me contestó. Muy grande este Córdoba.

El año pasado el que estaba en proceso de entrar en "El Intermedio" era yo. No le dije nada, se enteró un día antes de que enviara la prueba, cuando nos vimos por casualidad en el Beer Station: local de comedia, fingers de pollo y encuentro de humoristas. Cuando fui a hacer la entrevista me dijo: "Te van a coger. Me jodería equivocarme". Y me cogieron. Fue al primero al que le envié un whatsapp y me contestó: "Me he emocionado". Así era él.

No paró de ayudarme. Desde el primer día con el "¡ese heavy!" con el que me daba los "buenos días" y que se convirtió en mi sobrenombre en toda la redacción. "Heavy" para todo. También me regaló toda una suerte de salidas: "Te como lo negro. En tu caso la camiseta de los Kiss", "qué hijoputa", "eres muuuy bueno". Y yo siempre: ¡Gracias Cordo, gracias Cordobita! Era genial estar y trabajar con él.

Si de algo me alegro entre tanta tristeza es de no haberme quedado sin decirle mil veces "gracias". "Lo hago porque eres mi colega", me decía, como quitándole importancia. Comimos cocido juntos, estuvo en mi autofiesta-aniversario en la comedia, fui a su último cumple, y le despedí  entre lágrimas rodeado de gente y con algo dentro que todavía no me deja encajar la ausencia. Amigos, compañeros, familiares y todos, además, fans de Córdoba. Sí: eso lo consiguen pocos.

Nos ha dejado tocados: a los que tenemos ya goteras y a los púberes. Todo ha hecho crack y sabemos que ya nada es igual. Ahora los kilómetros y la fiesta, los textos y retextos, los pinchazos y los egos tendrán un ruido de fondo, un eco que recuerde el enorme lugar que ha ocupado.

En una de nuestras conversaciones le comentaba que me hacía gracia que entre los cómicos muchos se llamaban "hermanos": "tal es mi hermano", "el otro es mi hermano", "Pepito Pérez es mi hermano". Y que a mí me parecía un poco mierda. Le decía: "Yo en el mundo de la comedia tengo colegas, que les quiero mucho, pero no son mis hermanos. Hermanos ya tengo muchos, no me hacen falta más". Y él se reía con esa risa que tenía de pasárselo de puta madre. Pues me equivoqué, Córdoba, Hermano.

¿Quién me va a decir ahora "ese jebiiii"? ¿Quién me va a cuidar cuando esté de bajón? Y, sobre todo, ¿quién va a retuitear ahora las tonterías que escribo? ;)

Dejamos pendiente el show matinal en el Beer para contar a los niños lo que los padres no se atreven a explicarles. Sólo creamos el grupo de whatsapp con el Nava. Todo se andará. Los que nos quedamos intentaremos ser felices por ti y, recordando tus chistakos, también gracias a ti.

¡Hasta el lunes Cordobita!




jueves, abril 27, 2017

Jaime Caravaca: vivir comediando...

Grandullón pequeño, juguetón, serio, Jaime Caravaca, agarrado a un cigarrillo que chupa como si fuera un pezón deslechado, vive comediando. La comedia siempre en su cabeza. Bueno, eso y los revolcones que se pega siempre que puede. 

Friki de casi todo, transformista, cabaretero del humor, despliega todo su arte en su casa, con su Murcia Comedy Club, que es más que un Comedy Club, es una experiencia total y única, lo que ahora llaman una experiencia 360º. 



Jaime te cuida, te regala y te arropa. Entiende, escucha y aconseja. Goza, sufre y te libera. Jaime es un chamán en un mundo más gañán. Desde su Murcia ambigua y sus contradicciones de amor-odio hacia aquella maravillosa región, tan denostada por listillos de ciudad que no hacen reír ni resbalando con piel de plátano, Jaime se extiende por allá donde para: locales, amistades, contactos, risas, burguers, vídeos virales, colaboraciones, manos izquierdas, a la espalda, con dagas, con miguelitos, con fuerza, con rencor. Jaime es España, Estado Español, República federal de cómicos.

Con su pinta de Peter Ustinov en Quo Vadis, sus rizos, sus chaquetas, sus uñakas y ese tattoo de Queen que tanto me mata, cantar junto a él "Don't stop me now" ha sido de lo mejorcito que me ha pasado, rodeado de chupitos y energía en La Urbe del Kas.



Jaime lo peta con su zapping doblado pero le quita importancia. Lo peta con su presencia y saber estar encima del escenario, pero le quita importancia. Jaime es grande, crack, puto amo, figura, artista y todas esas cosas que recibe un cómico a modo de tópico piropo. Pero lo mejor es irse de compras con él al centro comercial, como salido de una peli de Kevin Smith o Judd Apatow pasea su cuerpazo de tela negra y su bolso cruzado como una Señora Doubtfire del Metal mientras se deja atraer por peluches de Pixar o Disney o videojuegos en oferta. Todo desde la más absoluta felicidad. 

