Historia de una cámara 3ª Parte

Quedaban 4 días...

Domingo, día de algún señor, es un día que se hace tremendamente corto. A saber: Te levantas tarde, haces zapping sobre programas de zapping en la tele y te vas a casa de tus padres a comer, cafelito y repaso de la prensa incluído.
Luego llegas a casa y te da el bajón de los domingos por la tarde (algún día escribiré sobre ello).
Total, que hasta la noche no me puse de nuevo con mi objetivo.

22:00 P.M:

Tras enredar un rato por internet me puse a intentar hacer mi pedido a Morcipania de mi cámara.

Para empezar comprobé con sorpresa que el precio se había incrementado sobre el inicial y me volví a acordar de la chica de la HACENÁ: "Esta oferta acaba hoy,Esta oferta acaba hoy".

Repuesto del disgusto opté por seguir para delante (el precio seguía siendo muy bueno).

Primer paso: Registrarme en su web.
Segundo paso: Seguir los pasos del "carrito de la compra".
Tercer paso: Elegir la forma de pago.

¡Chaaaaaaaaaaaaaaan! ¡La forma de pago!
Tenían tres formas de hacer que pagara el preciado regalo:
1) Con tarjeta, con seguridad y cosas de esas. No había problema, Morcipania me parecía y sabía, era fiable.
2) Mediante transferencia bancaria.
3) Contrarrembolso.
Había más, pero no estaban a mi alcance. Mi primera elección fue "con tarjeta".
-Le doy mis datos, me cobran y mañana lunes está el pedido en cola de preparación-pensé.
Pero cuando me animo a hacer tan arriesgada maniobra recuerdo que...¡TENGO LA TARJETA CADUCADA!
Había solicitado una nueva a mi superbanco on-line, pero aún no me había llegado (de hecho aún no me ha llegado, lo cual me hace imaginar mi despedida a la francesa de esta entidad).
Así pues, primera opción descartada.

Mi segunda opción fue: "Por transferencia". Tomé los datos de la entidad receptora de mis euros pero empecé a dudar si me cobrarían una comisión "gastronómica" por ello. Y finalmente medio hice el pedido.
Le estaba dando a "OK" cuando me dio tiempo a leer en la página que..."Su pedido comenzará a gestionarse tras la recepción de la transferencia" (lo he puesto entre comillas para darle más verosimilitud, pero me lo he inventado un poco, aunque en esencia era eso lo que decía).

O sea que el lunes ni de coña iban a ponerse con mi pedido.

Eran cerca de las once de la noche y ahí seguía yo sin mi pedido hecho, sin mi pago efectuado, sin nada. La cámara se me escapaba por el maremágnum de píxeles de mi monitor.

Intenté cambiar la opción de pago pero sólo permitía anular el pedido de mala manera. Lo hice y me puse a realizar otro usando la opción "Contrarrembolso". O sea, venía el transportista con el pedido y ahí le pagaba la cámara y un porcentaje de incremento sobre el precio.
Parece que la obtención del objeto estaba siendo cada vez más costoso, en todos los sentidos. Y me rayé.

Empecé a pensar que si iba a haber dos pedidos a mi nombre; que si no iban a saber cuál era el bueno; que si iban a tardar...y dí a cerrar el navegador a través de la "aspita".
Se acabó, no más Morcipania, adiós a las virtuales formas, mañana me voy al Semipackt y pillo la cámara o la que más se parezca.

Quedaban 3 días...

Al día siguiente había que currar así que sólo tenía la tarde para hacer cualquier gestión. Me fui de paso al centro comercial donde, aparte de la HACENÁ, se encontraba Semipackt y otras tiendas que tenía en mente visitar.

Aparco el coche sin mucha dificultad, esta vez sin movimientos de Starsky ni Hutch, seguramente porque mis entumecidos músculos tras nueve horas sentado en una sillita no me lo permitían.

En menos de medio minuto ya estaba buscando entre multitud de cámaras y alguna que otra chepa indecisa mi Nisun AXT 95. Pero, ¡horror, no la encuentro!
Volví a mirar de nuevo y a ensanchar mi radio de búsqueda hasta los "stand" de portafotos, memorias y cachivaches varios pero nada, no estaba. Sí vi el anterior modelo(la 90) y el posterior (la 105).

Pregunté a una señorita con polo de la organización, que me consultó, nada amablemente, en su puto ordenador (yo también sé ser nada amable) si la cámara se encontraba en algún lugar accesible, por ejemplo el almacén.

