lunes, agosto 13, 2018

¡Hasta el lunes Cordobita!

Escribo esto para mí, porque lo necesito y porque necesito hacer público lo que supone este tío en mi vida. Juan Carlos Córdoba abandonó este mundo lleno de proyectos, ilusiones y felicidad. Y lo hizo de forma repentina e injusta (lo repentino siempre está peleado con la justicia).



Este último año, como compañero y amigo, establecí con Cordobita un vínculo que continúa ahora y para siempre, un canal de comunicación y cariño como nunca había tenido en el mundo del guión, la comedia, la risa.

Todos los recuerdos que tengo con Córdoba son recuerdos felices. Su media sonrisa picarona y esa mirada de "qué bien me lo paso aquí en esto de la vida" nunca podían llevarte al mal humor.

Nos conocimos en el último nivel del curso de Stand Up Comedy que daba Luismi en la Garibaldi de Madrid; era 2010. Y creo que nos caímos bien al instante. Él andaba ya con Joseba compartiendo bolos mientras preparaban una hora para ir solos. Y aprovechaban la reunión de cómicos para contar las anécdotas que les pasaban. Te partías. La tiraba y luego te miraba a ver si había calado la gracia. 

Apostó por mí como nadie. Siempre tuvimos un rollo especial. Recuerdo cuando me dijo por Facebook que era al único al que permitía que le etiquetara donde me saliera del rabo (podéis buscarlo, por ahí anda su comentario). O cuando en una prueba para Paramount Comedy en la Joy Eslava de Madrid, allá por 2012, donde coincidí con nuestro queridísimo Raúl Navareño, él dijo: "Yo he venido a ver al heavy" (había ido a ver al Nava). Unos meses antes, en 2011, había sido al revés: fue su primera grabación para el canal. Lo reventó el muy cabrón y luego nos invitó a unos cuantos a cenar algo.

Coincidimos en algunas movidas, aunque no nos veíamos mucho. Cada uno con sus bolos por aquí y por allá. Como en aquel concurso de la cadena SER, en el que estábamos ciento y la madre de cómicos y que ganó. "No me lo merezco. No he sido el mejor". Y luego se pagó "unos pelotis". 

Él era así. No se casaba con nadie y te soltaba lo que fuera tal cual. Con la misma facilidad verbal con la que tiraba sus chistes, sus zascas y sus comentarios graciosos siempre que le tenías delante. Una máquina de hacer reír, eso es lo que era.

Me regaló su libro "Ni pies ni cabeza". "Otro día te lo dedico, que no tengo boli". Y así se quedó la novela, sin rúbrica. Me lo leí y por ahí hice una reseña. "Escribes muy bien", me decía. Curioso al menos. Él. Que lo hacía todo, todo guay y siempre antes que yo.

Un tío con un corazón enorme. Cada vez que nos veíamos siempre se interesaba en qué punto estaba mi carrera y cómo echarme una mano. Uno de los peores fines de semana de mi vida me fui a presentarle a La Chocita del Loro de Hermosilla y luego nos tomamos unas cañas. ¡Qué a gusto está uno con Córdoba!, pensé.

En septiembre de 2016 coincidimos en Talavera, en un evento benéfico para la Fundación Gomaespuma. Me escribió unos días antes: "Tío jevi. El 11 nos vemos!!". Y aprovechó la ocasión para prometerme algún contacto. "Porque te quiero", me decía. A mí se me abría el alma, claro.

Cuando le pillaron para el programa "El Intermedio" me alegré un montón y se lo hice saber. Llegué a hacer una foto a la pantalla de la tele cuando al final salía su nombre y se la envié. "Uhalaaaa no sabía ni que salía en los créditos jajaja", me contestó. Muy grande este Córdoba.

El año pasado el que estaba en proceso de entrar en "El Intermedio" era yo. No le dije nada, se enteró un día antes de que enviara la prueba, cuando nos vimos por casualidad en el Beer Station: local de comedia, fingers de pollo y encuentro de humoristas. Cuando fui a hacer la entrevista me dijo: "Te van a coger. Me jodería equivocarme". Y me cogieron. Fue al primero al que le envié un whatsapp y me contestó: "Me he emocionado". Así era él.