Jaime vive comediando: trabaja sin parar para generar trabajo, edita, compone carteles, lleva, trae, viaja, hace minutos, presenta, hospeda y además es un público brutal, cosa rara en un cómico. Disfruta del texto de otros como si de un fan ejemplar se tratase. Y todo esto sin correr. No le he visto correr en mi vida. Siempre pausado, siempre parsimonia, con su estrés encerrado en su corazón y esa sonrisa pícara que hace que todo sea más fácil. 

Jaime Caravaca es indispensable y le sobran codos e indiferencia para seguir siendo referencia allí donde va, porque es todo lo contrario a mediocre y eso siempre triunfa, sobre todo, si vives comediando...









miércoles, enero 18, 2017

Buscando la Comedia: el documental

Martes 17 de enero. Interior. Noche.
Madrid. Cine Acteón. 
Estreno del documental "Buscando la Comedia". 



Llegamos a la puerta y aquello es peor que una boda, en el buen sentido. Es un no parar de saludos cercanos, abrazos, besos, presentaciones, manotazos al aire de los que están a unos metros y a los que no vuelves a ver en toda la noche. Se estrena en Madrid el documental de Carolina Noriega. Lo decimos así porque es el alma máter de todo esto y porque nos ha invitado amablemente, cosa que agradecemos desde el mismo alma.

Charlie Under nos pone una pegatina con su perenne sonrisa de sobrino malote y entrañable. Maika Jurado nos abraza. Luego, tras terminar el pase nos volverá a abrazar y contará que pensaba que el estreno era el miércoles, que ella había venido al cine a llorar con la de "lalalán" y que le extrañaba que tanto cómico hubiera decidido ir ese mismo día también al cine (esto es encontrar la comedia).

La sala está bastante llena, petada de cómic@s. Hay tanto ego allí reunido que tememos que pueda reventar el patio de butacas. Pero no. Hay ilusión y expectativa por lo que va a ocurrir, que se antoja bello y necesario.

Luismi, David Navarro, Raúl Navareño, Susi Caramelo, David Cepo, Gustavo Biosca, Jorge Guerra, Nene, Agustín Jiménez, Marielena y Juan de la Choci, Toni Cano, Víctor Parrado, Maru Candel y otros mil más andan de aquí para allá o tomando asiento.




Mientras, un tipo con un saxofón monta un show lleno de energía y buen rollo que hace plantearse a más de uno si lo de la guitarrita ya está de más y ahora lo que se lleva es rematar el show a golpe de viento. 

Sale Carolina, divina, reposada, nerviosa y feliz. Presenta el documental y nos ponemos a ello. 

El documental presenta, con Charlie Under como hilo conductor, aunque con poca presencia física, las preguntas que alguien que se aproxime al mundo de la comedia con cierto interés por dedicarse a ello se pudiera plantear. Y, a modo de episodios rotulados, una serie de cómicos de mayor o menor recorrido expresan sus opiniones, vivencias y reflexiones sobre ello. 

El contenido es ameno, toca muy de cerca, atina y desatina según el criterio de cada uno y esboza un mapa emocional del recorrido vital de un cómico: el proceso creativo, los miedos, la soledad del cómico, las anécdotas, el dinero, el éxito, la gestión de la vida personal. Todo el drama y toda la locura de este mundo tan apasionante y para el que casi nadie está predestinado a habitar. 

"Buscando la Comedia" intenta mostrar ciertos hilos a través de los testimonios de una gran variedad de cómicos: unos frustrados, otros de vuelta, otros viscerales, en la mayoría diríamos que con un puntito de decadencia sana pero de gusto por la elección, como el que toma un chupito de tequila sabiendo que el gesto posterior no delatará el placer que se siente. 

Cada cómico, sin quererlo aunque quiera controlarlo, se retrata. Se retrata incluso en lo que no quiere que se retrate. Ver a Toni Moog realizando todo su testimonio mientras se hace un tatuaje, al margen de lo que puedan aportar sus palabras, a Quique Macías con su copa de vino en una terraza, a Hovik con su cigarro y su mirada existencial y a la vez tan hepática de la vida, la locura lúcida de Luis Álvaro, las aportaciones impagables de Agustín, Goyo, Josema Yuste o Juan Herrera, la nobleza de Vaquero, la llanura de Danny Boy o Álex Clavero, la frescura de Maru Candel y el rencor sincero más absoluto del gran Gustavo Biosca, que se llevó de calle las palmas del respetable. 

