domingo, marzo 04, 2007

Los planos imposibles

El otro día fui a la exposición de Escher: No porque los del agua nos dieran invitaciones, que también, sino porque teníamos ganas.
El perfil de los asistentes era básicamente el siguiente:
Uno: el listillo.
Otro: el lento.
El listillo le explicaba al lento:
-"Ves, la escalera se sube pero, si la miras por aquí, es como si se baja". o
-"El agua que sube es el que baja en el mismo plano".

El lento, un poco cortado por tardar en verlo, asentía con la cabeza.
El listillo volvía a la carga:
-"Ves, se entrecruzan los planos; ves, la columna se apoya aquí y a la vez allí".

Y el lento se sentía cada vez más inferior. El listillo, al ver su cara, decía:
-"¡Es como un juego!", como si ya hubiera entendido todo el complejo matemático que Escher había plasmado en aquella xilografía.

El lento lo hubiera visto igual, pero era menos rápido y sagaz que su compañero de exposición o simplemente estaba deseando salir de allí para tomarse unas copas.

A veces, la cosa más simple puede parecer también un plano imposible y uno parecer tonto mientras otro (a voz en grito) te explica lo que se ve o deja de ver.

Ayer, peces y pájaros se juntaron y entrelazaron para demostrar la continuidad del espectro social. Tras dar buena cuenta en casa de unos amigos: buen vino, comida y conversación a la luz de un apabullante ventanal, nos metimos en LaSala a disfrutar de lo más parecido a Leño que se puede encontrar tras la disolución de este grupo: "La Leñera". Aunque tuvimos que esperar hora y media de engaño para dejarnos la paga del mes en cerveza el concierto fue la leche. Luego salimos a la calle a contemplar el eclipse lunar. Otro de esos que dicen que no vas a ver hasta dentro de 70 años, pero que es como el Barça-Madrid, que todos los años es el partido del siglo.

Yo llevo unos añitos un poco pasota de fútbol y forofismos varios. Aún así, vi de reojo el botellazo al entrenador del Sevilla. Vomitivo el hecho lo mires por donde lo mires, y asqueroso también los aires de jefes de Estado que se dan los presidentuchos de los equipos de fútbol: Crisol de toda la chabacanería.

Recomiendo, en estos casos, ponerse una peli de los Hermanos Marx, de Almodóvar o de Billy Wilder. Eso es al menos lo que voy a hacer yo. Eso sí, no me dará por ir de listillo ni de lento, ni hablaré durante la proyección. Aunque si veo algún detalle que se le saltó al "script" de turno, no podré evitar saltar: "Ves, la columna no está ahí y en el plano anterior sí estaba".

En fin...

jueves, febrero 15, 2007

Las barreras

Para llegar a la oficina, además del tradicional atasco madrileño,(que es como el cocido: como aquí en ningún sitio),tengo que entrar en una urbanización privada donde una barrera levantada pero amenazante nos avisa de que allí no somos bien recibidos, no somos de allí.

La barrera nos recuerda eso y que en cualquier momento nos mandan de allí a tomar por el culo.

Una vez dentro debemos aparcar, como buenos subcontratados que somos, en cualquier trozo de calle; medio subidos a una imaginaria acera, más similar al trocito de río seco que adorna el Belén que a otra cosa. Da igual donde aparques porque está prohibido en toda la urbanización, con lo que lo dejes donde lo dejes, si alguien llama y lo denuncia a la policía, vienen y te cascan una multa.

Además, el hecho de no poder gozar del parking de las oficinas del cliente hace que todos los subcontratados, muchos, aparquemos en las susodichas aceritas o directamente comiéndonos un sentido de la circulación, con lo que ya es difícil incluso aparcar de esta manera. Lo que nos provoca un retraso mínimo de 15 minutos respecto a los que han podido entrar con su puto carro dentro de la "zona elegida". Por supuesto para entrar hay que pasar por otra barrera, ésta no levantada sino que la tienen que levantar si das el perfil.

Luego, una vez dentro, además de todas las cositas que cuento sobre internet y demás y para no abundar mucho en el tema, nos ponen barreras a modo de zancadillas, puñaladas traperas y menosprecios varios. En fin, MIERDA POR UN TUBO.

Estoy un poco soez pero es que tengo un compi nuevo que tiene la boca más sucia que el culo de un manco (¡vaya, ya estoy otra vez!) y se me está pegando.
Le he ganado una apuesta:
Decía que estaba una semana sin decir un sólo taco, "joder" incluído.
A las dos horas ya había ganado la apuesta.
Este miércoles como a su salud en un restaurante de la zona.