No paró de ayudarme. Desde el primer día con el "¡ese heavy!" con el que me daba los "buenos días" y que se convirtió en mi sobrenombre en toda la redacción. "Heavy" para todo. También me regaló toda una suerte de salidas: "Te como lo negro. En tu caso la camiseta de los Kiss", "qué hijoputa", "eres muuuy bueno". Y yo siempre: ¡Gracias Cordo, gracias Cordobita! Era genial estar y trabajar con él.

Si de algo me alegro entre tanta tristeza es de no haberme quedado sin decirle mil veces "gracias". "Lo hago porque eres mi colega", me decía, como quitándole importancia. Comimos cocido juntos, estuvo en mi autofiesta-aniversario en la comedia, fui a su último cumple, y le despedí  entre lágrimas rodeado de gente y con algo dentro que todavía no me deja encajar la ausencia. Amigos, compañeros, familiares y todos, además, fans de Córdoba. Sí: eso lo consiguen pocos.

Nos ha dejado tocados: a los que tenemos ya goteras y a los púberes. Todo ha hecho crack y sabemos que ya nada es igual. Ahora los kilómetros y la fiesta, los textos y retextos, los pinchazos y los egos tendrán un ruido de fondo, un eco que recuerde el enorme lugar que ha ocupado.

En una de nuestras conversaciones le comentaba que me hacía gracia que entre los cómicos muchos se llamaban "hermanos": "tal es mi hermano", "el otro es mi hermano", "Pepito Pérez es mi hermano". Y que a mí me parecía un poco mierda. Le decía: "Yo en el mundo de la comedia tengo colegas, que les quiero mucho, pero no son mis hermanos. Hermanos ya tengo muchos, no me hacen falta más". Y él se reía con esa risa que tenía de pasárselo de puta madre. Pues me equivoqué, Córdoba, Hermano.

¿Quién me va a decir ahora "ese jebiiii"? ¿Quién me va a cuidar cuando esté de bajón? Y, sobre todo, ¿quién va a retuitear ahora las tonterías que escribo? ;)

Dejamos pendiente el show matinal en el Beer para contar a los niños lo que los padres no se atreven a explicarles. Sólo creamos el grupo de whatsapp con el Nava. Todo se andará. Los que nos quedamos intentaremos ser felices por ti y, recordando tus chistakos, también gracias a ti.

¡Hasta el lunes Cordobita!




viernes, marzo 09, 2018

8Mujeres


-¿Sabes quién se ha muerto? Se ha muerto Yayi, la del tercero, la hija de la Juli, la que peinaba a tu tía en las bodas, que era rubia así grandona, con el pelo revuelto, un poco sucio, que siempre iba andando como espatarrá, con un vestido más feo, así como viejo, que cuando se subía con nosotros en el ascensor tú decías que le olía el culo a mermelada de melocotón, que era un poco bizca y gritaba mucho por el patio y salía por la noche sabe Dios adónde, que decían que tenía un querido que le daba dinero.

Sí, Yayi. La que fumaba como un carretero que tenía la voz así ronca que parecía que te iba a escupir un gargajo del tamaño de una pera, que su hermana, la mediana, iba al cole con tu hermano, que era una vaga, que siempre estaba pidiéndole los apuntes y venía a casa al cuarto y estaba allí horas, que salía tu hermano de vez en cuando a beber agua y decía que ella no se enteraba de nada de las matemáticas.

Yayi sí. La mayor de las tres hermanas, que su madre, la Juli, trabajaba en la embajada de Holanda, y se las daba ella de fina, y lo que trabajaba era limpiando las escaleras, que venía con las manos agrietadas y oliendo a lejía que tiraba para atrás.

Que su padre estaba todo el día quejándose porque había pillado cosa de los bronquios de fumar y de trabajar con la ferralla, que eso es malísimo y te puedes morir y todo, porque te deja hecho polvo. Que le compraba el padre a las hijas gominolas y a ti te daba de vez en cuando alguna si te veía en el portal.