Recogimos del documental mucho menos ego del esperado, salvo casos muy, muy aislados. Buenafuente fue muy generoso en sus palabras hacia los que nos subimos a un escenario. Joaquín Reyes desveló que para su mujer no es un referente o al menos no como para el resto de reyentes. 

En el documental también hubo mucho de contar todo eso que se come un cómico en soledad: los pinchazos, los kilómetros, los bares malditos, los hosteleros inapropiados, el público hiriente. También hubo mucho de contar que es la mejor profesión del mundo, la más mágica, la más audaz.

Se dijeron muchas cosas. Algunas recogidas así, a vuela pluma (y por eso no se entrecomillan, por no arriesgarse a que no sea literal) fueron:

-Abrir elementos frontera que están entre lo visible y lo invisible. Juan Herrera sobre cómo fijar la vista y hablar sobre algo nuevo.

-Las horas de soledad son muchas horas. (que no recordamos quién lo dijo). 

-Que estés condenao y atao a un maleducado. Sara Escudero hablando de lo difícil que es actuar en ciertos locales.

-Si eres artista y cero pelota tienes la vida hecha. Gustavo Biosca.

-Lo mejor, no madrugar. Carolina Noriega. Sobre cosas buenas que tiene el oficio de comediante.

-Si eres gracioso se abren las puertas del cielo. Agustín Jiménez. Que estuvo muy sabio en todo lo que dijo.

-Mi rollo de pasao y a la vez inteligente y daliniano. Gustavo Biosca sobre su manera de actuar y su ombliguito, dicho sea de paso.

-Para ser cómico hay que ser gracioso, digo yo. Hovik. Directo como siempre. 

-Eres un analfabeto funcional; no vas a aprender de mis chistes. Quique Macías, sobre cierto público con el que es mejor no combatir.

-Yo no puedo vivir sin actuar. Quique Macías en otra declaración de intenciones.

-El escenario es tu zona de confort. Joaquín Reyes.

-El verdadero cómico sólo es cómico. Biosca se enredó aquí en la digresión sobre que si, por ejemplo, eres guionista en un programa de televisión, ya no eres cómico. Podríamos poner unos cuantos ejemplos de cómicos que son guionistas y son cómicos sin ser "sólo cómicos", pero bueno.

El documental, en líneas generales, mostraba algunas carencias técnicas, tanto en lo visual como en el mapa sonoro, pero el contenido era suficientemente potente para que esto pasara a un segundo plano. Destila pasión y mucho esfuerzo y hay que recomendar fervientemente su visionado para entender, sobre todo, qué pasa por la cabeza, el corazón, las ingles y, sobre todo, las tripas de una persona que se dedica a esto de hacer reír subido encima de un palé, un remolque o las tablas de un teatro. Sus miedos, sus atrevimientos, sus soledades y sus franquezas.

Carolina y sus colaboradores pueden estar satisfechos, el proyecto era descomunal. Cerrarlo y estrenarlo habrá sido un dolor. La verdad sólo la conocen ellos. Verdad y Dolor. Soledad y Público. Éxito y Pinchazo. Ego y Compañerismo. Todo esto y más. Eso sí: siempre nos encontraréis buscando la Comedia.

Foto de Marta Malo


lunes, junio 20, 2016

Nos pasan por encima: El cómico y el arroz

El mundo de la comedia es como el arroz: puedes hacerlo como lo hacía tu abuela, echarle soja, comerlo de un día para otro (ya llevo la lista de 3 y debería parar pero...), que se agarre un poco, probar cómo queda con cilantro o esas mierdas de los restaurantes caros y fashions o hacerlo como te dice tu jefe, si eres cocinero o quieres entrar en ese famoso restaurante para convertirte en encargado de sala o chef con estrellas.

Da igual. La comedia, como el arroz, la puedes hacer como quieras. Lo importante es que se pueda comer. 

El mundo del stand up comedy, de eso de subirse a un escenario a pelo, con tu voz, tus pensamientos, tu escaleta en la cabeza y tu tripa dispuesta a ser abierta en canal es como todos esos arroces. Y si eres uno al que le gusta cocinar o más allá de eso quieres vivir de ello tienes que asumir una cosa: te van a pasar por encima. Tarde o temprano tu brillantez se convertirá en costumbrismo, tu comedia en pose y tus galones en harapos como paños de cocina que aportan más olor que limpieza.



Ser consciente ayuda a no morir de envidia, a alegrarse de los éxitos ajenos y a valorarlos en su justa medida. A veces es suerte, a veces sexo anal pero quizá haya que entender que sobre todo es trabajo. Dedicarle horas a tener presencia, a escribir, a probar, a viajar, a valorar lo que haces y a mejorarlo. 

