lunes, febrero 10, 2014

Premios Goya 2014: La lágrima del alacrán

Comenzaba la gala de los Goya a lo grande: cerveza y palomitas y con las barbas de Hovik asomando por la mosca de La1. 
Hovik estaba nominado a mejor actor revelación por "Alacrán enamorado". No se lo llevó, pero no pasó nada. Al menos no tendrá que aguantar las coñas que Buenafa pergeñará para Berto Romero. Dos cómicos, comicazos, en una sala repleta de peña con años de método, escuela, formación académica. Chicos, para mí que lo habéis petado ya de entrada.



Manel Fuentes estuvo correcto con su guión ClubdelaComedia año 1999. No me cansó, vaya, pero tampoco me hizo reír ni vibrar. Digamos que pasó desapercibido. Aunque los sketches sobre las pelis siguen funcionando, Dios sabe el porqué.

Los chanantes pasaron del After Effects para fabricar en directo una suerte de premio Goya a la peli inexistente, con final apoteósico de Joaquín Reyes like Femen

Los premios fueron cayendo más para las brujas de Álex de la Iglesia (sobre todo los técnicos) y para otras pelis. Pero poco a poco empezó a vislumbrarse que ganaba la de Trueba, el pequeño, el que salía de obsesivo espectador en "Los peores años de nuestra vida", el que se acordó de Ariadna Gil en los agradecimientos, el que abrazaba a su cuñada y hablaba con una serenidad propia de un filósofo noruego retirado en el bosque.

Hubo "goyas" emotivos: Terele Pávez recibiendo un baño-homenaje de la platea, Javier Cámara disfrutando en estado de shock y los revelación, que siempre se enrollan porque aún no les falla la memoria. 

Alegría de ver a mi doblemente nominado profe de guión, Alejandro Hernández, recoger junto a Mariano Barroso el goya al mejor guión adaptado. También me alegró recordar cuando me dijo: "Escribes de puta madre" (acepten un poco de sana vanidad).

Antonio de la Torre no se llevó nada, pero sabe que está muy arriba. A lo peor le toca ya esperar como a tantos otros: Sacristán, Juan Diego...esperemos que no.



Lo peor de la noche, sin duda, fue el numerito musical (no los de Dogherty, que anda el tipo muy suelto y fresco) sino ese en que como es un poco de coña se puede cantar no mal, sino muy mal, no saberse la letra y transmitir la sensación de que aquí se trabaja poco y mal. 

Me alegré, por otro lado, del premio a Venezuela por "Azul y no tan rosa". Por mi amigo radiofónico, cómico y metalero Elvis. Por ver que vinieron ciento y la madre a recogerlo, porque ahí había ilusión. Lo contrario que me pareció lo apático del premio europeo, que lo podrían quitar, la verdad. Para esta gente los premios Goya deben ser como el amigo invisible o algo así.

Esta humilde crónica que leerán cuatro gatos (gracias gatos por leerla, disculpad los que os ofendáis llegado a este punto; es una expresión, sin más, sin intención, sin drama), podría acabar aquí, tampoco es un inventario de lo ocurrido, son notas, reflexiones, cosas...

Pero lamentablemente no. La piel de gallina se me ha puesto al reconocer a una conocida de la época esta del instituto, de cuando te ibas de litros, de bares, de noches inciertas, en el apartado "In Memoriam". Nunca tuve mucha relación con ella, de hecho la última vez nos evitamos en una tienda. Habían pasado ya muchos años desde que coincidíamos en algún grupo de colegas. No supe nada de ella en los últimos años. Molaba su sonrisa. Molaba cuando te contaba cosas de su curro de guionista. Creo que me molaba aquella época incierta. 
En fin, esta crónica acaba con lágrima. Una lágrima por Montse y un abrazo a su marido, hijos y demás familia.