Yayi. Sí. Con unos zapatos de tacón que se ponía, altos, altos, que parecía que se iba a caer en un bordillo. Alta, con una sonrisa grande, los labios muy rojos, que cuando llegaba tu abuela del mercado siempre le ayudaba a subir la compra, que le decía que ya no estaba para empujar carritos y a tu abuela le daba por llorar y secarse con el pañuelo que tenía con las iniciales del abuelo.

Yayi. Que no paraba de comer pipas los domingos, que se oía por la terraza el cracrá, y veías en el jardín el rodalico que formaba. Que su hermana la pequeña se casó muy joven y embarazada que salió desde aquí para la iglesia con más pena que otra cosa y su padre serio, serio, que parecía que le iba a dar un perrengue. Y luego se separó enseguida y se vino aquí con la madre, que el padre ya había muerto y no les había dejado ni una paguica de las deudas que tenía, y estuvo luego junta con uno del otro bloque que parece ser que vendía droga dura o porros y le metieron en la cárcel y ya no supimos más de él.

Yayi. Que venía del hospital todas las noches rota, de cuidar a su madre y se quedaba otro rato en la calle, hablando por teléfono, que se oía desde aquí. Que puso una tienda hace poco, hará dos años, de complementos, ¿en la calle donde vives tú? pues enfrente, que yo iba mucho para regalos para tu hermana y siempre me daba un detallito, un brochecito, un pañuelo, algo. Pues la pobre se ha muerto. Se conoce que estaba muy mal. ¿Te acuerdas ya, hijo? ¡Yayi!

-¡Ah, sí! Ya me acuerdo, sí, sí. Claro. La del tercero.




Me sacaba 8 años. Yo tenía 7 y ella 15 cuando me miró a los ojos y me dijo:
-Eres muy guapo. Te has ganado un beso.
Me quedé helado y rojo cuando me lo dio. Todos los días de mi vida recuerdo ese momento y por supuesto a Yayi, la del tercero, la hija de la Juli.







jueves, abril 27, 2017

Jaime Caravaca: vivir comediando...

Grandullón pequeño, juguetón, serio, Jaime Caravaca, agarrado a un cigarrillo que chupa como si fuera un pezón deslechado, vive comediando. La comedia siempre en su cabeza. Bueno, eso y los revolcones que se pega siempre que puede. 

Friki de casi todo, transformista, cabaretero del humor, despliega todo su arte en su casa, con su Murcia Comedy Club, que es más que un Comedy Club, es una experiencia total y única, lo que ahora llaman una experiencia 360º. 



Jaime te cuida, te regala y te arropa. Entiende, escucha y aconseja. Goza, sufre y te libera. Jaime es un chamán en un mundo más gañán. Desde su Murcia ambigua y sus contradicciones de amor-odio hacia aquella maravillosa región, tan denostada por listillos de ciudad que no hacen reír ni resbalando con piel de plátano, Jaime se extiende por allá donde para: locales, amistades, contactos, risas, burguers, vídeos virales, colaboraciones, manos izquierdas, a la espalda, con dagas, con miguelitos, con fuerza, con rencor. Jaime es España, Estado Español, República federal de cómicos.

Con su pinta de Peter Ustinov en Quo Vadis, sus rizos, sus chaquetas, sus uñakas y ese tattoo de Queen que tanto me mata, cantar junto a él "Don't stop me now" ha sido de lo mejorcito que me ha pasado, rodeado de chupitos y energía en La Urbe del Kas.



Jaime lo peta con su zapping doblado pero le quita importancia. Lo peta con su presencia y saber estar encima del escenario, pero le quita importancia. Jaime es grande, crack, puto amo, figura, artista y todas esas cosas que recibe un cómico a modo de tópico piropo. Pero lo mejor es irse de compras con él al centro comercial, como salido de una peli de Kevin Smith o Judd Apatow pasea su cuerpazo de tela negra y su bolso cruzado como una Señora Doubtfire del Metal mientras se deja atraer por peluches de Pixar o Disney o videojuegos en oferta. Todo desde la más absoluta felicidad. 

