domingo, enero 21, 2007

La carta

Tras un análisis complicado y sufrido hemos llegado a la conclusión de que lo mejor es presentar la carta. La carta de “adiós muy buenas”.

Tras un largo peregrinaje por los caminos de la sinrazón; de intentar convencer a los necios de su equivocada conducta; de intentar defenderse de la calumnia y la asfixiante y delictiva conducta de los gerentes “paquetes” con portátil de salón; hemos pensado que lo mejor es la carta.

Concisa y directa. Sin preámbulo, sin cordialidad, sin disimulo. Lo justo para transmitir el mensaje. Para que el trámite burocrático inicie su proceso.

Muchas, muchas veces a uno le dan ganas de escribir esta carta. A veces las hipotecas pesan demasiado sobre los hombros del acosado. Otras veces es la propia conducta adquirida, aprehendida o modificada la que nos hace pertenecer para siempre a la clase THCC :
Trabajador Humillado Con Consentimiento.

El THCC es el perfil perfecto para cualquier empresa “chupasangres”. Ellos provocan que cualquier reivindicación por parte de los No THCC se torne ofensa a los ojos de los cocheros de la empresa.

Nosotros ahora andamos por la oficina con un acceso a Internet discriminatorio, que define de forma clara y rotunda quién es quién y qué catadura moral se nos supone dentro del río revuelto que es nuestro entorno laboral.

Los internos(la gente de plantilla); los que tienen un convenio bueno; los que aparcan en el parking, los que tienen mejor horario; los que tienen más vacaciones; tienen, por supuesto (y no por su puesto) acceso a Internet. Ellos sólo usan Internet para asuntos de trabajo, no me cabe la menor duda. ¿Miramos su log de accesos?

Los externos(subcontratados) de primera división tienen acceso. Ellos sí necesitan Internet y saben darle un buen uso: Sólo para asuntos de trabajo. ¿Miramos su log de accesos?

Los externos de segunda que lloran un poquito, también acaban teniendo acceso. Y los demás externos, los PEDM, como somos escoria, como no tenemos el grado de madurez intelectual suficiente, como somos unos irresponsables y no sabemos usarlo, no.

Nos cuentan o nos contarán, de forma muy didáctica, lo necesario que es para nosotros que nos puteen y nos toquen las pelotas. Para que aprendamos. Y quizá algún día nos dejen jugar con la bola de su ratón.

Yo me niego a jugar con la bola de nadie. Quizá con las bolas de mi vecino si sigue poniendo la música machacona tan alta. Aunque antes quizá le diga que está mejor el libro que el disco, que aunque nunca funciona, le hace al menos pensar.

Así que, en estos días de cartas liberatorias, me estoy pensando seriamente si merece la pena seguir en un entorno donde la falta al respeto y de confianza se ha enquistado en los que tienen capacidad de decisión.

Por cierto, ¿estará esta página en su log de accesos? ¿Me lo dices o me lo cuentas, Truman?


lunes, enero 15, 2007

La Dieta Blanda

El ser humano, los hombres y mujeres que juntos formamos esta rara especie, es fundamentalmente un animal.
Por ello, cuando le falta el agua y el pan se comporta salvajemente y lucha por su supervivencia individual. Prueba de ello y sin irnos a lugares "sin civilizar" lo tenemos en los días posteriores al paso del Katrina por Nueva Orleans.
Los malos se volvieron más malos y los buenos menos buenos. Los fuertes machacaron a los débiles y la cadena trófica se impuso de forma natural.

Aún en esas circunstancias hubo gente, humanos, que se negaron a animalizarse tanto y mantuvieron valores como la solidaridad, la bondad y el raciocinio.

El hombre sobrealimentado también tiene comportamientos alejados de estos valores.
Al tener las necesidades básicas cubiertas su mente se atrofia y maquina toda suerte de estúpidas diversiones.

Una de las más extendidas entre estos humanos gordos es la de "tocar los huevos" a los demás.
He de decir que todos estamos un poco sobrealimentados pero algunos parece que no tienen otra cosa que hacer.