El caso es que pensando en todas estas trabas me he dado cuenta de que estamos constantemente poniendo barreras, unos entre otros.

Por aquí no se puede pasar, sólo los socios.
A España no se entra más que por patera, por favor. O en autobús si eres rumano.
Dentro de la misma España, cada autonomía te va poniendo más barreras:
Aquí para sacarte la plaza tienes que tener nivel C de catalán.
Aquí si eres vasco de los míos te subvenciono y si no muérete.
En Telemadrid me sacas inaugurando algo aunque luego tarde 6 meses más en que no se inunde y esos remates finales y si no ya sabes.

Vas al "super" o al "hiper" o a cualquier "prefijo superlativo" de estos y la salida sin compra, si tienes la ansiedad un poquito subidita, no la encuentras si con GPS. Al final casi te sale más rentable pillarte unas pilas alcalinas y unos chicles y pasar por caja.

Vas al campo a pasar el día y la peña rodea una parcela con una cuerda atada a los árboles como diciendo: "Esto es mío". Luego se le olvida el pan y le da cosa pedirte, claro.

Lo queremos llenar todo de tabiques, paneles, verjas. Ponemos alambradas a los jardines, a los parques, a las fronteras naturales, cotos para que los ciervos cacen.

Y parece que la única forma de que te dejen pasar es a base de dólares o a base de fuerza masiva.

Y al final a alguno le va a dar por poner una valla a todo el planeta, por si los que nos invaden ya saben que Dios no existe y van directamente al grano, es decir, a ser malos por puro vicio, como en Mars Attack.

Mientras, me conformaré, que no es poco, con disfrutar de la falta de barreras que hay, por ahora, para escribir por estas urls, aunque no me extrañaría que el Sr.Guguel viniera a verme un día a pedirme cuentas, bancarias, claro.

domingo, febrero 11, 2007

Babel

El viernes vi "Babel", por aquello de no perder el tren de la modernidad (cuando 823 personas te han dicho que está muy bien: o vas a verla o te pones en casa una de Joselito, pero algo tienes que hacer).

Se supone que la peli habla de la incomunicación o algo así o de la necesidad que tenemos de comunicarnos.
Yo, mientras veía a una japonesa sin bragas buscando desesperadamente echar un polvo con el primer clon de Julio José Iglesias que se le cruzara, sentía la incomunicación por dentro a modo de sangre hirviendo.

Me explico: Detrás de mí se sentó el típico plasta que va comentando la peli en voz alta a su mujer:
-"Se va el autobús, se va".
-"¡Claro, claro, el fusil es de él!"

Lo gracioso de estos personajes es que: cuando predicen lo que va a ocurrir no son nada originales y tiran por el camino fácil...y se equivocan.
O ya predicen cuando todos sus compañeros de sala han caído en la cuenta.
Pero ahí no acaba la cosa. También comentan la jugada: Es el "meta-análisis" de la película.
-"Ves, ves, ella le quiere", cuando aciertan.
o
-"¡Ah, claro!, la historia va y viene en el tiempo, claro, claro". Cuando no.

¡Pero este hombre dónde vive! Ya es imposible hacer una peli que no esté dando saltos continuos en el tiempo; "multidimensional"; multicultural; "multiétnica" y con un montaje vertiginoso y música descorazonadora, si no quieres que la mitad de los espectadores menores de 30 años diga: "¡Menuda mierda!".

Mientras el espectador-comentarista aturdía a su mujer a reflexiones (seguro que ella verá la peli cuando salga en DVD tranquilamente en casa, sola) pensé en ir a por un bidón de 5 litros de Cola-Loca Lais con 14 pajitas y ofrecérselo al colega con pose reverencial. Pero quizá sólo habría aumentado mi incomunicación con él al oírle sorber.

Tras chistarle una vez para que guardara silencio pensé que, cuando acabara la peli, muy educadamente, le comentaría, por si no se daba cuenta, lo molesto de su actitud, que imagino, repite cada vez que va al cine. Pero me corté.
Pensé: "Lo mismo me mete una hostia o me empuja a la primera de cambio".

Así, preferí salir del cine, tras acabar los créditos (esa costumbre odiosa que sólo tienen los "pedantes cinéfilos" como yo y que en más de una ocasión me ha hecho vivir un regusto malvado al descubrir que tras las letras continuaba la película), y comentar con mi nena el pedazo de película que acababamos de ver.

