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lunes, mayo 12, 2008

Historia de una cámara 4ª Parte (El desenlace)

Quedaban 2 días...


En la oficina, entre marrón y más marrón, entre ojos escrutadores de pantallas ajenas y presión pro-contractura en mi chepa, saqué huecos para realizar visitas esporádicas a la página oficial de Afotoprin.

En ésta me recreé visualizando varias ofertas que tenían, entre ellas unos packs muy majos:
El que veía con muy buenos ojos contenía la Nisun AXT 90, que además de más barata, ya me había "vendido" la dependienta como muy buena y cercana a la AXT 95.

Estaba imprimiendo el folleto con las ofertas cuando me llamó.

-¿Truman?, te llamo de Afotoprin. Te puedo conseguir la cámara para mañana.

Por fin. La AXT 95 era mía. Llegaría justo el último día del plazo que me establecí. Me alegré bastante.

Pero algo iba mal.
Ahora giraba dentro de mi cabeza el pack con la AXT 90 mientras la chica de la tienda me decía cosas a través del móvil.

Hasta que la espeté: -Oye, ¿y la AXT 90, la tenéis también?
Me contestó un poco contrariada. Se supone que había hecho las gestiones necesarias para conseguir la cámara que yo quería, la que no encontraba en ningún sitio de un modo adecuado, la cámara que había visto reflejada en mis pupilas el día anterior.

-Sólo me queda la de exposición...espera un momento, también la tengo con el pack nº3.

Por un lado pensé "¡no jodas!" y por otro pensé "a ver si el pack lo van a montar con la de exposición".

"No jodas", porque era precisamente ese pack el que me estaba encandilando en mis incursiones furtivas en la web.
Y por otro, porque no sabía cómo era eso del pack.

Pero en un ataque entre de locura y de entusiasmo le dije:
-Pues resérvame el pack nº3 y esta tarde me paso a por él.

Quedaba 1 día y medio...

Pensé en irme directo a la tienda pero la Sra. Truman no se encontraba bien y tuve que llevarla a casa. Una vez allí la fiebre me alertó de que había que hacer algo más que dejarla allí en reposo. La cámara podía esperar al día siguiente, a pesar de que en el folleto comprobé que ponía: "Oferta válida hasta el ...". Sí, la oferta acababa esa misma tarde.

Fui a la farmacia, regresé con algunas medicinas y, tras atender a la enferma y ver que se encontraba tranquila, le comenté que saldría a un recado.

Al estrés de conseguir la cámara se añadía ahora la urgencia por regresar cuanto antes. Eso sin contar que entre unas cosas y otras, quedaba media hora para que apagaran la luz en la tienda y con ella mi penúltima oportunidad.

Encontré la tienda a punto de cerrar puesto que se iban media hora antes de lo que ponía en la página web (parece que el mundo real y el virtual tienen horarios distintos).
-Pensaba que cerrábais a las 21:30- le dije a la dependienta; que no era la que me atendió ni llamó.
-¡Sí, hombre, lo que faltaba ya! ¿te parece poco?-me soltó sin pudor.

No me parecía poco, la verdad. Bueno, yo venía a por mi cámara y saldría echando hostias de allí así que la saqué rápidamente de dudas sobre el retraso que causaría en su salida mi llegada.

-...a nombre de Truman...un pack de Nisun...-la chica buscaba en el ordenador mientras yo buscaba en los estantes la Nisun AXT 90 de exposición. Allí estaba.

Entonces la dependienta, más relajada ya, se acerca a un rincón y aparece con una caja que efectivamente contiene la cámara y resto de accesorios del pack. Vamos, que era un pack traído así desde el proveedor y no se trataba de uno compuesto como las bolsas de chuches, que sabe Dios por cuántos dedos habrán pasado ya las gominolas (¿y las fresitas? ¿y las nubes?, bueno, las nubes ni te cuento).



Mientras lo abre para enseñarme su interior y comprobar que estaba todo me dice:
-¿Vas a pagar con tarjeta? Es que tengo la línea telefónica mal y no te puedo cobrar, lo siento.

