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Mostrando entradas de febrero, 2007

Las barreras

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Para llegar a la oficina, además del tradicional atasco madrileño,(que es como el cocido: como aquí en ningún sitio),tengo que entrar en una urbanización privada donde una barrera levantada pero amenazante nos avisa de que allí no somos bien recibidos, no somos de allí.

La barrera nos recuerda eso y que en cualquier momento nos mandan de allí a tomar por el culo.

Una vez dentro debemos aparcar, como buenos subcontratados que somos, en cualquier trozo de calle; medio subidos a una imaginaria acera, más similar al trocito de río seco que adorna el Belén que a otra cosa. Da igual donde aparques porque está prohibido en toda la urbanización, con lo que lo dejes donde lo dejes, si alguien llama y lo denuncia a la policía, vienen y te cascan una multa.

Además, el hecho de no poder gozar del parking de las oficinas del cliente hace que todos los subcontratados, muchos, aparquemos en las susodichas aceritas o directamente comiéndonos un sentido de la circulación, con lo que ya es difícil incl…

Babel

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El viernes vi "Babel", por aquello de no perder el tren de la modernidad (cuando 823 personas te han dicho que está muy bien: o vas a verla o te pones en casa una de Joselito, pero algo tienes que hacer).

Se supone que la peli habla de la incomunicación o algo así o de la necesidad que tenemos de comunicarnos.
Yo, mientras veía a una japonesa sin bragas buscando desesperadamente echar un polvo con el primer clon de Julio José Iglesias que se le cruzara, sentía la incomunicación por dentro a modo de sangre hirviendo.

Me explico: Detrás de mí se sentó el típico plasta que va comentando la peli en voz alta a su mujer:
-"Se va el autobús, se va".
-"¡Claro, claro, el fusil es de él!"

Lo gracioso de estos personajes es que: cuando predicen lo que va a ocurrir no son nada originales y tiran por el camino fácil...y se equivocan.
O ya predicen cuando todos sus compañeros de sala han caído en la cuenta.
Pero ahí no acaba la cosa. También comentan la jugada: Es el "…

Hacerse el tonto

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Uno a veces mira alrededor y se pregunta: ¿Será verdad que renta tanto hacerse el tonto?
La respuesta es: Sí.
Hacerse el tonto viene a significar: "Yo no opino; yo no hago nada; yo no soy peligroso; yo no estoy; no existo; y si cae algo, me lo quedo y me callo".
Eso pasa mucho más de lo que se puede pensar, aunque tampoco sé lo que se puede pensar, dicho sea de paso.

De pronto viene un personaje de esos que llaman jefe y dice:
-"¡Todos a andar de puntillas!".
Y todos se ponen a andar de puntillas.
El que protesta probablemente vaya, con todos los honores, a la puta calle. El tonto no protesta. El tonto se pone a andar mal de puntillas, le califican de torpe y le apartan. Ahora el tonto no anda de puntillas, anda como el jefe.

Al día siguiente:
-"Oídme, esto hay que arreglarlo como sea". Y se ponen todos a arreglarlo mientras el jefe se pone a buscar el último de Alejandro Sanz en internet y acaba entrando en una página de phishing.
El tonto empieza a estropear…