Lo mejor sería, siempre, la dieta blanda.




sábado, enero 06, 2007

La Navidad III (Los Regalos de Reyes)

Uno siempre se planifica para que no le pille el toro, pero al final te pilla el toro.
A continuación voy a relatar algunas fases de la búsqueda de regalos de Reyes.

Primera fase:
Estamos de vacaciones en pleno agosto en un pueblecito que parece que no es turístico y vemos un puesto de cerámica donde parece que las cosas las hacen a mano. Y ves una cosa que vale tres mil de las antiguas pesetas y piensas:
-“Muy caro como Rdo. de Villapitos, pero aceptable como regalo de Reyes”.
Bien, ya tenemos nuestro primer regalo y estamos en agosto.¡Qué maravilla, este año sí!

El caso es que, envueltos en la brisa del mar, la montaña y el caminar de los lugareños, todo nos parece bonito.
Cuando volvemos de vacaciones y según van pasando los días, vemos que la puta vasija no hay quién se la trague, sobre todo cuando descubrimos que no la han hecho allí, que el viejo de la puerta era un señuelo y que todo lo traen de Marruecos.
Aún así, tiramos para adelante. El regalo será colocado el 6 de enero.

Segunda fase:
Buscando un regalo para un cumpleaños vemos otra cosa que puede valer para los Reyes. Una peli que puede molar o un libro de rabiosa actualidad que puede estar bien. Tracatrá, lo pillas, cóbrese…
Al llegar a casa lo miramos y somos conscientes de que no va a llenar el hueco de “Regalos de Reyes” como se merece y sientes que tendrás que volver en diciembre a por “otra cosa más”.

Tercera fase:
Noviembre. Mes de alarma. Te haces la lista de personas a las que regalar y posibles regalos. El mundo se te cae encima. No se te ocurre nada.
Luego se te ocurre un regalo para alguien, por ejemplo: Un abrigo. Entonces te vas a Cortefiel o al Corte Inglés, y te pones a mirar un abrigo, y otro, y otro. Ninguno te gusta pero es que además: ¡SON CARÍSIMOS!.
Aquí se plantea una disyuntiva no siempre bien resuelta:
O cambio de regalo (¡con lo buena idea que era!) o me voy a Galerías Calé, al mercaíllo, vamos.
Si decides cambiar de regalo la catástrofe se cierne sobre ti: has perdido un tiempo que no tienes y lo que es peor: Una idea de regalo.
Si vas al mercaíllo y pillas un cutre-abrigo por dos talegos (doce de los nuevos euros), ya tienes un regalo menos que hacer y por lo que se verá más adelante, a pesar de la desazón inicial, esto no ha hecho más que comenzar.

Cuarta fase:
26 de diciembre fun, fun, fun. No me da tiempo ni de coña. 2 formas de afrontar el problema. A saber:
Buscar:
a)mismo sitio donde comprar varios regalos: Véase Corte Inglés, Carrefour, etc, ó
b)mismo regalo para perfiles parecidos.Aquí entraría la socorrida: Pijamas y calcetines para todos o cd’s de grandes éxitos para todos: Desde “¡Querido Manolo!” pasando por “Leonardo Dantés, mis duetos” y acabando en “Miliki nos enseña a multiplicar”.


Quinta fase:
3 de enero. Lo que dan de sí 388 vueltas durante 4 horas por todas las tiendas del centro de Madrid ( Fnac, Corte Inglés, Springfield, H&M, Camper, Casa del Libro, una tienda cutre de artilugios raros, una tienda cutre de figuras de cerámica y una tienda cutre de decomisos (esa reliquia del pasado)).
Porque lo que hace uno en estas fechas, además de visitar todos los centros comerciales, es entrar en todas las tiendas cutres de la zona, preguntar a dependientes que parecen sacados de películas de terror e intentar encontrar regalos inventados por nosotros, que no existen, que no se fabrican.
Al final te vienes con el último de Amaral, que lo mismo lo tienen ya y además lo podías haber pillado en cualquier otro sitio, y con un libro de Dan Brown, que el de la papelería CB te lo vende al mismo precio y te regala un boli de cinco colores.