Yo saqué todo el dinero en efectivo que tenía pero me faltaba un poco. Encima tenía la tarjeta caducada aunque recordé que tenía otra compartida desde donde, si no había más remedio, podía sacar una pequeña cantidad.

-Hacemos una cosa: tú te vas a sacar dinero y yo mientras voy al servicio que ya no me puedo aguantar más- la chica era extrovertida, de eso no había duda.

-Vale-le dije. Cerró tras de mí para que no entrara ningún cliente más y quedamos en la puerta tras las gestiones.

Llegué antes que ella. Desde el cristal observaba mi caja con todas sus cositas dentro. Sólo faltaba un violín sonando en "mi menor", la cara de pena ya la ponía yo solito.

Por el pasillo distinguí que venía la muchacha vendedora. Parecía satisfecha.
Ya en la tienda pagué, me puso todo en una bolsa y gracias a que no le monté ningún pollo por el tema de la tarjeta y porque me lo curro un montón, todo sea dicho de paso, le saqué un regalito.

Me despedí de ella con gratitud no fingida y, al ritmo de marchador olímpico, me dirigí hacia el parking del centro comercial desde donde saldría escopetado.

Ya en casa, tras envolver el regalo pasada la medianoche, me acosté pensando:
"Esto lo tengo yo que escribir, ¡cojones!...No hay nada como una palabrota para liberar tensiones".

Quedaba un 1 día...

El regalo gustó.



Fin


viernes, mayo 02, 2008

Historia de una cámara 3ª Parte

Quedaban 4 días...

Domingo, día de algún señor, es un día que se hace tremendamente corto. A saber: Te levantas tarde, haces zapping sobre programas de zapping en la tele y te vas a casa de tus padres a comer, cafelito y repaso de la prensa incluído.
Luego llegas a casa y te da el bajón de los domingos por la tarde (algún día escribiré sobre ello).
Total, que hasta la noche no me puse de nuevo con mi objetivo.

22:00 P.M:

Tras enredar un rato por internet me puse a intentar hacer mi pedido a Morcipania de mi cámara.

Para empezar comprobé con sorpresa que el precio se había incrementado sobre el inicial y me volví a acordar de la chica de la HACENÁ: "Esta oferta acaba hoy,Esta oferta acaba hoy".

Repuesto del disgusto opté por seguir para delante (el precio seguía siendo muy bueno).

Primer paso: Registrarme en su web.
Segundo paso: Seguir los pasos del "carrito de la compra".
Tercer paso: Elegir la forma de pago.

¡Chaaaaaaaaaaaaaaan! ¡La forma de pago!
Tenían tres formas de hacer que pagara el preciado regalo:
1) Con tarjeta, con seguridad y cosas de esas. No había problema, Morcipania me parecía y sabía, era fiable.
2) Mediante transferencia bancaria.
3) Contrarrembolso.
Había más, pero no estaban a mi alcance. Mi primera elección fue "con tarjeta".
-Le doy mis datos, me cobran y mañana lunes está el pedido en cola de preparación-pensé.
Pero cuando me animo a hacer tan arriesgada maniobra recuerdo que...¡TENGO LA TARJETA CADUCADA!
Había solicitado una nueva a mi superbanco on-line, pero aún no me había llegado (de hecho aún no me ha llegado, lo cual me hace imaginar mi despedida a la francesa de esta entidad).
Así pues, primera opción descartada.

Mi segunda opción fue: "Por transferencia". Tomé los datos de la entidad receptora de mis euros pero empecé a dudar si me cobrarían una comisión "gastronómica" por ello. Y finalmente medio hice el pedido.
Le estaba dando a "OK" cuando me dio tiempo a leer en la página que..."Su pedido comenzará a gestionarse tras la recepción de la transferencia" (lo he puesto entre comillas para darle más verosimilitud, pero me lo he inventado un poco, aunque en esencia era eso lo que decía).

O sea que el lunes ni de coña iban a ponerse con mi pedido.

Eran cerca de las once de la noche y ahí seguía yo sin mi pedido hecho, sin mi pago efectuado, sin nada. La cámara se me escapaba por el maremágnum de píxeles de mi monitor.