-Está agotada-me dijo.
-Tú sí que estás agotada-pensé-naciste agotada,¡anda vete para casa y nos dejas vivir!-Todo esto lo pensé, porque pienso mucho, pero sólo le dije:
-¿Y la 105 qué precio tiene?

Miró otra vez en su puto ordenador, la pobre. Y me dijo el precio, así que se lo agradecí:
-Gracias.

La verdad es que la 105 se alejaba bastante de mi presupuesto inicial, pero estaba dispuesto a hacer un esfuerzo. Eso sí, quería pagar por algo que mereciera la pena, así que apunté el precio en un papel, también el de la Nisun AXT 90, y me fui a una tienda que quería visitar: Afotoprin.

Afotoprin

En Afotoprin, una tienda pequeñita con una dependienta, mostrador y viejecitos llevando pilas usadas para comprar una igual, o sea, una tienda de las de antes, pregunté por mi adorada Nisun mientras echaba un vistazo, de lejos, a las que tenían en exposición.

-No la tengo-me dijo. Parece que las posibilidades de hacerse con ella en el plazo inicial se iban disipando como las expectativas de subida de sueldo a las alturas de año en que estábamos.

-Si quieres me das tu teléfono y si te la puedo traer pronto te lo digo-me ofertó diligente.
-Vale, le dije, porque la necesito como muy tarde para el miércoles. Por cierto, la AXT 105, ¿la tenéis?
-Sí, es el nuevo modelo. Te sale por 328 euros.

La misma cantidad que me habían dicho en Semipackt. O sea, por ahí no había mucho que pensar.

Entonces volví a la HACENÁ con la esperanza de que la oferta no hubiera aún caducado o pudiera camelarme a la comercial que me atendió el viernes anterior.

Pero ella no estaba. En su lugar había un comercial jovencito con pinta de consumir muchas pelis emuleras y mucho hidrato de carbono con ketchup.

Merodeando estaba por allí pero no se acercó a decirme nada. Como yo tenía más prisa que Fraga en la presentación de un libro, le abordé.



-Oye, perdona. ¿La Nisun AXT 95 tiene ya este precio que marca aquí?
Reconozco que la pregunta tenía cojones pero cuando se trata de intentar salirse de la regla, todo vale.
-Sí, claro-me dijo como dando por terminada la conversación.
-Ya, es que el viernes ponía otra cantidad y claro, ahora vengo y me encuentro que vale 30 euros más y claro...¿tú sabes a qué es debido esto?-presioné al sujeto poco-comercial.
-Sí, estaba de oferta pero ya no-el tío no se lo curraba nada, pero de pronto despertó.
-De todas formas, tienes mejores cámaras por menos precio.
-A ver, cuéntame-le dije dándole una oportunidad.
-Pues mira, la Kikon 45 tiene remorcillador óptico y la otra no, la Opompis 80 tiene estabilizador de morzobrollos y un sensor de supernabo...luego tienes la Osio 70 que tiene un LCD de más pulgadas y una lumitancia mejor.

Se estaba gustando el muchacho y, aunque yo tenía prisa, no quería que me fuera sin escuchar su, sospecho que preparada, frase:
-"En relación prestaciones-precio todas estas son mejores"-yo seguía observándolo incrédulo así que me insistió:
-En relación prestaciones-precio, en relación prestaciones-precio.

-Vale, gracias, no me interesa- le dije y me fui de allí otra vez con mi estilo de marchador, lo cual indicaba que el estrés había vuelto. HACENÁ definitivamente descartada.

Volví a Afotoprin muy alterado. Ya no sabía qué hacer. Le volví a preguntar a la chica por el modelo superior, también me habló del anterior, la Nisun AXT 90, que la tenía con varios packs de oferta. Apunté algunos datos y volvimos a quedar en lo que ya habíamos quedado: Me llamaría cuando supiera algo de mi inalcanzable Nisun AXT 95.

Me fui a casa empapado en sudor, la cabeza como un bombo y una necesidad extrema de levantar la chapa de un botellín de cerveza fresquito.

Ya en el sofá, puse mi cabeza en orden:

Durante la mañana esperaría la llamada de la atenta dependienta de Afotoprin.
Por la tarde, cuando saliera de la oficina, me iría hacia allá y vendría ya con mi cámara, la que fuera.

Quedaban 2 días...



Comentarios

Drea ha dicho que…
no sé cómo acabará esto, pero lo estoy viviendo con el personajillo :(

es que yo soy de las que en cuanto ve lo que le mola, no lo piensa, lo compra y a tomar... y luego lo que hago es no mirar más para no arrepentirme

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