Ver gente apenas conocida hace nada como Patricia Espejo pisando el escenario de El Club de la Comedia te llena de envidia y alegría, porque la has visto con los brackets puestos haciéndose su OpenMike en Paramount Comedy o a Eva Soriano hace nada defendiéndose de suegras-hecklers con su actitud profesional y sus manos de actriz. 

O ves a Miki Dkai en la gira con los grandes o a Dani Piqueras en Likes de #0 o Iggy Rubín de guionista de Buenafa o a Denny de estrella del canal Central o a Gabri Calzado en la cima del audiovisual y subiendo.

Ves a muchos que estaban ahí abajito, buscando, mirando, rodando por el suelo, que dirían los Leize. Y es un orgullo haber compartido escenario con ellos, cañas y críticas.  

Y vendrán más y más, como Edu Santamaría o Simó Martí desde Valencia, que harán tu comedia vieja y tus canas serán mimbres para su cesto de la ropa sucia. Nos pasan por encima. Sí.

El que crea que esto va de llevar más tiempo no sabe dónde se ha metido. Hay much@s cómic@s. Brillantes hay unos 10 o 12. No te pasan por encima. Eres tú, que estás en la toalla de Playa Comodidad, mirando Facebook para criticar y quejarte. Mirando los followers del de al lado sin pensar que lo mismo Twitter te quedó grande, como a los abuelos el GPS, que les hace coger vías de servicio y llegar más tarde.

Lo bonito aquí es seguir haciendo arroz, en un teatro para 400 personas y al día siguiente para 30 en un bar de barrio y escuchar las risas, ver las sonrisas y sentir los aplausos. Agradecer cada uno de esos plas! plas! que te hacen feliz. 

Lo bonito es que cuando alguien te esté pasando por encima le sonrías, alargues el brazo y le digas:
-¡Toma, para el camino! Un tupper de arroz.




viernes, febrero 12, 2016

El Cómico en el Punto de Mira

Subirse a un escenario no es fácil, aparecer en una pantalla de televisión tampoco, exponerse a la verborrea de las redes sociales, menos aún. Todo esto le pasa al cómico, que está siempre en el punto de mira. Esta semana se ha hecho visible que, además, al cómico le disparan.

La absurda acusación y tratamiento a los "títeres de Carmena" nos hace sentir miedo. El miedo como consecuencia del arma de los que no quieren ni oír hablar de la palabra humor, sátira, pastiche, parodia y todo lo que tenga que ver con esa primera línea que intentan siempre derribar los intolerantes. 

En esa primera línea están los dibujantes de Charlie Hebdo, los censurados y ya no vinculados de la revista El Jueves y también los famosos titiriteros. A esa primera línea se la dispara y luego viene todo lo demás.

Hay otro disparo para los cómicos, es el disparo que ejerce el éxito: Dani Rovira, cómico magnífico, chico genial, que cae bien a todo el mundo, que todo el mundo lo quiere en su escenario y ahora en su serie o película, militante de causas benéficas y que respira buen rollo por todos los poros, tampoco se libra de ese punto de mira. Y tanto disparo ha acabado con su buen ánimo. Y no es justo. 



No es justo porque los que vomitan su insidia, sin ningún tipo de pudor ni ironía o sarcasmo (algo de humor en la crítica ayuda a llevarla mejor) no saben lo que es estar ahí, en el punto de mira. Subirse a un escenario y convencer a la gente de que lo que vas a decir es interesante, que les va a dibujar una sonrisa y, en el mejor de los casos, les hará reír. Convencerles de que estás ahí para hacerles felices.

Hacer reír es muy difícil, si eres desconocido para el aforo que te espera sentado mientras come croquetas o mientras toma copas en la barra y cuchichea o grita directamente con su compadre de borrachera, más todavía. 

A veces tienes que actuar mientras tres o cuatro móviles están grabando todo lo que estás haciendo (es una batalla perdida). Te graban porque les gusta tu humor o para reírse de tu imagen descontextualizada fuera de esa experiencia que es el espectáculo en directo, nunca lo sabremos. 

A veces, tras luchar con unas condiciones adversas, notas además la indiferencia de los responsables del local, que recuerdan cómo aquel otro cómico lo petó, sin recordar que ese día estaba lleno el local, el micro funcionaba bien o aquel cuñado suyo faltón estaba ingresado y no vino a dar por el culo. 

A veces haces tu show y los insultos vienen luego, como le ha pasado a Patricia Sornosa con un bloque que tiene sobre los "vapeadores". Que hay que reconocer que a todos nos ha hecho gracia verlos en algún momento. Intolerables insultadores no vengáis a shows de humor y volved al tabaco, de verdad, os hará mejores personas.