Intenté cambiar la opción de pago pero sólo permitía anular el pedido de mala manera. Lo hice y me puse a realizar otro usando la opción "Contrarrembolso". O sea, venía el transportista con el pedido y ahí le pagaba la cámara y un porcentaje de incremento sobre el precio.
Parece que la obtención del objeto estaba siendo cada vez más costoso, en todos los sentidos. Y me rayé.

Empecé a pensar que si iba a haber dos pedidos a mi nombre; que si no iban a saber cuál era el bueno; que si iban a tardar...y dí a cerrar el navegador a través de la "aspita".
Se acabó, no más Morcipania, adiós a las virtuales formas, mañana me voy al Semipackt y pillo la cámara o la que más se parezca.

Quedaban 3 días...

Al día siguiente había que currar así que sólo tenía la tarde para hacer cualquier gestión. Me fui de paso al centro comercial donde, aparte de la HACENÁ, se encontraba Semipackt y otras tiendas que tenía en mente visitar.

Aparco el coche sin mucha dificultad, esta vez sin movimientos de Starsky ni Hutch, seguramente porque mis entumecidos músculos tras nueve horas sentado en una sillita no me lo permitían.

En menos de medio minuto ya estaba buscando entre multitud de cámaras y alguna que otra chepa indecisa mi Nisun AXT 95. Pero, ¡horror, no la encuentro!
Volví a mirar de nuevo y a ensanchar mi radio de búsqueda hasta los "stand" de portafotos, memorias y cachivaches varios pero nada, no estaba. Sí vi el anterior modelo(la 90) y el posterior (la 105).

Pregunté a una señorita con polo de la organización, que me consultó, nada amablemente, en su puto ordenador (yo también sé ser nada amable) si la cámara se encontraba en algún lugar accesible, por ejemplo el almacén.

-Está agotada-me dijo.
-Tú sí que estás agotada-pensé-naciste agotada,¡anda vete para casa y nos dejas vivir!-Todo esto lo pensé, porque pienso mucho, pero sólo le dije:
-¿Y la 105 qué precio tiene?

Miró otra vez en su puto ordenador, la pobre. Y me dijo el precio, así que se lo agradecí:
-Gracias.

La verdad es que la 105 se alejaba bastante de mi presupuesto inicial, pero estaba dispuesto a hacer un esfuerzo. Eso sí, quería pagar por algo que mereciera la pena, así que apunté el precio en un papel, también el de la Nisun AXT 90, y me fui a una tienda que quería visitar: Afotoprin.

Afotoprin

En Afotoprin, una tienda pequeñita con una dependienta, mostrador y viejecitos llevando pilas usadas para comprar una igual, o sea, una tienda de las de antes, pregunté por mi adorada Nisun mientras echaba un vistazo, de lejos, a las que tenían en exposición.

-No la tengo-me dijo. Parece que las posibilidades de hacerse con ella en el plazo inicial se iban disipando como las expectativas de subida de sueldo a las alturas de año en que estábamos.

-Si quieres me das tu teléfono y si te la puedo traer pronto te lo digo-me ofertó diligente.
-Vale, le dije, porque la necesito como muy tarde para el miércoles. Por cierto, la AXT 105, ¿la tenéis?
-Sí, es el nuevo modelo. Te sale por 328 euros.

La misma cantidad que me habían dicho en Semipackt. O sea, por ahí no había mucho que pensar.

Entonces volví a la HACENÁ con la esperanza de que la oferta no hubiera aún caducado o pudiera camelarme a la comercial que me atendió el viernes anterior.

Pero ella no estaba. En su lugar había un comercial jovencito con pinta de consumir muchas pelis emuleras y mucho hidrato de carbono con ketchup.

Merodeando estaba por allí pero no se acercó a decirme nada. Como yo tenía más prisa que Fraga en la presentación de un libro, le abordé.



