jueves, abril 26, 2007

Insisto

Cuando alguien dice "Insisto" significa que vuelve a invertir energías, tiempo y valor en algo que podía haberse realizado, satisfecho o solucionado en un primer intento.
Pero no, los primeros intentos sólo sirven para numerar los siguientes. De hecho, cuando conseguimos hacer una gestión a la primera nos recuerda a cuando jugábamos a las canicas y la metíamos de "cholón" en el "guas" desde muy lejos.

O sea, que estamos acostumbrados a ir a una ventanilla de la Administración y que después de hacer cola nos digan: "¡Pero es que esto sólo se atiende de 9 a 11 de la mañana!". Te lo dicen como si tú te supieras los horarios de todas las ventanillas de la Administración como el que se aprende los ríos en el colegio. Sólo le faltaba decir : "¡Tonto!".

Así que te vas, como un tonto, e insistes al día siguiente. Eso sí, llegas a las 10 y poco, para que te atiendan.
Luego te atienden y te dicen : "Ya, pero es que esto no te lo puedo solucionar aquí".
Que tú piensas: "¿no querrá que lo solucionemos en el servicio? Que yo lo de follar lo hago de 21:00 a 01:00".

Luego llegas a casa y tu vecino, que te tiene controlado por coche, luz y sonido televisivo, viene a verte para decirte que preguntes no sé qué a no sé quién. Y no para de decir: "Insito, tienes que preguntarle eso, insito".

Mi vecino tiene una forma de decir "insisto" que hace preguntarme porqué dejé de ir al gimnasio, con la adrenalina que soltaba cada vez que hacía "¡EIH!" y levantaba mis pesas. Mis pesitas si las comparaba con los infladitos que iban por allí. Aunque al final todos acabábamos haciendo lo mismo: Viendo la tele. Que es para lo que uno va al gimnasio.


Otro día te vas a comprar un regalo aun sabiendo que lo más seguro es que tengas que "descambiarlo" (que es una palabra que no sabía si existía pero cuyo uso es común en mi entorno más o menos directo). Porque sabes que la persona regalada es muy dada a decir : "No me queda bien", "Si tienes el ticket...". El caso es no hacer las cosas a la primera.
Y claro, como vamos todos a mil y queremos hacer tantas cosas, cualquier contratiempo nos descabala la agenda y nos jode y contractura el cuello. Porque si lleváramos una vida más sosegada incluso ir a cambiar el regalo podría ser el acontecimiento del día. Incluso daría pie a una conversación amable con la depedienta o un paseo o vete tú a saber. Aunque me da que para esto también habría que insistir un poco.

Insito, Insito.

Total, que algún día sacarán una estadística de una universidad de estas donde, aparte de pegar tiros de vez en cuando, se marcan un estudio de estos vitales de la leche. Y nos dirán el tiempo medio que perdemos en los "insistos". Y lo sacarán en la tele si no hay huracanes, gripes, consejos solares o nacimientos reales.

Voy a ver si el camarero, al segundo intento, me mira y me pone una cerveza.


miércoles, abril 18, 2007

Las Vueltas

A veces la rutina nos agobia. Pero cuando la rutina se rompe por algún hecho negativo, ansiamos su vuelta.
Porque la vida da muchas vueltas pero el ser humano, como parte inalienable del cosmos, busca el equilibrio. Algunos se empeñan en que la oscilación pase demasiado tiempo en los extremos y breve y fugaz por el punto medio y otros nos empeñamos en que esto sea así.

A veces el equilibrio significa "fin del camino", "fin de las quejas", "fin de los problemas", y nuestra naturaleza rebelde se queda sin estímulo.
Entonces piensas qué fue primero, la gallina o la tocada de huevos. Yo siempre pensé que salen a la vez y todos tan contentos.
Luego miras a tu alrededor y ves que hay gente que nace con estrella y otros nos la tenemos que tatuar en el hombro con una cáscara de pipa. Pero no importa. He dejado mi ramalazo de plañidera debajo de la tarrina de "deuvedés".

Ahora, en busca de una nueva vida que es realmente mi vida, me planteo, como el desdentado de la tele, un cambio radical. Sólo espero que sea para bien y que los postizos me queden un poco mejor.

Aún así, siempre hay que nadar y guardar la ropa, aunque para ello tengamos que dejarnos subcontratar de nuevo. Porque tampoco de hacer pulseras se vive, ¿o sí?

Tampoco sé si se vive de hacer bocatas de panceta en el Extremúsika o si me gustaría currar 20 horas seguidas, como mi amigo Charly, para que el concierto salga adelante.
No sé si me gustaría ser "el del medio de los Chichos", lo que sé es que no me gustaría ser ninguno de los dos veteranos que quedan.