En el fondo lo que nos pasa es que nos gusta más reírnos de alguien que con alguien. Funciona mejor el "soy feo, soy gordo, soy gilipollas" y que el público lerdo, el feo, el gordo, el gilipollas se ría sin piedad de mí y no de mi comedia. Tampoco hay que ir de prepotente cruel y decirle al público que es imbécil. Pero invitar a pensar que todos lo somos en algún momento, entrar en el juego de que todos somos iguales y que venimos a reírnos de la propia condición humana no parece una mala proposición.

Cuando eso ocurre, cuando el público acepta la invitación, todo brilla, como brillan los Fernando Moraño, Pepa Fernández, Miguel Lago, Louis C. K., Juan Carlos Córdoba, Patricia Sornosa, Óscar Guillén, Esther Gimeno, Amy Schumer, Denny Horror, Sarah Silverman y muchísim@s más...


Esta noche volveremos a hacer lo que nos gusta y también al punto de mira. ¡Sed buenos!





miércoles, julio 22, 2015

Lenny Bruce: Memorias en La Buena Vida

Queríamos escribir la segunda parte sobre el I Congreso Universitario sobre el Monólogo Cómico y ya han pasado 7 meses.
Da igual.
Ahora vamos a escribir sobre la presentación de las memorias de Lenny Bruce:
"Cómo ser grosero e influir en los demás" editado por Malpaso Ediciones.
Ha ocurrido este martes 21 de julio en la librería La Buena Vida:


Nada más llegar nos encontramos en la puerta a Raúl Navareño, amigo entrañable y cómico, que con una bolsita de la librería se acercaba más a Tamara Falcó que a sus queridos punkis de Getafe. 
Iggy Rubin estaba al lado. Había suficiente cola para entrar en el evento como para haberse ido directamente a un kebab con aire acondicionado y patatas congeladas pero aguantamos el envite. Iggy no, que hizo un mutis por el foro moonwalker incluido.

Por allí empezaban a acercarse los protagonistas del evento (estaban en un terraza a veinte pasos de la librería pero somos muy discretos): Edu Galán, Ignatius Farray y Javier Cansado. 

También aparecieron rostros maravillosos del mundo de la comedia que no sabían si entrar, quedarse, ver de qué iba aquello o simplemente hacer un posado robado.

Una vez que conseguimos entrar en la zona donde se realizara el evento de presentación (muy bien tratados por la gente de la librería) comenzamos a sudar más que Bob Esponja en un asador de pollos. Por allí estaban Fernando Moraño, Richard Salamanca, Vera Montessori, Piero, Lalo Tenorio, y unos cuantos comicuchos más, entre los que nos incluimos. Bueno, también estaba Antonio Castelo, con toda la discreción que su hipsterbarba puede proporcionarle.

El encuentro ha sido entretenido aunque el calor era insoportable, a pesar del aire acondicionado y los tercios que nos servía el señor Trueba. Tanto, que Ana Belén y Víctor Manuel, que asistían como público, tuvieron que emigrar hacia zonas más frías (queremos pensar que por el calor y no por la charla, pero no lo sabemos). En ese momento creo que deberíamos habernos puesto todos en pie (bueno, nosotros ya estábamos) y haberles dedicado una cerrada ovación al grito de "Abre la muralla". En serio, me ha enternecido ver allí a la pareja. 

La presentación, inicialmente centrada en la vida de Lenny Bruce y lo que representa ha derivado rápidamente en la experiencia vital de los seres animados Cansado e Ignatius, con algún apunte de Edu Galán ya reflejado en su libro sobre el Stand Up americano. 

No podían faltar las tan mal y bien traídas alusiones a los límites del humor, que en estos últimos meses han llevado a concejales a no palpar sillón y a reaccionarios a llenarse la boca sobre no sé qué movidas que no nos interesan.

Lo más destacable del acto y como si de una performance se tratase ha llegado durante el turno de preguntas: Tres personas, estratégicamente colocadas en un triángulo mortífero han realizado a través de un packaging maravilloso relacionado con el humor y los protagonistas del acto una protesta airada sobre la gestión de la anterior editorial de la que era responsable, entre otros, Julián Viñuales, ahora en Malpaso Ediciones. Ha sido un momento dramático y divertido: escuchando las reclamaciones de varios empleados, traductores, contando los que les habían dejado a deber (unos miles de euros) mientras Ignatius, Edu Galán y Cansado intentaban salvar los muebles.

En definitiva: sudor, algo de Lenny, tercios y apología de la lectura. Lo que pasó después queda al margen de este humilde blog y será rastreado por los organismos de control de otra manera. 

Mientras podéis leer a Lenny, ver a Lenny o buscar a Lenny (Kravitz actuó el lunes, como los grandes).





jueves, diciembre 04, 2014

I Congreso Universitario sobre el Monólogo Cómico - UAM - Día UNO

Entre el 3 y el 6 de noviembre se celebró en la Universidad Autónoma de Madrid el I Congreso Universitario sobre el Monólogo Cómico. 
Pasadas las fechas no se encuentra información sobre lo que pasó esos días. Sirva esta pequeña entrada como imperfecto e incompleto resumen de cosas que pasaron por allí.