Sexta fase:
4 de enero. Entras en un límite peligroso, se acerca el último día. Aquí empieza a prevalecer la buena idea frente al precio.
Ves un juego de mesa que es justo lo que buscabas: 90 euros, compro. Algún reflejo nervioso te da una patada en el estómago, pero sabes que es pasajero.
Ves un jersey que podríamos calificar de ideal: 70 euros, compro.
Tras cinco horas de compras y con la cartera más vacía que la nevera de Carpanta te sientas en un banco, sudado pero abrigado(no puedes ir saliendo y entrando de los sitios y perder el tiempo en quitarte la chupa) y te pones a reflexionar:
Que si tal día vi tal cosa y la tenía que haber pillado, que si cuando fui a Villapitos me tenía que haber traído dos vasijas… (que ahora ni te planteas que vengan de Marruecos), etc…

Porque el 4 de enero se produce en nosotros un cambio, necesario, que nos ayudará a terminar nuestra tarea: “perdemos los escrúpulos”.
Mientras cogemos un objeto en nuestras manos y lo llevamos hacia la caja vamos repitiendo en voz baja:
-”Está muy bien, está muy bien”.
Todo esto, nos lleva a la…

Séptima fase:
5 de enero. Se encienden todas las alarmas. Es el día de vacaciones del año que más se madruga. El objetivo es poder tener todos los regalos antes de comer y echar la tarde en envolverlos.
Llegado a este punto y después de haber recorrido todos los días los centros comerciales, tiendas imposibles, y tiendas de regalos que no existían para ti, hoy se abre ante nosotros un horizonte nuevo: “La feria de artesanía”.
La feria de Artesanía, para el que no haya ido nunca, podría resumirse en:
Cómo recorrer 10 kilómetros por la Castellana oliendo a incienso y buscando algo original, que mole y que no pase de 15 euros.
Al final acabas pillando una mierda de cenicero que si lo partes por la mitad parece un reloj pero sin funcionar. “Está muy bien, está muy bien”.
Nota: Si vas a llevarte a alguien para que te ayude debe quedar claro el lema del día:
“Sin escrúpulos”. Así, si tú dices:
-“Está muy bien, ¿no?”. La respuesta inmediata del cómplice debe ser:
-“Está muy bien, está muy bien”. Sin matizar.

Al final te vas para casa encabronado, comes a toda leche y te bajas corriendo a pillar...

El último regalo:
El último regalo, como el último examen, como el último vaso por fregar, es el más difícil.
El último regalo que te falta no tienes ni puta idea qué va a ser, pero estás convencido que lo vas a pillar en la FNAC. Porque sí, porque te sale de los cojones, porque estás hasta la punta del rabo de entrar en tiendas, de ser reconocido como “rey” por tus vecinos, de pararte en escaparates absurdos donde venden bolsos como los que buscas pero no tan feos, fundas de gafas pero no tan fashion, relojes juveniles pero no tan simples, calculadoras buenas pero no tan caras, libros buenos pero no tan manidos, un tarrito de flores secas pero que no huela tanto a detergente, en fin, hasta la p….de todo.

Luego, pasado el enojo, compras papel de regalo y celo y te vas para casa. Lo has conseguido. Envuelves los regalos y que sea lo que Dios quiera.


