miércoles, agosto 12, 2009

Lichis I parte

Conocí al Lichis antes que él a mí. Normal, o no.
Aquel "vámono gorda, vas a ser mía" removió las meninges de más de uno. Por aquel entonces yo sufría, sin saberlo, empacho radioformulero (que sus buenas cosas ha traído, pero mucha musiquilla transformada ahora en politono que se apropia de tus ganas de vivir, también).

Luego vino "Cabrón", su segundo disco. Con menos apoyo y que, como uno seguía enganchado a la radiofórmula, ni se enteró. Y por fin el éxito, María Jiménez de por medio y reivindicación nada "cool" de la existencia humana.



No pretende ser esta entrada un repaso a su discografía, ni mucho menos. Tan sólo mencionar que aquí empezó el subidón del Lichis con su grupo "La Cabra Mecánica". Un directo cojonudo, donde recuperó canciones y pulso, se materializó en una gira agotadora llevando su feria ambulante con una energía descomunal.

En Alcoy, en un festival, pude saludar al genio (me lo había cruzado tiempo atrás en el Hebe de Vallekas, pero cada uno a su bola y todos a la de la copa). Me colaron (me gusta más colarme, pero todo tiene su mérito) en el camerino tras el concierto. Por aquellos días lo cerraba vestido de patriarca, bastón incluido y un "Larga vida a Barón Rojo".

Aquello del Barón llegaba. Porque el Barón marcó a toda una generación con aquel: "Vas sin afeitar, dice el sheriff del lugar. Y además con tías buenas...".

De todo esto lo que peor llevaba el artista era el boom de la canción de la ONCE. Aquella de "No me llames iluso", que vino de "bonus track" en el disco "Ni jaulas ni peceras" (el disco en vivo mencionado).

Así es la vida.

Luego el bajón, el abandono del paraguas comercial de nuevo (no sé si bilateral) y la sensación comentada de que Melendi ocupaba el hueco (comercial, visual o de producto mediático) que él dejaba.

Y eso, que el Lichis y su Cabra Mecánica desaparecieron. Y yo, ni corto ni perezoso, adapté la letra de su canción "Drip Pop" (escuchada en el directo) para que una nena se animara en sus recientes, por entonces, avatares.

En aquella primera conversación, a raíz de esta revelación, el autor de la original contó extremadamente rápido una anécdota sobre adaptaciones y demás de la cual me acuerdo más bien poco.

Aquí va la letra, no sin algo de pudor:

Drip Pop Adaptation
(De oficinas, informática y coches demasiado viejos, larga vida al Rock)


La Rara, la Rara, la puta de la Rara
díselo a tu mama, o díselo a tu prima...
o vete a por un donut con la Carmina...

Buscas muchas cosas, por ejemplo
Buscas encontrar lo que gusta.
Esperando en el barrio con el Daví
que arranque, ¡dios!, el puto Horizon
Y no pasa de la curva.

Parece que “aganca”.
En idiomas bien distintos
¡joder, morralla, puto!
Sin dramatismo,
que estamos hablando de un turismo.

Estribillo
Ni jefes gordos ni jefes chicos
De esos que vienen calentitos
de comerse un buen chuletón,
las gallinejas con morcón
pacharán o rioja, güiscucho garrafón.

Ni listos, ni voceras
Cada porra la última
Cada cerveza la primera
Y nuestra sábana
almidón de siestón, nos espera.

Ni listos, ni voceras
y aparta Maqueaíto
que soy el puto Josito, El Consultol.

Ni listos, ni voceras
¿Qué has tocao a fondo?
No compila la función.

(estribillo)

Ahora que sé
que el becario no tiene fondo
ni Rari techo
me jarto a reír ensimismada en mí misma
Larga vida a los WASP
que hoy estoy que lo tiro.

Andrés Calamaro
siempre ensaya con la tocha puesta.
Y ni por esas consigue
no pasarse de las 100 canciones.
No te pido que quites el compact disc,
me conformo
con que no me toques los cojones.

(estribillo)

Ni listos, ni voceras
y aparta Maqueaíto
que soy el puto Josito, El Consultol.
Ni listos, ni voceras
¿Qué has tocao a fondo?
No compila la función.
(bis)

(estribillo)

No voy al Canci, no voy al Derrame
ni voy al Menor.
Pero sé que mis amigos
tocarán “brave new world”.
Tampoco yo pediré otra canción.