Jaime vive comediando: trabaja sin parar para generar trabajo, edita, compone carteles, lleva, trae, viaja, hace minutos, presenta, hospeda y además es un público brutal, cosa rara en un cómico. Disfruta del texto de otros como si de un fan ejemplar se tratase. Y todo esto sin correr. No le he visto correr en mi vida. Siempre pausado, siempre parsimonia, con su estrés encerrado en su corazón y esa sonrisa pícara que hace que todo sea más fácil. 

Jaime Caravaca es indispensable y le sobran codos e indiferencia para seguir siendo referencia allí donde va, porque es todo lo contrario a mediocre y eso siempre triunfa, sobre todo, si vives comediando...









jueves, marzo 02, 2017

Disparen a Darío Adanti

Darío Adanti, ilustrador, dibujante y HUMORISTA, así, con mayúsculas, ya que así se define y etiqueta él mismo. Le costó encontrarse pero ya lo sabe, es humorista. Hace humor. 


"La sátira que no ofende no es sátira, sino crónica de actualidad"

Darío acaba de publicar "Disparen al humorista" un manual sobre el humor en formato cómic, cómo no, donde abordar temas tan traídos últimamente como los límites del humor, pero también temas como qué es el humor, la risa, la comicidad. Temas que entroncan con todas las disciplinas: psicología, filosofía, historia, lingüística...



Darío ha recopilado mil notas (nos enseñó algunas) de mil lecturas. Porque este apasionado del verbo y la agilidad mental es un veterano lector, un devorador de definiciones, disquisiciones, aproximaciones a todo y a nada. Porque Darío nos propone y levante el acelerador para volverlo a pisar. Ese relativismo, esa negación-afirmación nos hace ver en las páginas de "Disparen al humorista" una propuesta abierta a pensar antes de hablar en este mundo tuitealizado donde la opinión no llega a eructo de ideas y donde seguimos necesitando reflexión.

"Los hechos felices no necesitan del humor para poder afrontarlos"


"Disparen al humorista" es un libro que debería estar en las escuelas y al lado de cualquiera que quiera dedicarse al humor o se dedique ya (aun triunfando) si el ego le permite leer otros puntos de vista.

"Primer mandamiento del humor: Buscarás siempre el chiste" 

En este manual hay algo que pervive en el transcurso del relato, de los relatos. Porque siempre que nos expresamos decimos más de lo que queremos decir. Intuimos no sólo un ejercicio de exorcismo del miedo que produce que alguien te pueda matar sólo por dibujar, cosa presente en "Disparen..." sino también cierta pena porque eso sea así. La búsqueda de qué es el humor, de vincular la risa a lo más intrínseco de la naturaleza humana se antoja una necesidad de reivindicar que dejen en paz al humorista, de lamentar la sociedad y el sistema que aprieta siempre la línea del humor, la trinchera de los humoristas dejando otras sórdidas trincheras indemnes. 
"El pájaro en la mina"

También es una reflexión sobre la libertad y sobre cómo unos a un lado y otros al otro van con sus militantes dogmas presionándola. Da igual el "bando", el "lado", "el color": siempre enfrentado al humor.

En "Disparen al humorista" se pasa del Big Bang a una cáscara de plátano, de Mark Twain a Feynman, Hegel o Darwin; se explican chistes (¡lo que nos gusta un chiste explicado!), se baja a los infiernos y se deambula por cerebros. Todo de la mano del Sr. Cabeza Tostadora, Palito Bonardi, Fabricio y el propio Darío.

Lean y disfruten, pasen y vean, repasen y reflexionen. "Disparen al humorista". Necesario, revelador y placentero viaje al corazón del humor.

"Bienaventurados los que ríen: porque lo cómico los perseguirá"

...nosotros le perseguimos a él.


viernes, febrero 03, 2017

Manu Kas: el humor como espejo

Manuel, Manolo, Manu Kas es ese tío de Vallekas que explotó hasta decir basta eso de ser de Vallekas, como si no hubiera más barrio, extrarradio, oxorradio, extraordirradio, religionarrio, y que tiene razón; porque Vallekas es especial y tiene esa autenticidad que la gentrificación ha eliminado de otras zonas míticas de Madrid.