miércoles, enero 03, 2007

Propósitos para el 2007

-Trabajar mucho menos o nada.
-Engordar 10 kilos como mínimo.
-Volver a fumar.
-Dormir mucho o poco, según lo que me divierta.
-Dejar de hablarme con los compañeros(si sigo currando).
-Tirar todas mis revistas(las de cine también).
-Decir siempre lo que pienso aunque no duela.
-Estudiar algún idioma, por ejemplo el aragonés.
-Aprender a ver a los niños como si fueran normales.
-Hacer cuentas con papel y boli.
-Pelearme con todos los vecinos.
-No ir a comer a casas familiares.
-Buscar música patética en el eMule.
-Instalarme programas antiguos para ver si funcionan.
-Cortarme las uñas cada 3 días.
-Ir a la piscina a estorbar a los nadadores experimentados.
-Colocar todos los libros en orden alfabético.
-Salir por las noches aunque sea sábado.
-Tirar todos los cd's con alguna canción del 2005 hacia atrás.
-Tirar las sandalias que no me pongo.
-Aparcar en diagonal sin pensar si me rayan el coche o no.
-Comer atropelladamente palomitas.
-Tirar todos los manuales, títulos, certificados y listas que tengo.
-Hacer tatuajes a los gatos de mi calle.
-Ir al cine como mínimo 2 veces al día.
-Comprar las recetas que me da el médico, aunque sea, otra vez, antiinflamatorio.
-Comer turrón una vez por semana.
-Buscar un peluquín decente (mi madre insiste:George Clooney tiene peluca).
-Matar mosquitos sin dejar marca en la pared.
-Limpiar la casa aunque haya visita.
-Aprender a tocar un instrumento, por ejemplo: el órgano jámon.
-Apuntarme a un curso de vino e ir.
-Elegir un coleccionable y dejar la colección a medias.
-Leer alguno de los 1800 libros que tengo, me dejan, me regalan.
-Ir al campo.
-No pagar los recibos.
-Jugar al fútbol. Al fútbol-sala. Bueno, jugar a algo.
-Apagar la radio.
-Apagar la tele.
-Grabar los mensajes que me dejan en el contestador.
-Formar un grupo de rock.
-Usar calentadores.
-Ahorrar agua (seguir bebiendo sólo cerveza)
-Viajar menos.
-Llamar a algún servicio de atención al cliente al menos 4 veces al día.
-Creerme todo lo que me dicen.
-Contestar a los correos de "cadenas".
-Escribir en el blog todos los días o alguno.
-Terminar esta lista de propósitos.(Hecho)


viernes, diciembre 29, 2006

La Navidad II (Las Noches Buena y Vieja)

LLegan las supuestas cenas familiares, las noches de Navidad, la Buena y la Vieja, de las que de todo se ha dicho y donde volcamos todos nuestros traumas.(No se espere, por tanto, encontrar aquí nada nuevo).

Yo, por ejemplo, es oir un villancico y como cuando me ladra un perro, pego un bote de manera visceral.
Esos niños que parecen pasárselo tan bien cantando algo tan horrible rompe todos mis esquemas mentales o quizá los refuerza más.

La Nochebuena, dicen, hay que pasarla en familia o en compañía de tus seres queridos, que no siempre coincide, claro. Aunque a éstos siempre se les dice que "son como de la familia" que es como cuando llega un cayuco a Tenerife y le das una manta al africano de turno. Venga, que te "ajunto".

Hay gente que aprovecha las navidades para irse al pueblo. El que lo tenga, claro. El que no siempre se puede ir a ver belenes a la Plaza Mayor por aquello de que parezca más típico que salir por la urbanización mientras tu vecino se pasea con el chandal tuneado del Real Madrid.

Pero no nos engañemos. Las navidades en el pueblo no son como en los anuncios publicitarios.
Se supone que allí hay un par de abuelos, los tuyos, esperándote con cariño y haciendo toda clase de surtidas viandas que están recién hechas en el momento justo de aparecer tú. Se supone que en la casa hay chimenea y se está calentito. Y se supone además que en el pueblo hay nieve por los tejados.

Pues no. A veces no hay abuelos, no cocinan y en la casa hace el frío conocido como "efecto nevera" (hace más frío dentro que fuera) y, como dice mi tío: "Saca los botellines del frigorífico para que se enfríen".
En la calle no hay nieve, quizá alguna pequeña placa de hielo esperando a un incauto pisador.

En todas las casas, eso sí, suele haber una bandeja con todo tipo de dulces navideños: turrón, mazapán, polvorones, mantecados y las cosas esas blancas que muchos años después (parezco el niño de Cuéntame) descubrí se llaman "peladillas". Y que siempre pienso que son las mismas año tras año, porque nunca he visto a nadie coger una de la bandeja.


La Nochevieja se supone que es más de fiesta. Aunque también se suele pasar en familia y, tras las uvas, salir corriendo para no pillar atasco si coges el coche. Tu madre te dice: -"Ten cuidado hijo, no bebas mucho". Si vas a una fiesta de barra libre y te cuesta 130 codazos llegar a la susodicha barra no puede pretender tu madre que encima te pilles 12 "nestis".