Tras todo el lío de si pasa esto y lo otro, lo que al final me quedó totalmente claro es que los que más pierden son, paradójicamente, los que menos tienen que perder. Y ése es el gran mal de esta masa de seres que formamos la humanidad.
Nos estamos quedando sin perdedores.


lunes, febrero 05, 2007

Hacerse el tonto

Uno a veces mira alrededor y se pregunta: ¿Será verdad que renta tanto hacerse el tonto?
La respuesta es: Sí.
Hacerse el tonto viene a significar: "Yo no opino; yo no hago nada; yo no soy peligroso; yo no estoy; no existo; y si cae algo, me lo quedo y me callo".
Eso pasa mucho más de lo que se puede pensar, aunque tampoco sé lo que se puede pensar, dicho sea de paso.

De pronto viene un personaje de esos que llaman jefe y dice:
-"¡Todos a andar de puntillas!".
Y todos se ponen a andar de puntillas.
El que protesta probablemente vaya, con todos los honores, a la puta calle. El tonto no protesta. El tonto se pone a andar mal de puntillas, le califican de torpe y le apartan. Ahora el tonto no anda de puntillas, anda como el jefe.

Al día siguiente:
-"Oídme, esto hay que arreglarlo como sea". Y se ponen todos a arreglarlo mientras el jefe se pone a buscar el último de Alejandro Sanz en internet y acaba entrando en una página de phishing.
El tonto empieza a estropear todo más y entonces le califican de torpe y le apartan. Ahora el tonto puede ponerse a buscar en internet, incluso subscribirse a todas las listas de correo del mundo mundial, el phishing es demasiado para él, es más de cartilla y dos horitas en el banco.

Otro día dice el jefe:
-"A ver: tenéis que gestionar todos estos marrones; arreglarlos; comunicar que están arreglados; apuntarlos aquí; llamar por teléfono a la Sra. Pérez y luego calcular las horas que habéis estado y apuntarlas allá".
Entonces todos se ponen a hacerlo pero el tonto sólo puede llamar una vez a la señora y calcular, al alza, las horas invertidas en tal proceso.

Otro tonto llega con el coche y se para en medio del carril a esperar a que su novia salga del curro. Los demás coches tienen que:
Primero) Comprender que el "notas" no se va a mover de ahí en un rato. Es decir, que no le va a dar por dar marcha atrás o hacer un giro a traición y puedes adelantarle.
Segundo) Entender que da igual que le pites o que le des las "largas", porque no sabe para qué sirven los espejos retrovisores, sólo que lo de "retro" le suena a antiguo y sí sabe para qué sirve el volumen del radio-cd: para destrozarse las orejas. El tonto no busca un sitio para aparcar, su novia bajará, 20 minutos después, supercontenta y le dará un morreo mientras suena a reventar el "Quién me lo iba a decir". El entender que este ser tenga novia, en el sentido de que pueda inducir a alguien al cariño, sólo lo entiende el que ve esta última escena, es decir: el que ve cómo es la novia.

Luego está el tonto que nunca paga o que nunca se ve en la obligación de contribuir a un regalo. Toda la oficina sabe que el Sr. Cortado se va de la empresa, o que el Sr. Amargado ha tenido un niño, al que le han puesto nombre de grupo finlandés, por aquello de ser originales:
-"Es que Jose está muy visto, a mí me gustaba mucho Zacarías y Cindirello, pero al final le hemos puesto Him". Hombre, como nombre para un babero es de lo más económico, la verdad.
Recuerdo un compañero que llamó a su hija Jimena. Que yo, la verdad, no puedo dejar de pensar en Sofía Loren en "El Cid", allí en una almena. Y, como no soy tonto pero puedo llegar a ser un tanto torpe, le dije: "Hombre, lo malo de este nombre es el diminutivo, que es como se acaba llamando a la gente".
El compañero no pillaba la gracia, que cuando la pillara no le haría ni puta la misma.
-"Gime,Gime", le dije. Y me hice el tonto cuando puso cara de querer estrangularme.

Otro caso de hacerse el tonto muy productivo lo tenemos, como no, en la televisión.
Ahí está Ana Rosa Quintana con el copy+paste a toda leche para luego decir que fue un error informático.
Y a continuación: más audiencia y más pasta para la pobre e inocente víctima del primer ordenador con conciencia para hacer el mal.
Y siguiendo esta estela, la cantidad de memeces que se inventan en los programas casposillos, tan casposillos como nosotros, para al día siguiente hacerse los tontos y justificar lo injustificable.
Como ejemplo recordar la anécdota tan bien contada en el programa "Sé lo que hicísteis la última semana" en la sección de Ángel Martín, donde la reportera de un programa hacía guardia a las puertas de una parroquia porque supuestamente dentro se escondía un prófugo de la justicia relacionado con la corrupción marbellí. Tras el revuelo suscitado que hizo llenar muchos minutos de ese programa, al día siguiente, y tras confirmarse que allí no había nadie, la reportera expuso sus argumentos para pensar que allí estaba el presunto delincuente:
"En los últimos días los sacerdotes habían comprado una barra más de pan, más café y una marca de cigarrillos distinta a la habitual". ¡Madre mía, madre mía! como diría Ángel Martín. Como este ejemplo, mil.