Manu Kas es ese comediante frágil que se mueve sinuoso sin moverse, haciéndote una cobrita mientras actúa, mientras te las mete dobladas con sus reflexiones sobre el ser humano. Porque Manu no se anda con chiquitas (que también), y explora la naturaleza de eso que llamamos el Homo Sapiens como un entomólogo.

Manu es un espejo, porque habla sin pudor de sus miserias, te hace cómplice de ellas, porque son las tuyas y ríes porque sabes que no hay solución, que esas miserias que te plantea no tienen remedio. Que seremos así siempre, que volveremos a caer, que volveremos a renunciar, que seremos siempre carne de cañón, que no pasa nada, que nos resignamos, que peleamos como insectos ciegos contra lo irremediable.

Por eso Manu se retuerce mientras nos da la chapa, porque se sabe perdedor en la batalla, porque nos habla desde la derrota sin tapujos. Manu nos habla desde el mar revuelto a base de contradicciones, de frases hechas, de abandonos y de desaires. Desde ese mar que no le corresponde ni le quiere pero en el que no tiene otra cosa que hacer que estar, y mantenerse, y pelear, y sentirse ganador aunque solo sea con un micro pegado a los labios a modo de chaleco salvavidas.

Manu es muy grande pero se siente pequeño. Y ahí radica su grandeza. En su pelo revuelto, en su día después, en sus vasos llenos y vacíos, en su melancolía barata, en su pique ideológico, en sus redes, en sus hilos, en su tartamudez de arranque de frase.

Manu Kas dice cosas maravillosas en los textos grabados en Comedy Central (antes Paramount Comedy), que son la punta del iceberg de su talento. Porque Manu, apoyado en la barra, o con un teclado y un chat es prodigioso también, sin cortes, sin matices, sin ataduras. Manu es una bomba de verdad en un mundo sin norte, norteños ni brújula que entienda de humor.



Manu te pone en tu sitio sin pretenderlo, porque siempre está como de favor, como de paso, como sin merecerlo en un mundo lleno de perros de presa, de nauseabundos textos de mierda de animales que se extinguirán por inútiles. Manu es un lobo solitario buscando amor en un whatsapp lejano, un buscador de oro que espera la hora para ir al bar a contar sus lances, un buhonero de los pueblos deseando parar.  Manu Kas es ése, ese tío de Vallekas.




miércoles, enero 18, 2017

Buscando la Comedia: el documental

Martes 17 de enero. Interior. Noche.
Madrid. Cine Acteón. 
Estreno del documental "Buscando la Comedia". 



Llegamos a la puerta y aquello es peor que una boda, en el buen sentido. Es un no parar de saludos cercanos, abrazos, besos, presentaciones, manotazos al aire de los que están a unos metros y a los que no vuelves a ver en toda la noche. Se estrena en Madrid el documental de Carolina Noriega. Lo decimos así porque es el alma máter de todo esto y porque nos ha invitado amablemente, cosa que agradecemos desde el mismo alma.

Charlie Under nos pone una pegatina con su perenne sonrisa de sobrino malote y entrañable. Maika Jurado nos abraza. Luego, tras terminar el pase nos volverá a abrazar y contará que pensaba que el estreno era el miércoles, que ella había venido al cine a llorar con la de "lalalán" y que le extrañaba que tanto cómico hubiera decidido ir ese mismo día también al cine (esto es encontrar la comedia).

La sala está bastante llena, petada de cómic@s. Hay tanto ego allí reunido que tememos que pueda reventar el patio de butacas. Pero no. Hay ilusión y expectativa por lo que va a ocurrir, que se antoja bello y necesario.

Luismi, David Navarro, Raúl Navareño, Susi Caramelo, David Cepo, Gustavo Biosca, Jorge Guerra, Nene, Agustín Jiménez, Marielena y Juan de la Choci, Toni Cano, Víctor Parrado, Maru Candel y otros mil más andan de aquí para allá o tomando asiento.




Mientras, un tipo con un saxofón monta un show lleno de energía y buen rollo que hace plantearse a más de uno si lo de la guitarrita ya está de más y ahora lo que se lleva es rematar el show a golpe de viento. 