-Oye, perdona. ¿La Nisun AXT 95 tiene ya este precio que marca aquí?
Reconozco que la pregunta tenía cojones pero cuando se trata de intentar salirse de la regla, todo vale.
-Sí, claro-me dijo como dando por terminada la conversación.
-Ya, es que el viernes ponía otra cantidad y claro, ahora vengo y me encuentro que vale 30 euros más y claro...¿tú sabes a qué es debido esto?-presioné al sujeto poco-comercial.
-Sí, estaba de oferta pero ya no-el tío no se lo curraba nada, pero de pronto despertó.
-De todas formas, tienes mejores cámaras por menos precio.
-A ver, cuéntame-le dije dándole una oportunidad.
-Pues mira, la Kikon 45 tiene remorcillador óptico y la otra no, la Opompis 80 tiene estabilizador de morzobrollos y un sensor de supernabo...luego tienes la Osio 70 que tiene un LCD de más pulgadas y una lumitancia mejor.

Se estaba gustando el muchacho y, aunque yo tenía prisa, no quería que me fuera sin escuchar su, sospecho que preparada, frase:
-"En relación prestaciones-precio todas estas son mejores"-yo seguía observándolo incrédulo así que me insistió:
-En relación prestaciones-precio, en relación prestaciones-precio.

-Vale, gracias, no me interesa- le dije y me fui de allí otra vez con mi estilo de marchador, lo cual indicaba que el estrés había vuelto. HACENÁ definitivamente descartada.

Volví a Afotoprin muy alterado. Ya no sabía qué hacer. Le volví a preguntar a la chica por el modelo superior, también me habló del anterior, la Nisun AXT 90, que la tenía con varios packs de oferta. Apunté algunos datos y volvimos a quedar en lo que ya habíamos quedado: Me llamaría cuando supiera algo de mi inalcanzable Nisun AXT 95.

Me fui a casa empapado en sudor, la cabeza como un bombo y una necesidad extrema de levantar la chapa de un botellín de cerveza fresquito.

Ya en el sofá, puse mi cabeza en orden:

Durante la mañana esperaría la llamada de la atenta dependienta de Afotoprin.
Por la tarde, cuando saliera de la oficina, me iría hacia allá y vendría ya con mi cámara, la que fuera.

Quedaban 2 días...



lunes, abril 28, 2008

Historia de una cámara 2ª Parte

Quedaban 5 días...

Cogí el coche temprano, para ser sábado, temprano: a las 13:30 ya estaba arrancando el motor. En veinte minutos circulaba con mi bolido por el centro y, sobrado y con un movimiento de volante que ni los Starsky y Hutch, clavé el coche en un sitito de zona azul.



Como eran las 14:00 y el horario de pagar era hasta las 15:00, eché mi eurito o algo (algunas cosas desagradables las olvido rápido), puse mi ticket de "toma-Gallardón-para-la-precampaña" y me dispuse a dar un paseo hasta la tienda de fotos de Morcipania arropado por un tiempo espléndido.
Caminaba dando botes (nada parecido a mi estresante caminar del día anterior) gozando del sol, las vistas y la ilusión de la pronta obtención de mi objetivo digital.

No me costó mucho encontrar la calle, paralela a una de las principales. Pero según me acercaba al local en cuestión llegaban hasta mis receptores visuales signos evidentes de abandono o cierre.
-La página no está actualizada y ya no están en esta dirección- fue lo primero que pensé.
Al llegar a la puerta simplemente pensé y casi mascullé:
-¡Qué hijos de puta!

Estaba cerrado.
Un cartel improvisado rezaba: "Permanecerá cerrado de 14:00 a 16:30".

El horario que ponía en la página era ininterrumpido desde la mañana a la tarde pero era evidente que la realidad era otra.

No digo yo que no tengan que irse a comer estos muchachos, ojo. También es cierto que, en dos horas y media, tranquilamente podían incluso hacer de testigos en una boda y quedarse al banquete hasta la apertura del baile.
En cualquier caso allí el que estaba jodido era yo porque:

1) Tenía mi coche bien aparcado y con tan sólo un eurito o algo (no sé a cómo está ahora el panfleto electoral, lo mismo le meten una ecotasa o algo y vale más) podía hacer muchas gestiones y si me iba a casa para luego volver, ya tendría otra vez que luchar por el sitio.