Estas noches el bebedor habitual beba más; y el que no, se pilla un pedo de narices. El caso es beber.
Otros apoyan la ingesta alcohólica con todo tipo de drogas respiradas, inhaladas o masticadas. Y si un día de marcha normal son 24 horas sin dormir, su nochevieja dura 72. Y así podríamos seguir haciendo reglas de tres hasta que nos dieran las uvas. Nunca peor dicho.

Otra cosa: De pronto hay que cenar con sidra. Desaparece el vino, la cerveza, incluso el agua. Un gracioso te apunta con la botella y luego la orienta hacia arriba y "¡pum!".
-"¡Corre, corre, que se vierte!".
-"¡Que yo no quiero sidra!". Y para entonces ya tienes la copa llena de espuma con dudosas resminiscencias frutales.

La tele también se luce en estas fechas y, al igual que el familiar gracioso, también te apunta con el corcho. Salen especiales de todo tipo:Lo mejor del año; Resumen del año; Feliz año. Todo muy global y muy emocionante. Para ello mezclan las imágenes más bellas con las más tristes y se te pone el cuerpo que entre las peladillas y la sidra casi que te acuestas o abres el brandy que reserva tu madre para los guisados.

Y luego la ansiedad que existe por hacer reír. Todos los presentadores, todos los locutores y todos los cómicos(claro), salen a la pantalla a sacarnos una sonrisa.

Sale alguien como disfrazado. No sabes a quién quiere imitar. Esperas a que hable. No sabes a quién quiere imitar. Al final, por el contexto, lleno de tópicos o por un cartelito que ponen debajo a modo de ayuda, sabes por fin que están imitando, por ejemplo, a Isabel Pantoja. Entonces rezas para que el año que viene desaparezca el maquillaje de las cadenas de televisión y te convenzan con arte de verdad y no con efectos especiales.

Porque lo de hacer reír, como idea, es buena, pero el resultado es a veces más bochornoso que pillar a tu pareja grabando "Mira quién baila".

Y llegan las uvas y el temita de los cuartos, que está más sobado que el "chiste" de decir que te duermes viendo los documentales de La2. La gente se come las uvas, cada uno como puede, al ritmo que puede y siempre alguien aprovecha para hacer un poco el cerdo, dicho sea de paso. Algunos graban el evento poniendo la cámara encima del televisor(o al lado si es plano) y luego lo ponen hasta que vomitas todo el champán que te has tomado al brindar.

Entonces empieza el espectáculo pirotécnico. Todo el mundo ha comprado petardos y cohetes de toda índole y de dudoso uso doméstico y por unos minutos crees que el sitio más seguro del mundo es el "vater" de tu casa. Vas, te "desestresas" un poco y vuelves sin petardos que escuchar, tele que ver ni sidra que abrir. Vuelves, un año más, a superar con nota las noches de Navidad.

jueves, diciembre 21, 2006

Un cuento de Navidad

Se llamaba Mara e iba a ver a los Reyes Magos por primera vez. Su madre le había contado, más o menos, cómo eran estos reyes. Pero la niña no se enteraba de nada. Entre otras cosas porque no tenía ni puta idea de castellano. Apenas balbuceaba un “mamá quiero pan” o “¡nuna, nunera!”.

Mara tenía los ojos pequeños y alargados y no se parecía ni a su padre Jorge ni a su madre Raquel. Se parecía más a otros padres que hacía cuatro años habían dejado a su hija con poco más que material genético.

La niña había tenido suerte.

Sus padres le habían explicado lo de la carta a los Magos y qué era el Portal de Belén mientras ella no le quitaba ojo al turrón que había en la mesa.
Acostumbrada a pelear por la comida, no entendía cómo algo tan grande y rico podía permanecer más de dos minutos encima de la mesa.

Le habían intentado transmitir que ya no volvería a pasar hambre, frío y miedo. Pero ella no se enteraba de nada.

Una mañana, su hermana Rocío, cinco años mayor que ella, con los ojos saltones como su madre Raquel y la boca generosa en dientes de su padre Jorge, fue hasta su cama y le dijo:
-“¡Mara, que ya han venido los Reyes Magos!”.