Hay gente que te quiere,
Hay gente que es que mu rara,
Hay gente pa'tó.

Y hay que cuidarse, Nena,
Y fumar algo más de verdura.
Ni partirse la camisa.
Ni rasgar las vestiduras.
Ya no pido más cerveza
me reparta la columna.
vamos pa'llá...





Continuará...

martes, agosto 04, 2009

Y Hetfield cumplió años

Ayer 3 de agosto (cuando uno no se acuesta sigue siendo 3, pero bueno) cumplió 46 años James Hetfield, líder de la banda de heavy metal más influyente de los últimos 25 años. O sea: Metallica.



Sin entrar en más detalles musicales y biográficos, porque no tengo ni puta idea ni tengo ganas de documentarme, entraré en otros detalles, más propios de mi recinto blogger.

Descubrí por casualidad dicha efemérides leyendo el periódico cuando aún retumbaban en mis oídos los rasgados compases de su guitarra en un mítico concierto (mítico para mí) celebrado el día anterior.

Metallica, un descubrimiento tardío en mi sonora vocación, borró con su "Whiskey in the jar" el mal sabor de boca que dejó el concierto de Barricada apenas una semana antes. Nota: aconsejo leer el enlace, es corto y no tiene desperdicio.

Lástima de condición humana, ¡puaj! (esto es un escupitajo al olimpo de los hijoputas).

Al Hetfield se le veía feliz, disfrutando con cada temazo y mirando mucho al público (se ve mucho desde el escenario, más de lo que parece). Amortiguado por el cansancio pero también feliz por dentro, disfruté yo también.

La experiencia metalera me ha dejado tan noqueado que mi cabeza no para de repetir y escuchar el "Searcheeeeeeeeeeeeennn....siiiiikkkkandeeeeesstroy" una y otra vez.

Y es que no hay nada como un buen pisotón hacia delante para dejar atrás los malos ratos.

Y así de sensiblero me he dispuesto a brindar con whiskey a la salud de Hetfield y compañía.

"So close no matter how far..."






jueves, julio 23, 2009

Regresando del Sol

La frecuencia de publicación por estas zonas empieza a disminuir peligrosamente. O no. Cada cosa tiene su momento, entiendo.
Me acabo de enterar que el Evento Blog España 2009 ya está en marcha y ya sólo se puede uno apuntar en "lista de espera". Al final pasará como todos los años: medio aforo vacío y el otro medio atiborrado a galletas y zumos ¡qué delicia!

Si no consigo ir de inscrito lo mismo lo consigo de presentador. No sé si es requisito ser negro pero por si acaso me estuve tostando un poco al sol estos días.

Si no consigo ir ni de inscrito ni de presentador, quizá me pase por allí de todas formas, porque colarse es muy fácil. Y si no consigo colarme siempre me quedará tomarme unas cañas y tapitas por la zona, que no se diga.

Regresando del Sol tengo ahora una pulsera muy bonita que me obliga a adaptarme a la escritura tecleril otra vez. Para evitar clavármela a la altura de las venas suicidescas.

Regresando del Sol también he hecho balance: Un año desde mi nueva vida a bordo de mi propio ombligo, cipote y mochila sudada.

Regresando del Sol también he descubierto lo fácil que es volver a la ira vecinal. Sobre todo cuando el vecino acapara de pura envidia todo lo que de zona común, comunitaria o solidaria encuentra a su paso.

Regresando del Sol me he vuelto poeta y ahora escribo versos rápidos, convulsos y pretenciosos (porque pretenden llevarme a ganar un premio, ya le he pillado el truco).

Regresando del Sol me encuentro a mí mismo con bigote en la pantalla de mi móvil, al estilo Tom Selleck pero un poco más "gayer".


Regresando del Sol me traigo mi a-dorada cerveza que también me llevé allí. Adonde más la necesitaba cuando apretaba el calor (y cuando no, para qué engañarnos).

Regresando del Sol descubro que mosquitos y bichos de toda índole hay en toda habitación que se precie, sea cual sea la orientación, vegetación próxima o luminancia externa e interna.

Regresando del Sol descubro que los telediarios se sostienen con cuatro mierdas de noticias que no paran de repetir cada hora, cada día y cada semana. La podredumbre de contenidos es alarmante y estimulante para todo lo que sea ficción: como yo.