El lunes 3 de noviembre, a eso de las 11:00 y algo (hora prohibitiva para un monólogo cómico, no digo ya para un cómico) encontrábamos apurados el salón de actos entre los miles de escalones, barandillas, pasillos y módulos que componen la infernal disposición arquitectónica de la UAM. Sobre el escenario, gente insigne que presentaba el congreso intentando por un lado darle el aire académico que requería la ocasión y por otro el tonito simpaticón que no requería.

Tras esta inauguración oficial de las autoridades, el hermano del Gabilondo de la SER, el que fue ministro, Ángel, presentaba, ya con Goyo Jiménez incorporado a la zona noble del salón, a éste. Dijo cosas como que "el humor es la distancia de uno respecto a sí mismo" (las comillas hay que ponerlas entre comillas, porque lo mismo no es literal, tampoco sabemos si cita a alguien o reformula sobre una cita).


Don Ángel fue más preciso y conciso y pronto dio pasó a Goyo que, micro inalámbrico en mano, de pie y acertadamente delante de la hilera de mesas que construían una trinchera previa a la cuarta pared, se marcó una conferencia, monólogo, discurso, disertación brillante a nuestro parecer sobre el humor, el arte de subirse a una caja a decir cosas, qué pasa con el público, qué pasa con las instituciones, qué pasa con la vida.
Goyo Jiménez dijo cosas como (última advertencia sobre las comillas): "La gente en España no escucha."; "El cómico quiere que le quieran y quiere querer."; "El monólogo no es nada. Está todo por hacer."; "Somos un pueblo de destruir lo épico".

También habló de ese objetivo que estaría bien enfilar cuando uno escribe humor y proyecta el humor: conseguir, como la tragedia griega, la catarsis en el espectador: una reflexión, un cambio posterior. Salir del show reído y con la semillita de una futura pensada.

En definitiva, brillante, vibrante y acertada elección por parte de los organizadores de convocar a Goyo Jiménez (que sí, que es famoso también) para inaugurar este congreso. 




lunes, noviembre 17, 2014

El Fin de la Comedia: Ignatius Nacho

Tras ver la primera temporada de El Fin de la Comedia (Comedy Central, 2014), creada por Ignatius Farray, Miguel Esteban y Raúl Navarro y sin haber leído nada sobre ello (honestidad ante todo), escribamos por aquí algunas reflexiones al respecto de este producto.



Reconocibles y reconocidos son los referentes de esta serie, a saber: Louie o ¿Qué fue de Jorge Sanz?. La ficción, la narrativa, el audiovisual, es un campo ya visitado y no por ello de obligada y sorprendente visita. Esto de las referencias da para mucho, apuntemos también Woody Allen o el Nanni Moretti de Caro Diario(1993).




Comedy Central, antes Paramount Comedy, ha vuelto, como ya hizo con La Hora Chanante (Paramount Comedy, 2002-2006), entre otros, a apostar por la producción propia desde la libertad creativa de sus autores. Esto convierte el resultado en algo fresco, que no sabe de números y conveniencias programáticas (¡pobres guionistas realmente asfixiados por el obsesivo control de los que mandan!).



Hay en la serie una atmósfera malasañera, en el buen y en el mal sentido, con algunas situaciones e interpretaciones que se intuye sonoramente aplaudidas por el gafapastismo, esa cohorte vacua. Pero suficientemente bien resueltas y contenidas como para tomarlas como virtud.

En El Fin de la Comedia vemos a Ignatius que es Nacho que es Ignatius. Un personaje que vaga por lo que a veces se nos antoja un no-lugar: la ciudad a oscuras, la tienda silenciosa, la juguetería o el local de santería. Lugares donde nuestro personaje sobrevive sin identidad a base de reivindicarla.

Reivindicación que se hace más explosiva sobre el escenario del Picnic, donde Ignatius consigue su propia catarsis, esa de que tanto se habla es el teatro para el espectador. Nacho se encuentra a sí mismo encima de las tablas y deambula el resto del tiempo, defendiendo sus valores, que son arrollados sistemáticamente por todo el elenco de personajes borderline que se cruzan con él. Pero ni siquiera encima del escenario es capaz de defenderse, de autoproclamar su identidad. También ahí pierde la partida.

Así, Nacho, Ignatius, pasa por la vida desde esa bondad mal entendida por el resto, por los otros, a los que necesita para entenderse a sí mismo. Y en este viaje nos regala una suerte de situaciones cómicas brillantes, también en el aspecto formal.