A veces la vida es como la lágrima de un alacrán.



martes, noviembre 19, 2013

El humor está en el aire

Anoche se estrenaba "En el aire", la nueva aventura del gran Andreu Buenafuente en LaSexta (Atresmedia).
Volvían algunas señas de identidad de etapas anteriores, volvía Berto Romero a su lado. Y volvía el monólogo inicial repasando la actualidad.

Hoy, esta mañana, anoche mismo vía redes sociales, ya comenzaban las primeras críticas, las primeras subjetividades, respetables y adorables.

Los que más cera recibirán serán (no podía ser de otra manera) los nuevos colaboradores. A todos nos gustaría estar ahí y eso, quieras que no, enciende la ira y la "bifidad lingual". Sin embargo, dada la presión de trabajar al lado de los grandes, su estreno fue más que aceptable.

Es muy difícil ser original, es muy difícil llegar a todo el mundo, esto ya se asume de entrada. Pero la apuesta por hacer un programa en directo ya es digna de todo elogio, en esta televisión actual donde la postproducción te arregla un programa o convierte diez brutos anodinos en un producto de entretenimiento casi de culto: véase "Un príncipe para Corina" (Cuatro, Mediaset).

La tele actual, y más los programas de entretenimiento, practican la apropiación audiovisual, mostrando a través de su pantalla hallazgos más o menos graciosos o impactantes en el maremágnum global. Las nuevas tecnologías permiten encontrar vía internet un número inagotable de "tontás" a las que sacar partido a través de la televisión. "En el aire" también utiliza dichos hallazgos con mayor o menor fortuna, porque si bien es evidente que hay muchos hallazgos, también lo es que los usuarios de la red están de vuelta de casi todo.

Todo esto para decir que más allá de la apropiación audiovisual, con vídeos o fotos más o menos graciosos y más o menos bien comentados y más allá de los chistes que pasarán de brillantes a correctos y de correctos a brillantes constantemente, el humor del nuevo programa de Buenafuente está en el aire.

Anoche me senté a ver el programa y el simple hecho de ver a Andreu y a Berto replicarse, interrumpiéndose, mirarse ya generaba un universo humorístico reconocible y perpetuo. Por eso, todo el equipo de "En el aire" estará hoy currando a tope para sacar el programa adelante, para mejorar y despertar el interés y la risa de todo el que se siente delante, porque el "core" es muy potente.
Porque el humor de esta gente se siente y está en el aire. ¡Y esta noche más!







miércoles, marzo 27, 2013

Asun Serra


Uno conoce a Asun Serra y queda tocado con su energía. Su entusiasmo sólo es comparable con su talento en escena y su verborrea. Sí: esta mujer no para de hablar.
Conecta palabras, adjetivos y entonaciones de voz como nadie en el mundo mundial de todos los mundos posibles reales o inventados, cristianos, ortodoxos o marxistas.

A Asun le cuesta escribir los textos en papel. Dice que los imagina y los vomita en la cocina, en el coche o donde haga falta hasta subirlo al escenario y deleitar con su frescura a los que están al otro lado del micro. Y se obliga a inventar siempre, a no quedarse con lo que funciona ya, a disfrutar con cada línea nueva que tira al aire, a veces hostil, que la escruta.

Va de “maru”, de comprometida, de loca de atar. Pero sobre todo va de acá para allá. Y ahora, después de leer su sencillo y emotivo libro “Mujeres de alas rotas”, creo saber por qué.
Asun Serra busca sus alas, aquellas que tuvo y que ahora nota haber perdido a pesar de todo lo bueno que tiene.
Por eso es capaz de chuparse 500 kilómetros en una noche; llevar gafas de sol cuando aún no ha salido éste; subirse a un pub; llegar a besar a su pequeña; dormir lo justo; ducharse y salir de nuevo con el coche rumbo a no sé qué otra movida. Todo por encontrar sus alas.

Triunfó en su momento en la radio, luego hizo las américas, con tiros de por medio y tocada de vida sin envoltorio ni tenedor. Hace unos años pensó que esto de los monólogos podría funcionar y se lanzó a ello. Por medio se le cruzó la televisión, donde revolucionó y fue el alma máter (nunca mejor dicho) del programa “La tarde con Cristina” en la tele de Castilla y León.