También regreso para seguir con el Sol, para no perderlo nunca, para notar su temperatura, nada extrema y su luz, nada cegadora. Para seguir hasta que se acabe.

Siempre regresando.

Ya te digo, un poeta.



jueves, junio 04, 2009

La Piscina

Ir a la piscina es un lujo. Dicen que corrige la espalda, que es buena para la circulación y que hasta duermes mejor.

Cierto.

Pero aparte de todo eso, es también una fuente de información para elucubrar situaciones curiosas y escribir relatos fantásticos (por geniales, no por irreales).

La piscina es como esos cuartos oscuros que aquel famoso comunicador insistía en recomendarme.
Primero te metes en una de las calles del vaso. Así es el lenguaje de la piscina: lo que es la piscina de toda la vida, donde está el agua, se llama vaso; y uno, a pesar de la analogía, rechina los dientes de incredulidad. Y cada zona separada por esas cadenetas de plástico de colores, como si fuera la fiesta de fin de curso de primaria, se llama calle.

Bueno, pues te metes en una de las calles del vaso (sí, voy bien) y pronto te cruzas, tocas, estorbas con otros señores y señoras de los que apenas distingues una buena napia y un poco de la chepa, según estilo natatorio.

Todos vamos con nuestros gorritos (¿por qué no se llamará esto capuchón, o funda elástica o condón?, lo digo por complicar más el lenguaje acuático) y nuestras gafas que parecemos sacados de un videoclip popero de estos guays que se llevan ahora. Sí, de gente como muy transgresora, superjipi, superdejada, superencantada de ser guay, que se pone lo primero que pilla, así informal, todo del ABC Serrano...

Vamos, que mejor meter la cabeza debajo del agua y sacarla lo justo o nunca (según pulmones).

Pues así vamos cruzándonos, tocándonos, estorbándonos, a veces pegándonos un manotazo o, peor aún, una buena patada (el estilo espalda no es de dominio público pero a la gente le encanta practicarlo) sin saber quién es quién, como en el cuarto oscuro.

A veces, tras el impacto, uno eleva la cabezota como una tortuga en celo y mira a su agresor, que sigue como si nada, o se vuelve también, como otra tortuga. Nos miramos intentando averiguar quién se esconde debajo de esas pintas (a todos nos gusta saber quién nos toca la entrepierna o el cuádriceps aunque sea fugazmente).




Pero nada, no hay nada que hacer.

Luego, en el vestuario, la ducha. Miradas torvas, asesinas o sibilinas. Nada, ni rastro. Uno allí, desnudo, sólo piensa en salir lo antes posible. No por nada especial, pero sólo piensa en eso.

Mientras te vistes, tres cuartos de lo mismo: miradas torvas, asesinas o sibilinas. Luego coges tu bolsa, te peinas un poquito y te vas con tus marcas en nariz, ojos y frente (gorrito y gafas). Así, sin más.

El culpable está a salvo, nada como un cuarto oscuro para hacer lo que a uno "se le dé la gana".

Mañana otra vez a la calle del vaso con mi gorrito y mis gafitas, a hacer un poco la tortuga. A la piscina, vaya.



martes, mayo 12, 2009

La Mascarilla

Pasó el terror, el pánico a la gripe indefinible que acabaron llamando "A". Me hizo gracia cómo empezó el rollo.

A los que embarcaban en México les hacían preguntas: ¿Te duele la cabeza? ¿te encuentras mal? Muy efectivo, la verdad.

Luego pasaron a pasar un cuestionario:
-Yo no entiendo el español y lo he tirado al suelo-contestó un viajero no-hispanohablante.
-Ole tus cojones-pensé.

Enseguida el primer caso en España:
-Coño, Albacete existe- me pasé ese finde pensando.
Allí se hizo un seguimiento especial a un paciente con síntomas similares a un catarro mal curado. Como si fuera E.T.
Luego otro caso, creo, y las cámaras filmando la ventana del dormitorio del joven enfermo. La ventana abierta, no se vaya el virus a deprimir dentro.

Ya aparecían las primeras mascarillas por los hospitales. Los pacientes aislados. Los que habían estado en contacto con el enfermo recibían un seguimiento.
-¿Les toman la temperatura o les hacen rellenar un cuestionario?-otra vez pensando.