Mara, medio dormida, saltó de la cama para acompañar a la hermana al salón. Más por el entusiasmo de ésta que por saber qué había allí.

Cuando vio todos aquellos regalos su cara se iluminó. ¡Cuántos colores!, ¡Cuántos muñecos! ¡Cuántas golosinas!

Cogió todo lo que le dijo su hermana: -“Lo que hay al lado de tus zapatos, Mara”, y se fue a un rincón.
Empezó a comer una gominola tras otra, una chocolatina tras otra, mientras sujetaba fuertemente a una muñeca-repollo a la altura de la axila.

A Rocío no le habían traído ninguna muñeca-repollo y se distraía con un juego de Magia Borrás. Que si la varita mágica que se estira; que si hay que leerse las instrucciones; Rocío se aburría un poco.

Entonces, se fue al rincón, donde su hermana seguía deglutiendo sin parar. Llevaba la varita en la mano y le dijo a Mara mientras pasaba a la acción:

-“Mira Mara, te dejo jugar con la varita mágica y tú me dejas la muñeca-repollo, ¿vale?”.

Rocío tiró de la muñeca, pero Mara, sin dejar de masticar, hizo un movimiento de codo que evitó perder la muñeca, proteger las “chuches” y de paso golpear levemente la mejilla de su hermana.

Rocío se fue llorando hacia el cuarto de sus padres al grito de “¡Má-maaaaa!”

Mara seguía con sus chocolatinas y su muñeca. Que la niña era china y pobre, pero no gilipollas.


martes, diciembre 19, 2006

Concurso de Monólogos Surisas 2006

Busco en la World Wide Web noticias sobre el concurso de monólogos de humor Surisas 2006 y prácticamente no hay nada. No hay nada, vaya. Algún anuncio que otro, pero ninguna crónica del mismo.

Así que, como estuve por allí y tengo contactos, allá voy:

Hubo dos semifinales: Una con 6 concursantes, otra con 3 (problemas de rajamiento de última hora). La organización decidió hacer un ranking con los 9 y clasificar a los 5 primeros para la final.

El viernes hubo una semifinal en la FNAC de Parquesur, a las 22:00, cuando cierran. Público escaso y cervezas a 1.70 euros.

Sale un colega con melenas que me recuerda al Grogui de “Los Serrano”, resulta que el chaval ganó este concurso hace dos años, según me cuentan, y hace de jurado.

Presenta de mala manera de qué va el concurso; que el público puede luego votar en una urna; que su voto se cuenta y que el primer concursante se llama: Sara.

La chica nos cuenta su experiencia de canguro en una peculiar familia irlandesa: niña repelente, abuela borracha y mascota canina desquiciada física y psíquicamente.

Sara tiene gracia aunque su monólogo funcionaría más en el mundo cuentacuentos. El guión está bien elaborado, no cansa, y la gente se mete en la historia.

Sin provocar demasiadas carcajadas, sin muchos golpes de humor, transcurrió su actuación de forma correcta. No llegó a arrancar aplausos, pero en su defensa decir que ser la primera siempre cuesta y que el presentador no se encargó de calentar al público.

Tras una pausa musical de un par de minutos, Sara volvió para presentarnos al segundo concursante: Gabriel.

Gabriel hizo un buen monólogo sobre la infancia: Reflexión por comparación sobre los niños de hoy y los de antes. Manejó bien el ritmo, las pausas y jugó muy bien con el público, al que sacó aplausos.
Pero su nivel no fue constante y el monólogo no acabó arriba, aunque gustó. Fue más monólogo de humor, como lo entiendo yo, que el anterior.

Tras Gabriel, vino César. Vivo, rápido y locuaz. El tema, demasiado manido y asqueroso: escatológico para ser exactos.
La gente se reía y al tío se le veía con gracia. Quizá con otra temática hubiera funcionado mejor. A la larga, según me contaron, el público apenas le votó y el jurado le penalizó también bastante.

César presentó al siguiente contrincante que ya no sé si fue Teresa o Gema, o si los otros fueron en ese orden. Yo estaba allí con mi cervecita tan ricamente, tampoco levantando acta.