Otro tonto: Un día un colega te pide unos apuntes, un libro, un cd, una peli. Y pasa un mes, dos, te casas, tienes hijos, te vas a vivir a Oregón, tienes una experiencia paranormal, tiras ropa que ya no te pones y, en definitiva, pasa todo lo más raro que te puedas imaginar. Pero eso sí, lo que dejaste a tu colega, no aparece ni con una orden de registro. El colega se va haciendo el tonto hasta que ya le llamas tonto abiertamente, pero no suelta la prenda, no la suelta.


Al final va a resultar eso, que hacerse el tonto es de lo más rentable: Dame pan y dime tonto. Aunque yo sigo con la puta manía de no querer andar de puntillas y querer meterme en las páginas de phishing.

domingo, enero 28, 2007

Me quiero escapar

El otro día, en casa de unos amigos, estuve viendo fotos sobre su viaje a la India.
Fueron a una boda. Los novios: él indio, ella española.

Cada foto que pasaba por el monitor me hacía sentir aquella serie infinita de ceremonias, rituales y fiestas como una auténtica pesadilla.

Pensaba en la muchacha y su abnegación al entregarse a esa suerte de protocolos neuróticos. Pensaba en la pesadez de entablar amistad, conversación o servidumbre con todos los familiares, invitados, religiones y normas.

Nuestra amiga, amiga de la novia, nos iba contando:
-“Ellos[los indios] ven a una mujer fumar y les entra la risa”...
-”...tenía que llevar esas pulseras y le estaban pequeñas porque ella es bastante grande y le dejaron unas marcas ...”...

Yo estaba aterrorizado, embriagado (también por el whisky) y semiinconsciente(por el sueño). Así, en ese estado de letargo, iban pasando las fotos mientras oía la letanía de nuestra amiga.

Sentí pena por la novia, no sé porqué, porque se veía muy feliz. Pero yo pensé, como pienso y digo muchas veces en tono de guasa, que “me quiero escapar”.
Como los niños chicos quieren escapar de los brazos de un tío abuelo que no han visto en su vida y les achucha sin parar.

Y es que no puedo con las normas. A veces, cuando no puedo escapar, mi estado de alerta me atenaza el cuello y los hombros y el dolor me lleva al desespero. Esto es algo que tengo que mejorar porque no es bueno para mí. Pero no quiero tener la columna relajada por untarla de cobardía y resignación.

El día a día nos impone a veces la peor de todas las normas: la puntualidad.
Ser puntual está bien visto y no serlo, no.
Está claro que no está bonito quedar con alguien a las 10 de la mañana y que se presente, sin previo aviso, hora y media después. Porque los demás también tenemos vida y cosas que hacer además de esperar. Pero claro, si estamos hablando de atravesar todo Madrid con el coche, acompañado por otros miles de coches que también tienen que atravesarlo y además lo quieren atravesar antes que nosotros, no podemos exigir la misma puntualidad que si te puedes permitir el lujo de levantarte de la cama sólo media hora antes de fichar en la empresa. No es lo mismo.

Otra tiranía de la que me quiero escapar es de la de la edad. De tal edad a tal: estudiar; de tal a cual: boda; de tal a tal: niños; de tal a tal: apartamento en la playa; de tal a tal: jubilación; de tal a tal: pastillas para el colesterol.

Menos esto último, la salud, que uno se la tiene que cuidar cuando le toca, por aquello de seguir escribiendo en el blog y demás, lo demás estaría bien hacerlo cuando nos plazca y no cuando los que miran por la mirilla nos impongan tácitamente.

Otra cosa de la que me quiero escapar es de la avalancha tecnológica. 1Gb, 20Gb, 60Gb, 3 millones de píxeles, 5 millones, velocidad tal, doble núcleo, blog, fotoblog, myspace, TDT, dúo, trío, eMule, packs de series, ediciones especiales, TFT, plasma, GPS, google, mp4, Vista, ipod, móviles 3G...que contrasta con la obsesión que hay ahora por llenar los yogures y los panes de trozos de cosas: semillas, hebras de piña o grumos varios, para que parezcan más artesanos, más naturales.