Con tanta fuerza se lanzó que gana todos los certámenes que se propone y pierde también estrepitosamente aquellos que vienen cruzados por no se sabe muy bien qué maldades o asincronía emocional de la artista con la vida.

Esta chica promete y consolida, achucha y se relaja, compra pan y bebe cocacola. Es un ángel con alas, pero creo que no lo sabe.

lunes, febrero 18, 2013

Premios Goya 2013 – El ánimo de un guión desanimado


Me gusta ver los Goya, también para criticarlos, pero no sólo. También los veo porque me gustan sus momentos emotivos,  por ver a algún premiado que pronosticas subiendo al escenario y por simple curiosidad.



Esta gala ha sido bochornosamente larga. No sé si ha sido así crono en mano, en mis neuronas sí. He bebido lo justo para llevarla lo mejor posible: lo juro.

El guión endosado a la habilidosa Eva Hache estaba muy poco trabajado, parece que les pilló el toro de Blancanieves. Los chistes eran de premisa infinita y remates previsibles. Tediosos también en su machacona insistencia política: los chistes de política necesitan de más vueltas para llegar a ser siquiera ingeniosos. Mal, muy mal.

Para colmo, todo el mundo haciendo el chistecito del “sobre”, que se vengó con la jugarreta “ugartiana” a la mejor canción: impresentable error y gestión posterior del mismo.

El discurso del “jefe” de la Academia, aparte de la disculpable capacidad oratoria, fue en una línea victimista muy habitual. Ver tanta burguesía rasgándose las vestiduras da un poquito de vergüenza ajena, la verdad.

Por eso nos rendimos todos a la frescura y visceralidad de Candela Peña, que recibe un Goya y denuncia su propia precaria situación, esa sí, nada burguesa. Por eso se nos atraganta tanta cita a los recortes, tanta alusión facilona que derrite la protesta. Pocos activistas había en la sala, que no lo sean, por favor, ese ratito que suben ahí: no nos lo creemos, vaya.

Eso sí, que cada uno diga lo que quiera, como apuntaba Fernando Trueba antes de aguantar, con absoluta serenidad (ya le ha pasado más veces), cómo las nominaciones a “El artista y la modelo” se quedaban en eso, que no es poco.


Gracias a tanta proclama y gracias al pobre guión, la gala no ha tenido ritmo desde la primera frase de Eva Hache. Ni los “chanantes” se libraron del atontamiento general. Me imagino que el director/realizador tendrá algo que ver en todo este mal fregao.

Tampoco entiendo esos planos generales donde la gente se levanta para ir a mear, sube escaleras, se come medio encuadre, como si aquello fuera un vídeo de “Mi gran boda gitana”.

Pero el momento que me ha dejado estupefacto ha sido cuando Eva Hache se ha puesto a hacer un monólogo sobre el original tema de ¡los móviles!
No sé si estaba tirando de material de su época de bolos mal pagaos al ver que con el guión aprendido “pinchaba” o fueron los guionistas los que tiraron de su material antiguo y lo maquillaron un poco para actualizarlo. Que va a ser esto. Penoso.

Como penoso fue ver cómo se dirigía a cada uno de los nominados a mejor película con un texto que apenas dibujaba una sonrisa de cortesía en los receptores. Ya ni siquiera se molestaron de que hubiera un remate malo. Era simplemente Eva Hache luchando por hacer graciosas unas líneas que podría haber escrito el mismísimo González-Macho.



Como me había puesto con la mala baba casi se me olvida comentar la rabia con que Bayona recogía su Goya (sentimentalismos aparte) tras tanta cera como se da en este puto país a la peña que hace taquilla.