Digamos que actuó Teresa. Su monólogo fue el que más me gustó. Ágil, gracioso y menos guarro que el anterior, aunque alguna cosita había.
Ella venía a decir que era muy positiva con la vida a modo de introducción y nos contó su experiencia con el ginecólogo, para luego cerrar el monólogo aludiendo de nuevo a su positivismo.
La chica tenía vis cómica y la supo explotar. Tenía muchos chistes, que es lo más importante. Tú te puedes tirar tres minutos contando una cosa muy graciosa pero si le falta el punch(el golpe), pierde.
El jurado valoró mucho su actuación aunque según me cuentan, una parte del monólogo no coincidía con lo que había presentado en la preselección y eso podría traer consecuencias.

Esto y que no se pasaran de tiempo parece que le obsesionaba especialmente a uno de los organizadores. Se le oía constantemente avisar a los del jurado:
-“Este se ha pasado de tiempo, se ha pasado de tiempo”.

El jurado, el mencionado Grogui y otro que me suena pero no logro ubicar, intentaban tomar notas a la vez que asentían con la cabeza.

Tras Teresa, actúo Gema. Metió música en su monólogo, y algo de performance. El texto era más bien flojo y nada original: Soy amiga de los gays. Ya había oído varios con esa temática.
La gente se rió, no podemos decir que no, pero fue flojo. Hay que currar más.

El último fue Sergio, un muchacho que contó algo sobre los vecinos. Ahora recuerdo haber visto al del jurado contar uno buenísimo sobre estos seres. Esto, aunque podía haberme predispuesto, no lo hizo. Pero Sergio contó un monólogo pesado, nada cribado, nada reescrito, abundando mucho en cada situación, interpretando en exceso y sin ir al grano. No había chiste, no había gracia. Lo siento Sergio, no sigues con nosotros. Hay que currar más, también.

La otra semifinal(Los tres que dije antes):

Se desarrolló el sábado en Alcorcón, en el Sotanillo del teatro Buero Vallejo, que, como su nombre indica, está en el sótano, donde hacen actuaciones con aforo menor.

Allí me apreté otras cerves, unos panchitos y unas aceitunas.
Esta vez salió a presentar el otro del jurado, David se llama, que se le iba la pinza que daba gusto. Calentó un poco al público, pidió un aplauso, tuvo complicidad con el DJ que ponía la música. Al tío se le vio suelto y creo que ayudó al primer participante a tenerlo más fácil.

Su nombre: Manuel. Estaba muy nervioso y no maneja muy bien la escena pero poco a poco su monólogo prendió: hablaba de su infancia.
En el cole, las vacaciones, sus mascotas, que se le morían todas, su posición de gordito-killer en el patio. Fue gracioso aunque a "ráfagas". Parecía como si se le olvidara el texto y así lo retomaba luego de manera desordenada.

Tras Manuel entró Ignacio, un personaje. Salió y mientras escrutaba al público se colocaba una bata de farmacéutico y una gorra de ciclista. La gente, se empezó a reír y él soltó un “Buenas noches Alcorcón”. A continuación se puso a hablar de su problema: Que era virgen.

Tenía otro problema que en esos momentos era mayor: No se sabía el texto. Dejó los papeles en la banqueta que había en el escenario y recurrió a ellos demasiadas veces para estar preparado como parte de su actuación.

El público se reía de él más que con él. Metió en el monólogo chistes que no eran suyos y en general fue bastante flojo. Sin embargo gustó y el jurado lo metió en la final. Pero de eso hablaremos luego.

Tras Ignacio y su cosa frikie saltó a la palestra Juan Ramón: Entró a ritmo de Chimo Bayo, el de “Jú Já, fiestas fiestas fiestas locas como esta”.
Empezó a hablar de los valencianos con algo de mal gusto, contó algún chiste gracioso y luego se puso a hablar de él mismo. No me quedó muy claro de qué iba su monólogo y ciertos juegos de palabras quedaban más bien como ocurrencias sonoras más que como chistes propiamente dichos. Se despidió a ritmo de Chimo Bayo de nuevo y aquí acabó la semifinal.