Sale Carolina, divina, reposada, nerviosa y feliz. Presenta el documental y nos ponemos a ello. 

El documental presenta, con Charlie Under como hilo conductor, aunque con poca presencia física, las preguntas que alguien que se aproxime al mundo de la comedia con cierto interés por dedicarse a ello se pudiera plantear. Y, a modo de episodios rotulados, una serie de cómicos de mayor o menor recorrido expresan sus opiniones, vivencias y reflexiones sobre ello. 

El contenido es ameno, toca muy de cerca, atina y desatina según el criterio de cada uno y esboza un mapa emocional del recorrido vital de un cómico: el proceso creativo, los miedos, la soledad del cómico, las anécdotas, el dinero, el éxito, la gestión de la vida personal. Todo el drama y toda la locura de este mundo tan apasionante y para el que casi nadie está predestinado a habitar. 

"Buscando la Comedia" intenta mostrar ciertos hilos a través de los testimonios de una gran variedad de cómicos: unos frustrados, otros de vuelta, otros viscerales, en la mayoría diríamos que con un puntito de decadencia sana pero de gusto por la elección, como el que toma un chupito de tequila sabiendo que el gesto posterior no delatará el placer que se siente. 

Cada cómico, sin quererlo aunque quiera controlarlo, se retrata. Se retrata incluso en lo que no quiere que se retrate. Ver a Toni Moog realizando todo su testimonio mientras se hace un tatuaje, al margen de lo que puedan aportar sus palabras, a Quique Macías con su copa de vino en una terraza, a Hovik con su cigarro y su mirada existencial y a la vez tan hepática de la vida, la locura lúcida de Luis Álvaro, las aportaciones impagables de Agustín, Goyo, Josema Yuste o Juan Herrera, la nobleza de Vaquero, la llanura de Danny Boy o Álex Clavero, la frescura de Maru Candel y el rencor sincero más absoluto del gran Gustavo Biosca, que se llevó de calle las palmas del respetable. 

Recogimos del documental mucho menos ego del esperado, salvo casos muy, muy aislados. Buenafuente fue muy generoso en sus palabras hacia los que nos subimos a un escenario. Joaquín Reyes desveló que para su mujer no es un referente o al menos no como para el resto de reyentes

En el documental también hubo mucho de contar todo eso que se come un cómico en soledad: los pinchazos, los kilómetros, los bares malditos, los hosteleros inapropiados, el público hiriente. También hubo mucho de contar que es la mejor profesión del mundo, la más mágica, la más audaz.

Se dijeron muchas cosas. Algunas recogidas así, a vuela pluma (y por eso no se entrecomillan, por no arriesgarse a que no sea literal) fueron:

-Abrir elementos frontera que están entre lo visible y lo invisible. Juan Herrera sobre cómo fijar la vista y hablar sobre algo nuevo.

-Las horas de soledad son muchas horas. (que no recordamos quién lo dijo). 

-Que estés condenao y atao a un maleducado. Sara Escudero hablando de lo difícil que es actuar en ciertos locales.

-Si eres artista y cero pelota tienes la vida hecha. Gustavo Biosca.

-Lo mejor, no madrugar. Carolina Noriega. Sobre cosas buenas que tiene el oficio de comediante.

-Si eres gracioso se abren las puertas del cielo. Agustín Jiménez. Que estuvo muy sabio en todo lo que dijo.

-Mi rollo de pasao y a la vez inteligente y daliniano. Gustavo Biosca sobre su manera de actuar y su ombliguito, dicho sea de paso.

-Para ser cómico hay que ser gracioso, digo yo. Hovik. Directo como siempre. 

-Eres un analfabeto funcional; no vas a aprender de mis chistes. Quique Macías, sobre cierto público con el que es mejor no combatir.

-Yo no puedo vivir sin actuar. Quique Macías en otra declaración de intenciones.

-El escenario es tu zona de confort. Joaquín Reyes.