Y en la tele cada telediario empieza con una cifra nueva: "5 casos más de gripe porcina"..."10 casos más de gripe A"..."España cuarto país en número de afectados".

¡España, España, España! Sólo nos acordamos de España para la Eurocopa y para las pandemias. El resto de ratos, todos a leches por pillar competencias (pasta, para los que acaban de empezar el plan Bolonia y confunden al Ché con Benicio del Toro).



Mientras en México jodidos. Todo suspendido, todos con mascarillas, besos sin lengua, iglesias sin rezos. Un desastre.

Mucho mejor se lo han montado en China:
-¿Que hay aquí cuatro mexicanos?...Nada, nada, se precinta el hotel y de aquí no sale ni entra ni Dios hasta ver si se ponen malitos-ahí me salió la querencia china, no sé si de comer tanto tres delicias o qué, pero me salió.

Ahora ya pasó. Ya vuelve todo a la normalidad. Ya no anuncian el número de contagiados.
Sí, amigos: Ya nos podemos contagiar tranquilamente, sin que te toquen las pelotas. Ya pueden seguir los virus mutando para devolvernos el triste favor que le hicimos a la Tierra.
-Nos estamos cargando el planeta entre todos-dijo mi tía un día. Simple pero sabia reflexión.

Nos centramos tanto en el Silicon Valley, en hacer manos ortopédicas, en descargarnos cosas y en perseguir a los que las "suben", en hacer coches que la gente compre (si se ponen de moda los eléctricos, pues los eléctricos, no hay problema), tanto anuncio con vidas de mentira, tanto spot de avance de series que luego no llegan al tercer capítulo; tanto llorar por las esquinas porque nadie tiene un pavo, ni trabajo, ni financiación, ni ganas de independencia. Tanto llorar los del Madrí, tanto sufrir los del Aleti, tanto gozar los de BarÇa: que si Florentino, que si Boluda, que si Guardiola, que si Iniesta es muy bueno. Tanto buscar cosas en google, tanto revender entradas de conciertos mastodónticos. Tanto Nadal, tanto Zapatero, tanto Rajoy, tanto Gürtel.

Tanto de todo que al final se nos ha olvidado que lo que importa es plantar tomates, mirar al cielo por si llueve y cuidar que los virus no muten.

Estamos jodidos, porque somos mortales e insignificantes, por mucha mascarilla que se ponga uno.



domingo, abril 12, 2009

El teléfono de 3 cifras

Truman, o sea yo, está cobrando cuerpo y, como las vainas de "La invasión de los ultracuerpos", se ha ido apoderando de la realidad real que es la vida alejado de los teclados, los ratones inalámbricos y los tuentis y esas cosas.



Pero bueno, alguna vez logran que vuelva al medio, aquí, a esta página de escritura visceral, sin gadgets, sin widgets y sin extrañas y atractivas plantillas.

Esta vez lo ha logrado el "Teléfono de 3 cifras".

El teléfono no paraba de sonar, diez veces mínimo al día, con este número parpadeando en la pantalla del móvil. Ese número no se coge, no se descuelga para encontrar al otro lado una promoción de voz digitalizada con una superoferta que dura una semana y por la que tienes que darte de alta bajo pena de 5 euros más IVA y cosas así. Ofertas que te dicen que pagas un minuto y hablas 100, que ya ves tú después de 100 minutos hablando las ganas de vivir que te pueden quedar.

Lo que más jode es que, mientras suena, tu teléfono no está operativo y encima se te gasta la batería. Total, que jode.

Pues nada, el numerito de 3 cifras sigue sonando; así ocurre durante unos cuantos días; hasta que las bolas de dragón Z entran en incandescencia total y llamas al número de atención al cliente. ¿Sabéis cuál es ese número? Sí, el mismo de 3 cifras.

Marcas y al otro lado ya no hay una máquina. Bueno al principio sí, una máquina que te informa de una promoción y te dice, además, que la conversación será grabada. Yo creo que esto lo hacen porque para fin de año editan un CD con los mejores momentos de la "Atención al Cliente" (los Attention Gold's) y se lo echan a los empleados en la cesta de Navidad, junto con las aceitunas rellenas y los espárragos.