También se me olvidaba comentar cómo he gozado con el speech de Concha Velasco, todo preparadito y lleno de vitalidad y verdad; cómo he entendido el bloqueo de Fernando Guillén Cuervo, que sólo tenía que decir “Y los finalistas...” y poco más, cuando segundos antes su hermana mencionaba a su padre fallecido; y cómo me mola ver a Macarena García, a Joaquín Núñez y a Julián Villagrán con el cabezón al lado.

También me alegro que “Tadeo” haya tenido su reconocimiento, porque estas producciones se las traen. La animación es un terreno difícil y lleno de generosidad por parte de los que curran ahí.
Y eso, animación, fue lo que no tuvo esta gala, a la que sólo le faltó que hubiera salido el ministro medio borracho y contando chistes sobre Ana Mato.



domingo, septiembre 30, 2012

Extremoduro ya sabe tocar EnVivo

Cuando los Extremoduro sacaron el anterior disco, "La ley innata" (2008), Robe Iniesta de mi vida dijo algo así, perdón por las comillas porque no es literal: "Ahora ya hemos aprendido a tocar".

Anoche, 29 de septiembre de 2012, ante más de 40.000 personas de todos los palos, camisetas y edades (muchos de esos se podían haber quedado en su casa actualizando el tuenti, también te digo), Extremoduro demostró lo que sabe y ha aprendido a hacer.

No tenían que demostrar nada. Podían haber seguido tirando de multitud de éxitos y hubieran tenido botando al personal durante el maratoniano concierto (3 pases en más de 2 horas y media de recital). Pero no. Siguen explorando y agudizando el ingenio; siguen buscando el sonido, más depurado, más sincronizado; más enteros que nunca.

Anoche Extremoduro lo reventó, por supuesto que sí. Pero lo reventó haciendo valer no sólo la experiencia de años acumulando adeptos, creando leyenda, lanzando himnos. Lo reventó haciendo un derroche de virtuosismo, de puesta en escena, de regalo para las masas.

Su rock, el rock de anoche, lo coloca para este escribiente (para muchos ya lo sería), como el mejor grupo de rock español de la historia.



La entrada, la de estos absurdos festivales carentes de indignados que metan a los organizadores sólo 10 minutos a dormir en sus anegadas tiendas; salteados de organizadores que no saben identificar quién en su cliente y le empujan a la mínima y del "da igual que llueva. Sois muy majos y aguantáis"; la entrada, digo, valió la pena comprarla sólo por estar allí disfrutando de un excelente show que deja muy por debajo, extremadamente por debajo, a otros grupos que surgieron tras su estela, y otros que surgieron de estos otros. Y esto es lo más preocupante: la gente se hace una web antes de aprender a tocar la guitarra, y busca fechas antes de tener algo interesante que decir.

Extremoduro percutió de siempre las nalgas de los más escépticos, ahora, además, ya sabe tocar en vivo.




lunes, enero 30, 2012

Juan Carlos Córdoba: Ni pies ni cabeza

Toparse con este cómico de pasado sorprendente es toparse con una mueca de sonrisa y una mirada de “chaval, lo que se me acaba de ocurrir”.

Sí, Juan Carlos Córdoba tiene el humor en el coco. Tiene coco, vaya. Destroza cualquier estadística de frases bien enredadas, la mayoría con dos capas de grasa urbana y filosofía aconfesional.

Se sube a la Joy como a la tarima sostenida por cajas de botellines vacíos. No es que no le dé respeto, es que tiene temple. Porque está de vuelta de todo.

Escribió hace unos años ya, no muchos, en 2008, una novela: “Ni pies ni cabeza”, donde describía y descubría algo de su etapa viviente anterior. Sí, la que le llevó a realizar un ajuste de cuentas muy particular: entre cachondo y melancólico, amargo y directo, visceral y sentido. Una historia con final feliz y sabor agridulce. Quizá una historia necesaria para exorcismos varios. Y además, una historia la mar de entretenida.



Sí, su historia. La misma que nos cuenta cada noche que se sube y quita el pie del micro, como Juanito Oiarzábal el suyo (él lo cuenta mejor). La historia del que no renuncia a pasarlo bien en esta vida y que está en estado de gracia. La misma que le tiene que hacer a su tocayo Juancar que le tenga debajo de la almohada.

