miércoles, diciembre 31, 2008

Las Plantas

Aprovechando el final del año todo bicho viviente con voz o teclado elabora algún resumen del mismo, o una lista con los mejores momentos, las mejores canciones (unos hacen una lista de 10 otros de 5), las películas, las fotos más poderosas, los hechos más lamentables...los triunfadores del año, los deportistas del año...


Todo el mundo hace balance o lista de propósitos (yo también, una vez), o una selección de los vídeos más vistos o más graciosos (hay que ver la cantidad de gente graciosa que hay)...

Todo esto para que luego nos echen a las 2 de la mañana "Siete novias para siete hermanos" (lo hicieron en Nochebuena), que no sé si queda algún abuelo en una residencia de sospechoso nombre, estilo "Residencia El Ocaso" o "Residencia El Último Suspiro" que la haya visto en el cine.
¿Qué película nos pondrán en Nochevieja? Yo siempre apuesto por "Grease" o "El coloso en llamas", pura estadística.

Aprovechando el fin del año, decía, todo el mundo intenta comprimir en un par de frases, titulares, enumeraciones una inmensidad de sensaciones, noticias, miradas, imágenes, emociones, acontecimientos. Imposible.

Aprovechando pues, el fin del año, voy a hablar de mis plantas.

Están bien, aunque les da el sol lo justo (pocas horas y poca exposición directa) y yo las riego cuando me acuerdo con un criterio extraño.

Un par de cintas están como siempre, no se quejan, aunque tampoco están muy bonitas.
Una "alegría" se puso a estirar en el período vacacional, donde visitó tierras más húmedas y soleadas (la dejé en otra casa) y ahora aguanta como puede en un entorno hostil, pagando el precio de crecer tan rápido.

La del dinero está cojonuda, verde, verde. Será por lo de la lotería.
La que parece un árbol tropical (yo es que de nombres de plantas, el perejil y poco más) está igual que cuando vino envuelta en papel de regalo. Bonita hasta el macetero.

Luego está la que nos dieron en la casa okupa: "Aquí lo compartimos todo". La planta era de una que estuvo por allí y ya no estaba. Ésta también pegó un estirón vacacional y parece que aguanta. Normal: está acostumbrada a compartir.

La que está jodida de verdad es mi planta-árbol, que estaba hecha un roble (valga la comparación) cuando crecía a duras penas en un bote de Mistol cortado y listo para hacer botellón que acabó de maceta improvisada y duradera. Desde que la trasplanté no ha vuelto a ser la misma y se le caen los troncos a trozos. Pero se salvará...digo yo.
El último en venir es un cactus, chiquitito y que le pasa como a mí: aguanta sin beber agua lo que le echen. Ahí está en la estantería, de momento no ha dado signos de envejecimiento prematuro: Residencia "El Cactus Sequito".

Pues eso, que las plantas bien, y el 2009, seguro que de puta madre, con listas, resúmenes o lo que sea.



Yordeguandaraguón...

miércoles, diciembre 24, 2008

El Mensaje del Rey

Se ha pasado el Rey por mi casa este mediodía. Sí, le conocí un día que me había dejado tirado el coche y apareció él con su pedazo de moto. Estaba un poco agobiado con eso del Mensaje de Nochebuena así que, como yo tenía abierto el ordenador y enchufado el internet, le he propuesto que, para desestresar un poco, escribiera por aquí una especie de mensaje, que me ha permitido titular como "El Mensaje del Rey".
Lo que ha escrito es lo que copio y pego a continuación (me he permito editarlo un poco y poner alguna fotillo):

"Buenas noches. Se supone que tengo que hablar a todos los súbditos de España, Estado Español o como cojones quiera cada uno llamarlo sobre cómo nos ha ido el año, y deseando la paz a todo el mundo y un próspero año nuevo (palabra esta muy de felicitación navideña y poco más).

Se supone, digo, porque lo que realmente quiero es repasar y poner en orden mis propias experiencias.
Para empezar, los hijos de su madre de los nacionalistas catalanes no paran de alentar a sus catalanitos para que quemen fotos mías, muñecos o se pongan camisetas mofándose de mi persona, de mi esposa la reina y de la institución monárquica. No sé para qué me empeño en hablar en catalán cada vez que voy por allá y ser tan majo, la verdad.
Y luego, para rematar, el Joan Tardà que dice "Muerte al borbón", que viene a ser como si dijera yo ahora "Muerte al blaugrana" o algo así. Muy de tocar los cojones, creo yo. Y mira que a mí Guardiola me cae de puta madre, sobre todo porque no oculta su alopecia ni se hace retoques a lo Bono, y no será por falta de pasta.

Este año he tenido más conflictos nacionales que internacionales. No me arrepiento del "por qué no te callas" del año pasado. La verdad es que me salió del alma. Es que el tipo este, que tiene de revolucionario lo que Soraya Saénz de Santamaría de playmate, no paraba de interrumpir e interrumpir, y alguien tenía que pararle los pies. Zapatero se quedaba muñeco, se queda siempre vaya. Así que saqué mi pronto monárquico de tiempos de mayor gloria española y se lo solté.

