Manu Kas: el humor como espejo

Manuel, Manolo, Manu Kas es ese tío de Vallekas que explotó hasta decir basta eso de ser de Vallekas, como si no hubiera más barrio, extrarradio, oxorradio, extraordirradio, religionarrio, y que tiene razón; porque Vallekas es especial y tiene esa autenticidad que la gentrificación ha eliminado de otras zonas míticas de Madrid.

Manu Kas es ese comediante frágil que se mueve sinuoso sin moverse, haciéndote una cobrita mientras actúa, mientras te las mete dobladas con sus reflexiones sobre el ser humano. Porque Manu no se anda con chiquitas (que también), y explora la naturaleza de eso que llamamos el Homo Sapiens como un entomólogo.

Manu es un espejo, porque habla sin pudor de sus miserias, te hace cómplice de ellas, porque son las tuyas y ríes porque sabes que no hay solución, que esas miserias que te plantea no tienen remedio. Que seremos así siempre, que volveremos a caer, que volveremos a renunciar, que seremos siempre carne de cañón, que no pasa nada, que nos resignamos, que peleamos como insectos ciegos contra lo irremediable.

Por eso Manu se retuerce mientras nos da la chapa, porque se sabe perdedor en la batalla, porque nos habla desde la derrota sin tapujos. Manu nos habla desde el mar revuelto a base de contradicciones, de frases hechas, de abandonos y de desaires. Desde ese mar que no le corresponde ni le quiere pero en el que no tiene otra cosa que hacer que estar, y mantenerse, y pelear, y sentirse ganador aunque solo sea con un micro pegado a los labios a modo de chaleco salvavidas.

Manu es muy grande pero se siente pequeño. Y ahí radica su grandeza. En su pelo revuelto, en su día después, en sus vasos llenos y vacíos, en su melancolía barata, en su pique ideológico, en sus redes, en sus hilos, en su tartamudez de arranque de frase.

Manu Kas dice cosas maravillosas en los textos grabados en Comedy Central (antes Paramount Comedy), que son la punta del iceberg de su talento. Porque Manu, apoyado en la barra, o con un teclado y un chat es prodigioso también, sin cortes, sin matices, sin ataduras. Manu es una bomba de verdad en un mundo sin norte, norteños ni brújula que entienda de humor.



Manu te pone en tu sitio sin pretenderlo, porque siempre está como de favor, como de paso, como sin merecerlo en un mundo lleno de perros de presa, de nauseabundos textos de mierda de animales que se extinguirán por inútiles. Manu es un lobo solitario buscando amor en un whatsapp lejano, un buscador de oro que espera la hora para ir al bar a contar sus lances, un buhonero de los pueblos deseando parar.  Manu Kas es ése, ese tío de Vallekas.




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