El proceso en Paramount Comedy es un proceso complejo que tiene muchas aristas. La gente que disfruta de un monólogo por el canal de televisión o en directo en la sala solo ve, y así debe ser, el resultado final. Pero detrás hay mucho curro, de mucha gente.

Córdoba es capaz, ante toda esta red de redes que se tejen durante una grabación, de salir al escenario, soltar su texto, que la peña ría y aplauda y conecte al segundo y encima permitirse el lujo de hacer referencia a los textos de sus compañeros de tablas ese día. Ir y volver, salirse y regresar, reforzado, inmenso, con la sala entregada, uhalaaa!

Una lección de comedia para muchos, una razón más para odiarle de otros.




Este es Juan Carlos Córdoba. Cuando te lo topes tendrá una mueca de sonrisa y una mirada de “chaval, lo que se me acaba de ocurrir”. Lo mismo es un chiste sobre ti. Es así. Uhalaaa chaval!


viernes, octubre 14, 2011

Pablo Gime: El Verbo

Hablar de Pablo Gime es hablar del Verbo.



Pablo es un no parar. Tiene un verbo insano,
-atrevido,
-jocoso,
-tremebundo,
-sórdido,
-casposo,
-cañí,
-gato,
-grotesco,
-soberbio,
-innato,
-metalingüístico,
-rapaz,
-veloz,
-perpetuo,
-eterno,
-hilarante,
-actual,
-posterior,
-precoz,
-natural,
-sabido,
-recóndito,
-salaz,
-aplaudido,
-sorprendente,
-maravilloso,
-único,
-mordiente,
-propio,
-descabellado,
-infame,
-bestial,
-rápido,
-ágil,
-caótico,
-sagaz,
-atrevido,
-ocurrente,
-gestual,
-lírico,
-simiesco...

Pablo Gime adorna cada frase, matiza la oración, le da gesto, pose, pausa. Acompaña la reflexión. Le da textura al hecho mismo del humor. Crea risa, provoca comedia.

Charlar con Pablo es pedir a Dios una cámara de vídeo y una toma larga para que quede todo tal cual sucede: con su tercio, su cigar, su mirada, su gestito, su voz.

Estar con él es estar en la laguna de la comedia pura. Sacar de la roca la Excalibur de la parodia. Encontrar la piedra filosofal: tener respuesta para todo a un ritmo infernal. Encadenar chistes, rimas, comentarios, neologismos, comparaciones odiosamente buenas. Relacionar el antes y el ahora, llenar de tréboles de cuatro hojas la llanura de la rutina, inventarse una religión atea y segada de iconografía barata.

Buscar un diezmo para este proxeneta de la humorada, que nos explota como los malos en las películas: con honor y glamour.

Pablo Gime no tiene texto, crea evangelios cada quince minutos. Rodea, atrapa, cautiva.

Uno se hace correligionario de su extraña carrera cómica. Abandona sus sentidos y venera al creador.

Pero Pablo Gime, además, es un buscavidas sin sueldo, es el tipo que en los western te cuenta su azarosa vida: lo mismo un cigar con Natalie Portman que una sesión con Resines; que una anécdota con el coronel o con el mango de una gasolinera.

Una vida marcada por la supervivencia, por la cuerda floja, por el estrés del control parametrizado, por las dudas, por el arrojo y por el convencimiento de que John Wayne está de vuelta y eso neutraliza a cualquier indómito pardillo que se acerque a curiosear.

Con Pablo Gime puedes llegar a parar el coche porque te mueres de la risa. Utiliza el bucle como nadie, marca tendencia y destroza cualquier método cognitivo sobre el humor. En definitiva: Nos deja a todos a la altura del betún más adiposo y negruzco.


En la comedia hay sitio para todos, pero siempre, ese sitio, lo ha dejado libre Pablo Gime para tí.

Él es Pablo Gime. Él es El Verbo.