-El verdadero cómico sólo es cómico. Biosca se enredó aquí en la digresión sobre que si, por ejemplo, eres guionista en un programa de televisión, ya no eres cómico. Podríamos poner unos cuantos ejemplos de cómicos que son guionistas y son cómicos sin ser "sólo cómicos", pero bueno.

El documental, en líneas generales, mostraba algunas carencias técnicas, tanto en lo visual como en el mapa sonoro, pero el contenido era suficientemente potente para que esto pasara a un segundo plano. Destila pasión y mucho esfuerzo y hay que recomendar fervientemente su visionado para entender, sobre todo, qué pasa por la cabeza, el corazón, las ingles y, sobre todo, las tripas de una persona que se dedica a esto de hacer reír subido encima de un palé, un remolque o las tablas de un teatro. Sus miedos, sus atrevimientos, sus soledades y sus franquezas.

Carolina y sus colaboradores pueden estar satisfechos, el proyecto era descomunal. Cerrarlo y estrenarlo habrá sido un dolor. La verdad sólo la conocen ellos. Verdad y Dolor. Soledad y Público. Éxito y Pinchazo. Ego y Compañerismo. Todo esto y más. Eso sí: siempre nos encontraréis buscando la Comedia.

Foto de Marta Malo


domingo, septiembre 18, 2016

Rocktiembre 2016: lo bueno y lo malo.

Rocktiembre 2016 en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Sábado 17 de septiembre. La primera edición del festival fue en 1978 en la plaza de toros de Vistalegre. Ya ha llovido. Aquello se gestó en la mítica sala Silikona.


Comenzamos con un horario algo anglosajón: a las 18:00 amenazan con empezar los Coz. El acceso para los que tenemos entrada para el ruedo consta de 2 o 3 personas cacheo en mano. Resultado: cola de veteranos rodeando al Yiyo, al metro, a los señores agentes del orden y a los puestos de pipas y cocacolas que no venden nada (bueno, cerveza en bolsa sí).

Mazo de peña entra tarde (la culpa es nuestra por no estar allí a las 16:00, seguro) aunque los de la organización han agilizado bastante el paso de toriles.

Al entrar en el ruedo vemos la parte del tendido (o sea, la grada) bastante llena y no sabemos por qué se nos ponen los pelos como escarpias (la piel de gallina para los no metaleros). Sin embargo Coz ya está tocando y el sonido, siendo generosos, es horrible. Aún así mucha gente goza del concierto, porque a lo mejor hace 20 años que no va a un concierto o porque no ve a Juan Márquez hace 40 o porque han venido a pasárselo bien y nadie va a impedírselo.

A las 18:45 Coz se ha retirado ya con el ruedo medio lleno y gente aún entrando y el tendido no demasiado revolucionado. Los minis a 9,5€ van cayendo y la tarde se va poniendo algo fría cuando entran en acción El Pirata y El Mariskal a animar el cotarro (curioso que pincharan un tema de Obús y otro de Maiden y que fuera de lo más coreado por el personal).



Presenta a los míticos Topo con José Luis Jiménez y Lele Laína ex, ambos, de Asfalto. Por supuesto "Vallecas 1996", "Marea Negra" y "Días de Escuela" (de su etapa con Asfalto). Músicos buenos, sonido un poco mejor y mucha gente de 50 para arriba jaleando, fumando porros y atusándose el pelo cano, el que podía.

Tras Topo y ya con ganas de entrar la luna en concierto salieron los chicos de José Carlos Molina: Ñu con el "Preparan". Mejor sonido y buena puesta en escena con la colaboración de Judith Mateo al violín en algunos temas. Como siempre "No hay ningún loco" nos volvió locos a todos y no nos defraudó tampoco el bueno de Molina con su despedida en plan (no me dejan tocar más y esas cosas de ego que tiene el chaval). Así que nos quedamos sin "Tocaba correr".