2) Estaba sin comer.

3) No tenía muchos más días para volver al centro a por la cámara.

Decidí irme de tiendas y seguir mi paseo reparador, que ahora lo necesitaba más que nunca y más que nada para sosegar mi ánimo.

Compré aquí y allá, aproveché para comprar otros regalos atrasados y próximos y también comí algo, así por la calle, con los churretes de salsa recorriendo falanges y palmas.



Morcipania su tienda de "confiancia":

A las 16:35 ya estaba entrando en la tienda: diáfana. Sólo algunas cajas y al fondo dos chavalitos de estos que parecen dinámicos pero que estaban lentos (sin duda la comida había sido espectacular) tras un mostrador y sendos "pecés" a su servicio.

Casi no tuve que esperar así que se me pasó cualquier reminiscencia de enfado y encaré la situación positivo y alegre.

-Hola, quería la Nisun AXT 95; que la he visto por internet y dice que la tenéis aquí en stock, que no hace falta pedido ni nada.

-¿La Nisun AXT 95?-dijo el dinámico anticipando un lamento-Pues espera pero creo que no la tenemos.

Consultó en el "pecé", yo creo que más bien hizo un poco de paripé y me dijo:
-Efectivamente, no. Habría que pedirla.

Yo, a modo de pseudoqueja, insistí un poco:
-Y ¿cómo pone en la página que la tenéis en stock?

El dinámico me ponía caritas pero creo que eran de evocación del chuletón que se habría apretado.
-Lo siento, no la tenemos.

Luego me dijo que si la pedían ellos tendría que ir a recogerla allí, a la tienda y que los gastos de envío eran los mismos que si lo hacía yo desde casa. Y que como en fin de semana no se montaban pedidos daba igual cuándo hiciera el mismo porque con que lo hiciera con tiempo para que el lunes estuviera todo correcto, el miércoles tendría en casa la cámara.

Bueno, entraba dentro del plazo. Un poco justo pero entraba. Y para que me costara lo mismo, casi mejor que ya lo enviaran a casa y no tener que venir entre semana al centro.
Así pues, me fui de allí con las manos vacías (bueno, con las bolsas del resto de compras) y mi decepción a cuestas.

Llegué a casa casi a las seis de la tarde con más ganas de tumbarme en el sofá que de ponerme a hacer pedidos por internet. Tenía primero que asimilar todo aquello.

Dormitando recordé La Nisun AXT 95 dando vueltecitas en su pequeño pedestal y a la dependienta de la HACENÁ diciéndome: "Esta oferta acaba hoy-Esta oferta acaba hoy-Esta oferta acaba hoy-Esta oferta acaba hoy...".

Me desperté con hambre (tampoco había comido demasiado, bueno, ¡siempre me despierto con hambre qué huevos!) así que me preparé alguna tapita y me puse a asimilar su textura: "Las penas con pan son menos", el dicho popular volvía a refrendarse una vez más.

Tras el festín no sólo había perdonado a los dinámicos tragaldabas por no tener mi cámara en la tienda si no por el atracón que sospechaba había sucedido en las dos horas y media de cerrojazo imprevisto.

Se hacía tarde y seguía sin ganas de entrar en el mundo virtual. Además, daba igual cuándo hiciera el pedido, hasta el lunes nadie movería un dedo por mi idolatrada cámara.

Quedaban 4 días...



lunes, abril 21, 2008

Historia de una cámara Iª Parte

Andaba yo buscando una cámara de fotos de estas digitales para regalar. Dos problemas:
Uno: Elegir la cámara en cuestión.
Dos: Tenía una fecha tope para hacer el regalo: 7 días.
Tres: El "brusaíto" (como escuché decir una vez).

Tras hacer unas cuantas consultas a páginas especializadas, todo por interné, claro, y consultar también a mi amigo especialista en fotografía, ya tenía más o menos claro con qué cámara me iba a quedar: La Nisun AXT 95.
Uno: Porque era ultracompacta (quería que fuera pequeña para poder llevarla con comodidad a todo tipo de actos).
Dos: Porque Nisun es una buena marca, y además ya sé cómo funciona. Pasa un poco como con los móviles: cambias de Lokia a Jony y te toca aprender de nuevo a enviar un "sms".
Tres: El "brusaíto".
Cuatro: El "robocó".