El Fin de la Comedia, desde un profundo sentido del humor se nos manifiesta existencialista, y nos interpela desde las gafillas y el tono sosegado de Nacho, de este "loser": ¿es el fin de la comedia? ¿es la comedia el fin? De momento nos contentamos con revisitarla las veces que haga falta hasta que llegue la prometida segunda temporada. ("Si el dinero está bien").




miércoles, marzo 27, 2013

Asun Serra


Uno conoce a Asun Serra y queda tocado con su energía. Su entusiasmo sólo es comparable con su talento en escena y su verborrea. Sí: esta mujer no para de hablar.
Conecta palabras, adjetivos y entonaciones de voz como nadie en el mundo mundial de todos los mundos posibles reales o inventados, cristianos, ortodoxos o marxistas.

A Asun le cuesta escribir los textos en papel. Dice que los imagina y los vomita en la cocina, en el coche o donde haga falta hasta subirlo al escenario y deleitar con su frescura a los que están al otro lado del micro. Y se obliga a inventar siempre, a no quedarse con lo que funciona ya, a disfrutar con cada línea nueva que tira al aire, a veces hostil, que la escruta.

Va de “maru”, de comprometida, de loca de atar. Pero sobre todo va de acá para allá. Y ahora, después de leer su sencillo y emotivo libro “Mujeres de alas rotas”, creo saber por qué.
Asun Serra busca sus alas, aquellas que tuvo y que ahora nota haber perdido a pesar de todo lo bueno que tiene.
Por eso es capaz de chuparse 500 kilómetros en una noche; llevar gafas de sol cuando aún no ha salido éste; subirse a un pub; llegar a besar a su pequeña; dormir lo justo; ducharse y salir de nuevo con el coche rumbo a no sé qué otra movida. Todo por encontrar sus alas.

Triunfó en su momento en la radio, luego hizo las américas, con tiros de por medio y tocada de vida sin envoltorio ni tenedor. Hace unos años pensó que esto de los monólogos podría funcionar y se lanzó a ello. Por medio se le cruzó la televisión, donde revolucionó y fue el alma máter (nunca mejor dicho) del programa “La tarde con Cristina” en la tele de Castilla y León.

Con tanta fuerza se lanzó que gana todos los certámenes que se propone y pierde también estrepitosamente aquellos que vienen cruzados por no se sabe muy bien qué maldades o asincronía emocional de la artista con la vida.

Esta chica promete y consolida, achucha y se relaja, compra pan y bebe cocacola. Es un ángel con alas, pero creo que no lo sabe.

lunes, enero 30, 2012

Juan Carlos Córdoba: Ni pies ni cabeza

Toparse con este cómico de pasado sorprendente es toparse con una mueca de sonrisa y una mirada de “chaval, lo que se me acaba de ocurrir”.

Sí, Juan Carlos Córdoba tiene el humor en el coco. Tiene coco, vaya. Destroza cualquier estadística de frases bien enredadas, la mayoría con dos capas de grasa urbana y filosofía aconfesional.

Se sube a la Joy como a la tarima sostenida por cajas de botellines vacíos. No es que no le dé respeto, es que tiene temple. Porque está de vuelta de todo.

Escribió hace unos años ya, no muchos, en 2008, una novela: “Ni pies ni cabeza”, donde describía y descubría algo de su etapa viviente anterior. Sí, la que le llevó a realizar un ajuste de cuentas muy particular: entre cachondo y melancólico, amargo y directo, visceral y sentido. Una historia con final feliz y sabor agridulce. Quizá una historia necesaria para exorcismos varios. Y además, una historia la mar de entretenida.



Sí, su historia. La misma que nos cuenta cada noche que se sube y quita el pie del micro, como Juanito Oiarzábal el suyo (él lo cuenta mejor). La historia del que no renuncia a pasarlo bien en esta vida y que está en estado de gracia. La misma que le tiene que hacer a su tocayo Juancar que le tenga debajo de la almohada.

El proceso en Paramount Comedy es un proceso complejo que tiene muchas aristas. La gente que disfruta de un monólogo por el canal de televisión o en directo en la sala solo ve, y así debe ser, el resultado final. Pero detrás hay mucho curro, de mucha gente.

Córdoba es capaz, ante toda esta red de redes que se tejen durante una grabación, de salir al escenario, soltar su texto, que la peña ría y aplauda y conecte al segundo y encima permitirse el lujo de hacer referencia a los textos de sus compañeros de tablas ese día. Ir y volver, salirse y regresar, reforzado, inmenso, con la sala entregada, uhalaaa!

Una lección de comedia para muchos, una razón más para odiarle de otros.