Ahora salían Asfalto, con todo el grupo en plan boda ibicenca, blanquitos con un rollito como pidiendo Sonorama o FIB a gritos. Reconozco cierta crueldad en el comentario que viene pero todos los grupos de este festival deberían aceptar que el 99% del público pasa olímpicamente de sus trayectorias musicales más allá del 92, cuando la Expo y las Olimpiadas pusieron a España "en su sitio". En un festival me dedicaría a tocar todos mis éxitos de aquella época, la que la gente desde el tendido reclama; la que la gente del ruedo coreará; la que la gente apela desde la nostalgia de lo que no volverá; y se sonríe y queda con gente que hacía tiempo que no veía y quiere su banda sonora otra vez allí, en directo, compartida con los artistas que lo hicieron posible. Todo lo demás es paja.

Asfalto también tocó "Días de Escuela" (no sé si ha pasado alguna vez, pero nos resulta curioso). Derecho tenían, está claro. También sonó "Rocinante", ese tema que siempre nos chirría a pesar de reconocer que es bueno. Y también "Más que una intención" que más adelante versionarían Mägo de Oz en aquel disco de rarezas "Belfast". Estuvo bien, con un sonido muy limpio y actualizado.

Tras Asfalto los seguramente esperados por muchos Barón Rojo. La vergüenza ajena que sentimos en Getafe en el festival "Cultura Inquieta" la volvimos a experimentar esta noche. Primero porque para un grupo que está en ruta constante se hace imprescindible que para este evento, Rocktiembre, te prepares temas que no van normalmente en tu setlist, para sorprender, para flipar, para encandilar a tus seguidores y dejar con igual gusto a todos los que hacía años que no sabían de vuestra vida. Y segundo porque la voz de Carlos de Castro, llena de gorgoritos y con una falta total de garra y presencia escénica hacen que se sufra con cada temazo de estos mitos del rock duro en español. Es lamentable. La pregunta es si no sería más bonito contratar a un vocalista como dios manda, como han hecho otras bandas, que intentar ser un remedo de Sherpa o de ti mismo con muy poco gas. Desconocemos las razones internas pero el público no se merece esto: preferimos un cover, la verdad. Y para hacer un bolo más mejor te quedas en casa.



Y llegó Burning: 10 músicos con Johnny Cifuentes a la cabeza desplegaron el gran show de la noche. De principio a fin hubo rock, estilo, rollings, casticismo y alma en un concierto que mereció la pena corear de cerca. Sonaron, por supuesto, "¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?" y "Mueve tus caderas". Por allí andaban Mariano Muniesa, Óscar de Lujuria y otros ya peinando plata pero con el mismo espíritu de siempre.

Acabó el festival con un Mariskal entregado a las masas y contento de haber conseguido juntar a tanta gente en Las Ventas, con un Pirata también contento y con una bochornosa sorpresa final. Algunos con cierta gana, otros con ninguna y la mayoría sin tener ni puta idea de la letra, se marcaron una canción casi en plan nochebuena del gran éxito de Moris "Sábado a la noche". Ninguno de los que habíamos pagado la entrada nos merecíamos tal despedida, con Cachorro y otros haciendo que tocaban la guitarra y sin orden ni concierto todos. Una falta de respeto. Eso es lo que fue.

El festival seguramente había que hacerlo, seguramente mucha gente disfrutó de lo lindo y solo por ver las sonrisas cómplices de toda la plana de veteranos anoche en la plaza y que pisaron hace más de 30 y 40 años los garitos de Madrid y media España habrá merecido la pena. Todos estos supervivientes de un mundo de democracia incipiente, falta de comprensión de las autoridades y mucha droga mal controlada llenaron el país de buen rollo y ansias de libertad. Solo por eso mereció la pena acudir a este Rocktiembre que tiene que pensarse que no todo vale y que la gente se rasca el bolsillo para ver algo mucho más grande. A pesar de reconocer el gran esfuerzo y lo difícil de levantar algo así.

Bonito el recuerdo constante a ese primer Rocktiembre con fotos de la época y bonito también el recuerdo a Cucharada y Manolo Tena y otros que también se fueron.


Y por encima de todo:
Ahora tú qué pensarás, si cuanto más me oprimían más amé la libertad. 

¡Hasta el lunes Cordobita!

Escribo esto para mí, porque lo necesito y porque necesito hacer público lo que supone este tío en mi vida. Juan Carlos Córdoba abandonó e...