Luego, fuera de concurso, David presentó a una artista que por tener más edad de la permitida no había podido participar. La chica, Belén se llama, estaba un poco cabreada con el suceso, pero allí salió a una cosa que llamaron “micrófono abierto” que no sé muy bien qué era. He investigado las bases del concurso y bueno, aquello luego no fue así.

Contó un monólogo algo gracioso sobre su amigo Paco. El problema es que metió muchos chistes que no eran originales y eso la gente lo valora menos. La gente quiere oír cosas y puntos de vista nuevos.

Tras esto, se acabó lo que se daba y nos fuimos, el domingo, a Fuenlabrada, a la Sala El Grito a ver la final.

Se habían clasificado los siguientes participantes:
Sara, Gabriel, Maite(o Teresa), Manuel e Ignacio, que no sé cómo se les pudo colar en la final.

La sala estaba preciosa, había de beber y de comer, fundamental, los sillones muy cómodos y quizá poca gente.

Poco público, pocos concursantes ¿no será que la gente no se entera de que existe este concurso? Ni una reseña en el 20minutos ni nada. Así no hay manera. Y mira que los premios son golosos: 1000, 500 y 250 euros para los 1º,2º y 3er clasificados, respectivamente. Pues no va ni el tato a concursar.

Salió a presentar Juan Aroca, ganador de la edición pasada y sevillano de pro. Su acento, su gracia y agilidad mental hizo que la gente disfrutara bastante.

En fin. Comenzó Maite. Había quitado todo el principio de la otra vez. Imagino que coaccionada por advertencias de los organizadores. Estaba nerviosa, insegura y acelerada. Los chistes no funcionaron igual, faltaba pausa, ritmo y en definitiva: Lo hizo peor que en la semifinal. Tuvo gracia pero me imagino que cuando se bajó del escenario se supo perdedora.

Tras Maite entró en acción Ignacio: Volver a ver su actuación fue terrible. No digo más.

Luego salió Sara. Nos volvió a contar con la misma profesionalidad que el viernes su historia irlandesa. Volvió a gustar. Y yo volví a pensar que no era lo que más me cuadraba con mi idea de monólogo de humor. Pero allí estaba.

Tras Sara entró Manuel, menos nervioso y más guasón que el día anterior. Tenía el texto más controlado e hizo reír más que nadie.

Interactuó bien con el público con preguntas retóricas fáciles. Quizá se olvidó del tiempo, estaba tan a gusto que se pasó un poco. Esto, según me contaron más tarde, fue determinante para no quedar mejor clasificado. Porque algunos miembros del jurado veían razonable que se penalizara al máximo tanto no ajustarse al texto enviado como al tiempo de actuación.

Yo discrepo un tanto de esto. Al final, el más gracioso debería ser el ganador y para mí, sin duda, esa noche, lo fue Manuel.

El último fue Gabriel. Ser el último (aparte de comerte las uñas un buen rato más que los otros) tiene sus ventajas. Si sales en plan ganador tienes muchas papeletas de llevártelo.

Gabriel volvió a pecar de lento y aunque tenía un monólogo de los que me gustaban, no brilló lo suficiente. Aún así, le hubiera colocado entre los premiados.

Y se acabaron las actuaciones. Bueno, Juan Aroca volvió para amenizar la deliberación del jurado. Éstos salieron para entregar unos supercheques de premio.

3er Clasificado: Manuel Barrena.
2º Clasificado: Sara Carmen González.
1º Clasificado: María Teresa Bellón.

¿Justo? ¿injusto? Bueno, no estuvo mal. Felicidades y mi respeto por todos los participantes, que nadie lo dude. Esto es sólo mi opinión.

A ver si la próxima vez se apunta más gente, hay más público y otro escribe la crónica, que yo no estoy para estos trotes.Buenas noches.



Nota: (a quien pueda interesar)

En mi opinión, llenar un monólogo de “cagar”, “pedos”, “follar” y todo tipo de imágenes relacionadas llena de m. la actuación. Se suele caer en ello con facilidad.
Su uso debe ser muy medido.


PD: Si alguien tiene fotos del evento. Me lo haga llegar o saber. Gracias.

La respiración contenida

De un día para otro vino la hostia y cortó la respiración. Un virus malo, malísimo, llega, se expande, mata, colapsa. De un día para ot...