Tras la máquina aparece una señorita que seguramente trabaja en condiciones medianamente malas y que seguramente vive en un país donde su sueldo no alcanza ni para comprar palomitas en el cine (bueno, al paso que va la burra, no nos alcanza para esto ni el de aquí).

La señorita te trata con amabilidad y se hace eco de tu petición.
-Por favor, me gustaría que no me volviera a llamar el nºnºnº.
-Seguramente es una promoción que le puede a usted interesar.
-Sí, ya, pero es que no quiero que me vuelva a llamar. Porque sin exagerar (exageras) me llama más de veinte veces al día.
-De acuerdo, Sr. Truman, anoto aquí su petición. ¿Necesita alguna cosa más?
-No, gracias.
-De acuerdo. Solamente comentarle que hay en estos momentos una promoción de llamadas. Por cada minuto puede hablar 100...

Aquí estás a punto de colgar a la amable señorita. La única pega es que no sabes dónde se encuentra la oficina ni si tendrás cuerda suficiente y coartada.
(Festival del Humor Negro)

En lugar de mandarla a tomar por la zona basal de un vaso, contestas:
-¿Y estas ofertas se pueden estudiar también a través de internet?
-Sí, a través de la Zona de Clientes.
-Vale, pues ya las miro por ahí, gracias.
-Muchas gracias por su llamada, Sr. Truman y buenas tardes.

Por fin te libras del numerito de los cojones.

¿O no?

El teléfono vuelve a sonar. Podría ser el Sr. Cliente Torrezno, o el chisposo Proveedor de Actuaciones, pero no. Es él, de nuevo.

Recuerdas en esos momentos la peli "El diablo sobre ruedas", donde un camión fantasma no paraba de perseguir a Dennis Weaver (nuestro detective McCloud, para los más viejunos)





Piensas que debe ser que aún no han hecho efectiva tu "nota" pero, como estás harto, esta vez lo coges.

-Esto es una encuesta sobre el servicio que le acaban de prestar - dice una máquina.
-Valore de 1 a 5 las siguientes cuestiones.
Algo así, dice, uno no se acuerda de estas cosas.

Y allí te ves contestando al puto "number"; a cada una de sus preguntas.
La encuesta dura poco, menos mal. Al final la máquina te da las gracias (mucho más agradecida que cualquier electrodoméstico de los que se tienen en casa, las cosas como son) y finalmente cuelgas.

Bueno, piensas, ya está. He sido un cliente bueno y les he hecho la puta encuesta de calidad. Ahora que cumplan ellos su parte.

Un minuto más tarde entra un mensaje en el móvil. Es de...

¡El teléfono de 3 cifras!

El mensaje dice algo así como: "Gracias por utilizar nuestro servicio. Estamos aquí para ayudarle".

Me eché a reír mientras mascullaba: ¡Hijos de puta!



jueves, marzo 19, 2009

La risa que cura

Con esta crisis que continúa dejando en la cuneta del paro cada día a más amigos (de los enemigos ni me preocupo).
Con estos telediarios escabrosos que abren la agenda informativa con sucesos lamentables pero no relevantes.
Con estos políticos tapándose de mala manera las vergüenzas (las que les quedan).
Con estos líderes religiosos propios de la Edad Media, de tiempos oscuros, de "olor a manío".
Con estos banqueros generosos que no atienden las llamadas, las peticiones ni aceptan pagarés porque no les sale de los huevos.
Con esta manera de endeudarnos entre todos garantizando no sé qué solvencia de empresas que se van a pique y a la vez reparten comisiones entre sus directivos.
Con este pacto por bajarnos todos el sueldo (los curritos, vaya), otra vez el esfuerzo de "entre todos" reducido a la clase trabajadora.
Con estos líderes de opinión intentando llenar espacio en el medio a base de conectar con la Bolsa una y otra vez.
Con todo este panorama me entrego, como siempre, a la risa.
La risa que cura:
La parodia de José Mota
El sarcasmo de "El Gran Wyoming"
La excentricidad de Flipy.



La acidez de Ángel Martín
La paranoia de Muchachada Nuí
O el buen rollo de Pablo Motos
Y la energía de cualquier cómico que se sube a un escenario.

La risa me cura, Dios te salve, risa, a tí.



La respiración contenida

De un día para otro vino la hostia y cortó la respiración. Un virus malo, malísimo, llega, se expande, mata, colapsa. De un día para ot...