Lo mejor que hemos tenido internacionalmente ha sido lo de la Eurocopa de fútbol. Menudo subidón. A pesar de que la Reina se empeñara en darme besitos en el momento más inoportuno. ¡Ya podía haber coincidido la final con la entrega de los Premios Príncipe de Asturias!

Que por cierto, ¡cómo está el príncipe ya! Tiene su carita de pan y todo, está hecho todo un señor. Cualquier día de estos le paso los trastos y me tomo un par de añitos sabáticos y salgo menos en los medios que Marujita Díaz sin novio al que pasar la lengua. ¡Ay Marujita, qué pocos quedamos ya! Bueno, ahí está Raphael, que todos los años sale detrás de mí con su especial de Nochebuena. Está hecho un chaval. Quizá sea lo único que me motiva a recitar el mensaje navideño, el dejarle la audiencia un poco arriba a este gran amigo mío.



De lo poquito bueno que habrá en navidades por la tele, lo veo venir. Me imagino que el Gran Wyoming hará una parodia sobre mi discurso, sentado en una especie de trono e intentando hilvanar con su desparpajo y agilidad verbal un guión sobadísimo sobre la monarquía, Franco y el Papa. Otros estarán todo el rato con la cantinela de "La Reina y yo" o lo de "Me llena de orgullo y satisfagción". También habrá en algún lado alguna imitación. Fácil se lo he puesto a estos aspirantes a cómicos con esto de mi nasal forma de hablar y mi accidental forma de andar.
Si es que estoy ya muy mayor. Y he vivido mucho. Me lo he pasado pipa, la verdad, a pesar de tener un montón de compromisos. Que, echando la vista atrás, no sé para qué me lo curro tanto, si al final unos nos quieren aniquilar y otros pasan directamente de nosotros.

Al menos este año parece que la foto de felicitación navideña no ha tenido tanto choteo. Mira que le dije a la infanta que lo de regalarle un Mac a la abuela no iba a ser buena idea. Pero bueno, está bien, ahora chatea y creo que hasta tiene un blog, como su nuera.
Aunque lo peor del año, sin duda, ha sido lo del libro. La Pilar Urbano nos ha metido un gol por toda la escuadra. No aprendemos con esto de los biógrafos confidentes, me cago en la mar. Desde que nos saliera rana el tonto del haba del Peñafiel ya teníamos que habernos cerrado en banda.
Pero nada, que nos gusta dar a la sinhueso más que a un tonto un lápiz. Y luego pasa lo que pasa.


Aún así, no sé porqué la gente se escandaliza con que mi señora esté en contra del aborto y de los matrimonios gays tal y como se han denominado. Es como cuando en el programa ¿Dónde estás corazón? se escadalizan los colaboradores porque el invitado consume cocaína. Y lo que te metías tú el otro día qué era, ¿harina de arroz?

Pero bueno, vamos a dejar la polémica, aunque sólo sea por hoy. Y voy a acabar, como siempre, acordándome de los que tienen que pasar estas fechas en situaciones difíciles, de los que no pueden reunirse con sus familiares, y de todos aquellos que, a pesar de la distancia, pueden leer estas líneas de paz, amor y fraternidad. Buenas noches."

Y hasta aquí lo que escribió. Menuda chapa, ¿no? Bueno, a un colega se le deja poner esto y más.
Que lo pasen ustedes razonablemente bien.



viernes, diciembre 12, 2008

La sonrisa del chino

Corría un chino (un chico de rasgos orientales, vaya). Cruzó la carretera por donde no debía y pasó delante de mi automóvil (un coche, vaya).
La mirada fija en algo que había a lo lejos. Al girar con mi coche lo vi.
El chino corría vaciándose, con esa fuerza con que corremos cuando sabemos que unos metros nos separan de la gloria y queremos alcanzarla. Una victoria cotidiana que nos alegrará a pesar de los jadeos posteriores y alguna que otra tos. Perdía el autobús.

Las luces de emergencia y su posición en el espacio reservado a la parada evidenciaban que algunos segundos de margen había. El chino corría al sprint.
Yo avanzaba con mi coche acercándome al autobús cuando éste puso el intermitente para incorporarse a mi carril: El chino se quedaba sin victoria, perdía vaya. Jadearía sí, pero pasmado de frío durante largos minutos alrededor de la marquesina.

Como conductor cortés que soy, cuando no descortés, me hubiera cambiado de carril para facilitar la maniobra al autobusero o hubiera levantado el pie del acelerador o incluso habría frenado un poco para apoyar, discretamente, al transporte público.

Pero yo estaba con el chino, con su carrera y su decepción. Había llegado a las puertas pero el conductor ya estaba pensando en otra cosa. Así que aceleré para obstruir la salida al autocar, que tuvo que frenar.

Vi por el espejo retrovisor cómo el chino (el chico de rasgos orientales, vaya) golpeaba con sus nudillos las puertas del autobús, cómo éstas se abrían y cómo él desaparecía en el interior.

Yo llegaba a una rotonda, que tomé suavemente mientras una sonrisa se dibujaba en mi cara, también de chino (había dormido poco y tenía los ojos pegaítos).

¡Hasta el lunes Cordobita!

Escribo esto para mí, porque lo necesito y porque necesito hacer público lo que supone este tío en mi vida. Juan Carlos Córdoba abandonó e...