Aún así, aún dudaba entre el modelo anterior, La 90 y el modelo nuevo, la 105. La diferencia de precio y las dudas entre unas prestaciones y otras me dejaron como estaba: en el medio de la mitad.

Total, que estaba yo exultante de alegría: cámara elegida, tiempo de sobra...me crecí...

Quedaban 6 días...

Consulté precios acá y allá pero al final resultó Morcipania el mejor sitio para comprarlo (de los de interné me refiero).
Ofrecían varias ofertas a modo de packs:
Cámara + batería + bolso: tanto.
Cámara + batería + memoria: tanto otro.
Cámara + batería + lata de fabada litoral: tanto otro más. Este era el que me parecía más estimulante, dicho sea de paso.

Ya casi decidido a comprar me dije a mí mismo: Mira en la página de HACENÁ a ver qué precio tienen...
¡Clinck! (¡Eureka!, ¡Oops!, ¡Tracatrá!, dicen otros).

Resulta que por 30 euros más la tenía allí mismo. Sin contar que la otra vendría mediante pedido y me cobraban 10 euros de gastos de envío. O sea que por 20 euros tenía la cámara ya asegurada y lista para el embalaje final.

Esa misma tarde fui a la tienda (no a la virtual) a ver la cámara en persona, para ver si había "filin", si nos gustábamos para poder gustar después a su propietaria final.

Llegué y fui directo hacia ella, allí, mezclada en otras, todas en su pequeño pedestal. Mi psicomotricidad o lo que coño sea mi forma de andar es la más parecida a la de un atleta de marcha. O sea, que pierdo la compostura al andar lo que me hace víctima perfecta para el vendedor de turno (vendedora en este caso) que intuye ante estos movimientos cierta carencia de inteligencia.

-¿Te puedo ayudar en algo?- pregunta solícita y maja ella.
-Estoy mirando ésta- digo mientras señalo con el dedo.

Ella coge la cámara con brío y desparpajo. Me habla en tono suave, lo cual me agrada, y me comenta ciertos aspectos técnicos que superan con creces mis conocimientos fotográficos:
-Entre ésta y ésta prácticamente no hay diferencia: Ésta tiene 879/390 y la otra 879/390, o sea, igual. Y es lo más importante. Luego ésta tiene un milímetro más de grosor y el diseño es distinto, pero vamos, que te recomiendo ésta- O sea, la que ansiaba por llevarme.


La única pega:

-Esta oferta acaba hoy- dice mi hasta ahora exquisita vendedora.

Aquello de meter prisa me tocó bastante los cojones. Sí, yo estaba decidido, pero la verdad es que tenía aún alguna que otra baza que jugar y pensaba hacerlo al día siguiente. El problema era que eso me haría descartar ya la oferta de la HACENÁ ya que, según la susodicha comercial, al día siguiente la cámara subía nada más y nada menos que 30 euros de precio, y claro, aquello escocía un poco.

Como a mí bajo estrés se me nubla el intelecto salí de allí por patas, con mi estilo "marcha", agradeciendo a la fantástica colaboradora sus explicaciones y consejos pero desestimando la oferta.

La baza que faltaba:
Morcipania, aunque basa su estrategia comercial en los pedidos por internet, también tiene tiendas físicas, de esas de puertas con bisagras y personal tras un mostrador.
En la página ponía que mi cámara estaba disponible en la tienda sin necesidad de hacer pedido lo cual me haría poseer el regalo, al precio que inicialmente me había seducido y con tan sólo un pequeño desplazamiento al centro.

Así, me busqué un hueco para ir a la mañana siguiente, sábado:

Quedaban 5 días...



La respiración contenida

De un día para otro vino la hostia y cortó la respiración. Un virus malo, malísimo, llega, se expande, mata, colapsa. De un día para ot...