Tampoco sé si dibujar cómics puede darme de comer ni si soportaría la presión de los plazos de entrega. Aunque a Forges se le ve siempre muy risueño. Como diría aquel: "La profesión irá por dentro", o "ha sido una auténtica panacea llegar hasta aquí".
En fin...si Homero levantara la cabeza...

Quizá escribir historias, buenas historias. Y que alguien las compre para poder reinvertir ese dinero en la compra de algún premio que me de el prestigio suficiente para conducir un programa en La2 o concursar en "Mira quién baila" (volviendo a la subtitulación de programas podría llamarse "Mira cómo baila").

A lo mejor me compro una guitarra eléctrica y me pongo a hacer versiones de Ana Torroja, aunque los labios no me los inflo ni por hacer un dúo con Miguelito Bosé, que también anda el hombre de retoques varios.


En cualquier caso, de las vueltas hay que aprovechar, como mínimo, la inercia. Y en ello estamos.

martes, abril 10, 2007

La Perturbación

Ando estos días un poco perturbado por acontecimientos varios. Ha sido una Semana Santa especialmente dura y de exceso de exposición psíquica y física. Pero ya ha terminado, y ha terminado bien.

El Jueves Santo y sin que ello añada toque alguno de irreverencia, fuimos a la representación teatral Marat-Sade, de la cual salí bastante turbado. Sin saber si me había gustado mucho o no aunque ya con la certeza de que había merecido la pena decirle a M4rt1n que sí a su gestión de invitaciones (gracias Alberto por cederlas).

Fui totalmente virgen a ver Marat-Sade, desprovisto de lecturas previas y críticas (apenas algún comentario) y debo admitir que se me escaparon millones de cosas.
Bajo mi punto de vista(como diría aquél) es una obra que tiene muchas aristas, muchos escenarios, muchas capas.

La puesta en escena apabulla desde el inicio y uno puede quedarse ensimismado con la interpretación de cualquiera de los actores-perturbados-actores aunque el foco de la acción no esté directamente iluminando su rostro. Esto me pasó a mí varias veces.

La obra tiene un punto "Hair" muy propio de la época en la que se escribió el texto.
Desde el patio de butacas algunos progres que desde que se sacaron la plaza en algún ayuntamiento han dejado de evolucionar, se congratulaban con algunas consignas lanzadas desde el escenario y que ellos identificaban perfecta y simplemente con su ideología ramplona y gagá. Sin saber ir más allá.

Otra cosa que percibí son las ganas que tiene el público de reírse. Así, acogió de muy buena gana los chistes traídos. La gente necesita reírse y, aunque sepa que no va a ver una comedia, se engancha a la risa cada vez que alguien le muestra algo medianamente gracioso: y si no de qué iba a funcionar "El Club de Flo". (que bien podría subtitularse "El Club de Flo-jos").

Los actores-perturbados-actores parecían interpretarse a sí mismos en más de una zozobrosa o inquietante ocasión. Además Javivi, que controla la tartamudez perfectamente e hizo de Torre Eiffel de puta madre, representaba por ello, doblemente el papel redentor de la interpretación. Porque todos los perturbados, desquiciados en un mundo que no entienden, se transforman en ciudadanos libres, seguros de sí mismos y con una ideología propia que transmitir al entrar en la realidad paralela que es la ficción.

Por otro lado, quizá en el corazón de la obra, Marat y Sade debaten apasionadamente sobre la condición humana. Me quedo con una frase que le dice Sade a Marat (cito de memoria la idea) : "Sólo eres un cuerpo que sufre en una bañera" mientras éste se empeña en arengar a las masas y pasar a la historia de la revolución.

Así, sin desvelar muchos detalles, invito a sumergirse en la locura teatral de Marat-Sade, un proyecto arriesgado de entre otros, Alberto San Juan, un artista que podría perfectamente vivir de lucir tipito por producciones de todo tipo y que se mete en estos fregaos.

Otra exposición perturbadora fue ir a ver actuar a un auténtico genio de los monólogos de humor a la sala Artepolis. Estuvo bien aunque fue corto. Nos prometió más minutos para la próxima vez.

A la salida nos agarró por banda un gallego afincado en París que exponía acrílicos en una parte de la sala. En casi todos había vaginas y penes semicamuflados y algún que otro pez. El hombre se lo pasaba bien pintando y nos explicó varios cuadros mientras unas supertapas nos esperaban en el bar Melos, formando éstas parte de la exposición física que ha llenado esta semana de auténtica perturbación.


¡Hasta el lunes Cordobita!

Escribo esto para mí, porque lo necesito y porque necesito hacer público lo que supone este tío en mi vida. Juan Carlos Córdoba abandonó e...