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Mostrando entradas de julio, 2007

Una noche de verano

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La calle arde, la piel también. Estamos a no sé cuántos grados, nadie lo sabe. Si nos fiamos de la pantallica con reloj incorporado, vamos listos. Es lo más parecido a los relojes con calculadora que tenían los niños con más posibles en mis tiempos de colegio: Quedan muy chulos pero son una mierda.

Nadando es este calor avanzamos, paseamos y charlamos. De pronto, cerca, unos vigilantes del metro, ese que quita vagones y horarios en verano para que el personal que se queda en la capital siga igual de jodido que en invierno, reducen a un joven de aspecto y lengua bereber. El vigilante joven (hay otro viejo) tiene una pinta terrible, de esos que no quieres encontrártelo ni en la cola de Shrek Tercero, por muy meloso que se ponga el chaval con su bidón de palomitas. El sospechoso grita cosas desde el suelo. El vigilante terrible bloquea los movimientos de éste con rodilla en pecho y la mano que le queda libre. La otra la utiliza para amenazar con la porra. Dichosa porra que sólo provoca do…

Ir de boda

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No es que quiera emular a mi gran amigo David y contar aquí un monólogo sobre "Las Bodas". Tampoco copiaría ninguno suyo (la cantidad de búsquedas de google que dan con mi página poniendo "monologo de" y lo que sea). Anda la gente muy plagiadora y muy escasita de imaginación. Pero necesito un poco de terapia post-boda.

1800 kilómetros en menos de 24 horas (sí, podía haberme ido en avión, lo sé, pero me hubiera perdido a la Sra. de Truman conducir al estilo Pulp Fiction: Reflexionando en voz alta sobre los putos peajes catalanes) han avejentado mi cuerpo unos cuatro años. Digamos que lo justo para no poder pensar en ir a las próximas olimpiadas: La flexibilidad la perdí hace tiempo, el fondo encontró una "n" hace también varios años y la capacidad de reacción no se activa ni cuando se me caen 20 euros al suelo, pero después de este fin de semana he tocado fondo (otro tipo de fondo).


Todo comenzó unos días antes cuando decidí ir sin traje y decididamente fash…

La credibilidad

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Aprovechando que me he pasado por la página del Evento Blog España y apoyando su celebración en la edición de 2007 con el banner que he puesto por ahí, he leído el manifiesto final que se elaboró tras la conclusión del evento y a partir de las conclusiones generadas y las aportaciones del mundillo bloguero.
Se habla mucho de opinar, de libertad, de respeto. De que los blogs han cambiado la comunicación, la información. Está muy bien.

Sin embargo yo, cuando leo un blog, un periódico incluso un anuncio de pisos me es inevitable (imagino que a los demás también) valorar la credibilidad del informante.

Por eso, cuando Camacho sale en la tele, retotollúo como está, con su camisa blanca, paseando por la playa, y me ofrece irme a comprar un chalecito al lado del suyo me lo creo más, me apetece más, que cuando me lo ha ofrecido, cinco segundos antes, el director general: un joven calvito prematuramente y sin una gota de color en su piel.
Camacho vende, porque se piró del Madrid en cuanto Floren…

Las cosas del poder

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Basta sólo con rozar el poder para quedar impregnado de un toque siniestro.

Siempre he preferido estar más cerca de Freddy Mercury que de Robert Smith, aparte que me da pereza prevaricar, intrigar o extorsionar, cosas todas ellas muy propias del poder.

Por eso ando todo el día irritado con cualquier abuso de poder. Cuando es irremediable: Tenerlo lleva consigo abusar de él.

El otro día salió la nueva alcadesa de Leganés, Guadalupe Bragado, haciendo de alcaldesa torpe por inexperta y por lo poco puesta en situación que estaba. En las elecciones pasadas sacó su partido más concejales que el resto pero no mayoría absoluta, con lo que el sempiterno pacto PSOE-IU parecía que gobernaría otros añitos más por tierras leganenses.

Pero parece que no hubo acuerdo y la chica se vio de alcaldesa, muy ilusionada ella.
Enseguida la maquinaria de cada partido se puso en marcha para ver qué había pasado (¿no hubiera sido mejor antes?). Llegué a oir que a los concejales de IU los iban a echar del partido.

E…

El bar del Nabo

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Igual que un futbolista cuando se retira acaba de entrenador o de comentarista de fútbol, un "rolling stone" que se precie, si no se ha quedado por el camino, acaba de camello o pone un bar. O ambas cosas.

Pero no parece un bar. Es como la casa de un "jipi" que hace tiempo dejó de preocuparse, si lo hizo alguna vez, por tenerla como Dios manda.
Las paredes repletas de collages hechos por el dueño o por cualquier persona que se haya cruzado en su vida.
Se mezclan cuadros, láminas, pósters, frescos. Escenas de rock&roll, Monet, Goya, y cosas que le regalan. Postales, retratos hechos con rötring y fotos.
De fondo suena la música: cualquier cosa parecida a lo que nuestro amigo esquizofrénico comenta con frenesí y voz engolada como auténtico "ruaquenruol". A veces, si no puede cambiar de disco, pone la radio y ahí ya sale lo que sea. Incluso las noticias de las once.

Y pájaros, muchos pájaros, periquitos haciéndose carantoñas (no soportan la soledad) y cds de…