Este es Juan Carlos Córdoba. Cuando te lo topes tendrá una mueca de sonrisa y una mirada de “chaval, lo que se me acaba de ocurrir”. Lo mismo es un chiste sobre ti. Es así. Uhalaaa chaval!


miércoles, julio 27, 2011

Miki Maka (El Show)

Entrar al Show de Miki Maka es como recibir un fuerte abrazo de cariño y buen rollo. Desde que comienza el show, con temas que te dan la bienvenida, hasta la despedida, con temas que te invitan a salir canturreando la grandeza que provoca el escenario, uno se ve enganchado por la energía y el sentido del humor de Miki Maka.

Lanza verdades como puños, nos hace viajar a los 80's y los 90's. O nos descubre, con enormes sketchs, los problemas de comunicación del consumidor medio.

La televisión, la música y lo que nos une en nuestra idiosincrasia forman una parte importante del show. Desde su particular prisma no da tregua al aplauso, a la risa. El público no para de reír y ya está aplaudiendo por otra cosa. Su compañero de andanzas, Charlie Beluga, le da réplica, soporte y apoyo. Miki se mueve, se para, hace el ganso. Una auténtica demostración de lo que debe ser un espectáculo.

Uno lo ve dominando la escena y a la vez disfrutando con lo que hace. Tiene ese puntillo de locura que hace que todos vibremos con un show vivo, físico, movido.




Miki Maka tiene el corazón en el estómago y desde allí te va soltando todo lo que quieres oír y más.


Miki suda la camiseta, la empapa. A la salida, todos se llevan su "hasta luego", su "gracias". Yo le doy un abrazo y noto el frío del que se ha vaciado esta sesión, como todas, dándole al público más de lo que esperaba. Dejándolos pensando, recordando en su vuelta a casa; con ese regusto que te deja una experiencia que merece la pena, de esas que no te arrepientes haber decidido vivir.

Hoy Miki Maka está en la Gran Vía madrileña, en el Teatro Arlequín.


Te lo has currado, recoge tu premio y no dejes de sonreír.

miércoles, noviembre 18, 2009

Hovik

Conocí a Hovik hace tres semanas. Me dio un abrazo y supe que era mi amigo. Esas cosas se sienten o no se sienten.

Hoy Hovik ha triunfado en la Joy Eslava de Madrid.
Bajo las cámaras y la producción de la Paramount Comedy, que graba el producto para su emisión, Hovik se ha salido del mapa.

Era un día especial, no era un bolo más. Hovik lo sabía. Estaba nervioso. Tenía que salir bien.

Hovik salió al escenario, cogió el micrófono como cualquiera de nosotros cogería un mechero y escupió fuego.

Su comienzo es radical; capaz de asustar al mismísimo Lenny. La peña se queda tan flipada que el señor de las risas bestias no puede sino decir: "¡Vaya cara que se os ha quedado!".

A partir de ahí el ritmo, la fuerza, la intensidad, los juegos dialécticos y la vida llena de vísceras. Hovik te obliga a reírte.

La gente no aplaude por solidaridad, como eco de cuatro "plas" que escuchó en el fondo o en las primeras filas. No hace falta "clá", no hace falta buena disposición. No.

La gente se expresa aplaudiendo. Se ríe como liberación. Se emociona sin disimulo. Se desinhibe.

Hovik pasa de un bloque a otro y siempre acaba en alto, muy alto. Luego pausa. Susurro al micro, reflexión poética, reflexión vital, reflexión sórdida. El espejo que refleja todas las neuronas que escondemos en nuestro ser.

La gente le cree. Le proclama profeta de sus propias vidas. Le aclama.
Entonces su cuerpo de mítico guerrero dobla las rodillas. Hovik cae y calla tras decapitar al dragón de la indiferencia.

Y la gente vuelve a aplaudir. Hovik lo espera. El show funciona y la gente suele aplaudir. Pero algo falla. Algo no funciona como siempre.

La gente sigue aplaudiendo y Hovik, con las rótulas tocando todavía el piso, abre los ojos.

Sí, Hovik, la peña se ha levantado de los asientos. Silba, jalea y choca sus palmas de pie. Desatados, eufóricos, rindiéndose ante el cruzado del humor. Ese cómico que coge su Excalibur y coge el camino de en medio. Que construye y remata a ritmo de comba. Que mira y cala. Que suda la energía y te la da. Para tí.



Sí. Hoy era un día especial. Hoy la adrenalina no dejará dormir. Hoy el noble se acordó de mí. Y me llamó a lo lejos. Me dio otro abrazo. Me dijo cosas que me ayudaron.

Hoy hace tres semanas que este pedazo de artista me dio un abrazo y supe que era mi amigo.



La respiración contenida

De un día para otro vino la hostia y cortó la respiración. Un virus malo, malísimo, llega, se expande, mata, colapsa. De un día para ot...