Y como me quiero escapar, he escrito todas estas cosas, al libre albedrío, para recordarme a mí mismo que puedo hacer de mi capa un sayo, y que aunque no haga gracia, o no guste a nadie da exactamente igual.

Me escapo también de aquí y me voy a ver "los premios Goya", a ver si le cae a Antonio.

domingo, enero 21, 2007

La carta

Tras un análisis complicado y sufrido hemos llegado a la conclusión de que lo mejor es presentar la carta. La carta de “adiós muy buenas”.

Tras un largo peregrinaje por los caminos de la sinrazón; de intentar convencer a los necios de su equivocada conducta; de intentar defenderse de la calumnia y la asfixiante y delictiva conducta de los gerentes “paquetes” con portátil de salón; hemos pensado que lo mejor es la carta.

Concisa y directa. Sin preámbulo, sin cordialidad, sin disimulo. Lo justo para transmitir el mensaje. Para que el trámite burocrático inicie su proceso.

Muchas, muchas veces a uno le dan ganas de escribir esta carta. A veces las hipotecas pesan demasiado sobre los hombros del acosado. Otras veces es la propia conducta adquirida, aprehendida o modificada la que nos hace pertenecer para siempre a la clase THCC :
Trabajador Humillado Con Consentimiento.

El THCC es el perfil perfecto para cualquier empresa “chupasangres”. Ellos provocan que cualquier reivindicación por parte de los No THCC se torne ofensa a los ojos de los cocheros de la empresa.

Nosotros ahora andamos por la oficina con un acceso a Internet discriminatorio, que define de forma clara y rotunda quién es quién y qué catadura moral se nos supone dentro del río revuelto que es nuestro entorno laboral.

Los internos(la gente de plantilla); los que tienen un convenio bueno; los que aparcan en el parking, los que tienen mejor horario; los que tienen más vacaciones; tienen, por supuesto (y no por su puesto) acceso a Internet. Ellos sólo usan Internet para asuntos de trabajo, no me cabe la menor duda. ¿Miramos su log de accesos?

Los externos(subcontratados) de primera división tienen acceso. Ellos sí necesitan Internet y saben darle un buen uso: Sólo para asuntos de trabajo. ¿Miramos su log de accesos?

Los externos de segunda que lloran un poquito, también acaban teniendo acceso. Y los demás externos, los PEDM, como somos escoria, como no tenemos el grado de madurez intelectual suficiente, como somos unos irresponsables y no sabemos usarlo, no.

Nos cuentan o nos contarán, de forma muy didáctica, lo necesario que es para nosotros que nos puteen y nos toquen las pelotas. Para que aprendamos. Y quizá algún día nos dejen jugar con la bola de su ratón.

Yo me niego a jugar con la bola de nadie. Quizá con las bolas de mi vecino si sigue poniendo la música machacona tan alta. Aunque antes quizá le diga que está mejor el libro que el disco, que aunque nunca funciona, le hace al menos pensar.

Así que, en estos días de cartas liberatorias, me estoy pensando seriamente si merece la pena seguir en un entorno donde la falta al respeto y de confianza se ha enquistado en los que tienen capacidad de decisión.

Por cierto, ¿estará esta página en su log de accesos? ¿Me lo dices o me lo cuentas, Truman?


lunes, enero 15, 2007

La Dieta Blanda

El ser humano, los hombres y mujeres que juntos formamos esta rara especie, es fundamentalmente un animal.
Por ello, cuando le falta el agua y el pan se comporta salvajemente y lucha por su supervivencia individual. Prueba de ello y sin irnos a lugares "sin civilizar" lo tenemos en los días posteriores al paso del Katrina por Nueva Orleans.
Los malos se volvieron más malos y los buenos menos buenos. Los fuertes machacaron a los débiles y la cadena trófica se impuso de forma natural.

Aún en esas circunstancias hubo gente, humanos, que se negaron a animalizarse tanto y mantuvieron valores como la solidaridad, la bondad y el raciocinio.

El hombre sobrealimentado también tiene comportamientos alejados de estos valores.
Al tener las necesidades básicas cubiertas su mente se atrofia y maquina toda suerte de estúpidas diversiones.

Una de las más extendidas entre estos humanos gordos es la de "tocar los huevos" a los demás.
He de decir que todos estamos un poco sobrealimentados pero algunos parece que no tienen otra cosa que hacer.

Lo mejor sería, siempre, la dieta blanda.




La respiración contenida

De un día para otro vino la hostia y cortó la respiración. Un virus malo, malísimo, llega, se expande, mata, colapsa. De un día para ot...