Mi paso por La Sexta (Parte I)

El 29 de Marzo M4rt1n publicaba un “post” (creo que se dice asín) sobre su futuro como concursante en La Sexta (Yo no pongo enlaces y cosas de esas porque soy un poco nuevo en la materia).
Como parte aludida y dado que él mismo me pidió una crónica, ahí va:
“Mi paso por La Sexta. Parte I”.
Un día me dice M4rt1n, (en adelante: M.) que va a intentar ir a un concurso de “La Sexta”, la nueva cadena de Milikito y compañía.
Le digo que me diga qué hay que hacer.
Él dice que va por “culpa” de su hija. (El cine se llena para ver “Buscando a Nemo” de gente que va porque su hija o hijo quiere verla, aunque a veces se olvidan del niño. “Lo hemos dejado con los abuelos porque luego hemos quedado con unos amigos”, que luego ni son amigos ni nada, pero bueno, con alguien hay que quedar).
En fin, el caso es que mando un mail a una dirección con mis datos(teléfono de contacto incluído), me llaman y me citan para un casting.

Podemos traer a quien queramos así que animamos a un compañero de la oficina y M. también se apunta para ir el mismo día.
Por otro lado, mi novia y una amiga también se animan a ir ese día, por su cuenta.

Vamos a ir los tres compañeros juntos desde la oficina, y ahí empieza el lío. Me saco mi planito para no perderme, M. pasa de todo y F., el otro compañero, con su sarcasmo habitual dice: “Pero si es muy fácil ir, eso está por donde yo vivo”.
Así, yo me meto en mi coche, con mi plano, y M. con su GPS particular: F. , una especie de guía de Indiana Jones.

Como voy con el plano, me dicen que vaya delante. Yo intento no perderlos, pero cuando llegamos a la zona “Telecinco-Globomedia”, y, aunque ya advertido por la chica que contactó conmigo, me topo con un carril en obras, decido girar a la derecha y “callejear”.
Callejear es un eufemismo de “dar vueltas y perderse”.
Así, con la ansiedad de llegar a la cita a tiempo y la responsabilidad de llevar detrás a unos incautos, me meto por prohibida.
Un vehículo que viene en dirección contraria (contraria a la mía), me avisa de ello de la mejor forma que puede avisar un hijo de puta: acelerando y haciéndome girar bruscamente para salirme del carril. Hay que dar la vuelta. Miro a M. y le indico la maniobra. Ahí ya tengo esa sonrisilla nerviosa que significa: “¡Qué mal me lo estoy montando!”, pero que cada uno puede interpretar como quiera.
Tras dar la vuelta, al ver que M. se queda atrás, intento echarme a un lado y pongo la luces de emergencia. La calle es estrecha o la hacen estrecha los coches mal aparcados, los que vienen detrás no me adelantan y me veo forzado a seguir.
Al doblar la calle veo que estoy en el mismo punto por el que hemos entrado, aminoro la marcha y miro por el espejo retrovisor. Ni rastro de M. y F. La calle es larga, mi marcha lenta, y….ni rastro de M. y F.
En un arrebato de locura me invade el siguiente pensamiento negativo: “F. decía saber muy bien cómo llegar, yo acabo de demostrar que no, ¿se habrán ido estos cabrones por un atajo? ¿me habrán dejado tirado?”.
Como siguen sin aparecer, decido buscarme la vida. Así es como aparezco por las oficinas de Globomedia solo.
Al poco aparecen por allí M. y F., los dos con cara de enfado y aspecto de poco aseados. (De hecho, pensé que iban a sacarme una placa de esas de “Colombo” y a decirme: “Teniente Martín, de asuntos externos”).
Gracias a que son unos chicos educados, al menos algo educados, contienen su ira como pueden y al final cada uno expone su versión de los hechos.
En esto aparece un conocido mío que trabaja de guionista. Le saludo. Luego aparecen mi novia, nuestra amiga y las chicas del casting.
Tras saludar, las chicas del casting me invitan a pasar para adentro. Mis compañeros escapan a su vista, así que les advierto de su presencia y nos invitan a los tres a que las acompañemos.
-“Luego os presento” , digo, aludiendo a que no les había presentado a mi chica y a nuestra amiga.
Estas palabras no fueron oídas por un M. turbado y nervioso y un F. en circunstancias similares.
El motivo podía ser que una de las “castineras” era “tan espectacular que quitaba el hipo”( M4rt1n dixit). Podrías haber sido un poco más ingenioso. Por ejemplo: “Tan espectacular que pensé que mis pantalones se rompían a la altura del pubis”. ¡Yo qué sé M4rt1n, algo!

Ya en el despachillo donde nos van a despachar, rellenamos unos formularios, nos hacen una foto y las preguntas típicas que luego usan los guionistas para sacar algún chascarrillo durante el programa.

Mientras yo trato de empatizar con aquella situación, F., nuestro vendedor de camellos particular, valora la posibilidad de llevarse a la “castinera buenorra” a cambio de “once dromedarios y veinte caballos árabes”. Con su pachorra habitual, se limita a hacer lo justo para que no le llamen raro. Pero se lo acabamos llamando todos. Es lo que tiene. Por otro lado, M. se muestra nervioso e inseguro: su pose de madurito seductor recuerda a las pelis italianas de los ochenta que clasificaban como “S”.
Al final hay que contar un chiste: Yo cuento uno mío de los de “se sube el telón”. (Bueno, conté dos).
M. cuenta otro del mismo género. Nos manda callar de manera impertinente y lo suelta. Un pelín basto, pero nos reímos, con esa risa fácil y tonta con la que reímos las putas gracias de nuestros jefes.

Total, que el casting, medio bien. A la salida esperaban mi chica y nuestra amiga. M. no me dio tiempo siquiera a hacer las presentaciones pues abordó a las chicas con un “Yo soy M.”, que sonaba a “…y soy el hombre que necesitas para gozar de placer esta noche”. ¡Qué miedo!
Mientras, F. seguía descompuesto y miraba con lascivia contenida a la castinera.

Tras la despedida de las chicas Globomedia (que mal suena, ¿no?), ellos se fueron por un lado y nosotros por otro.

Y aquí acaba la réplica al post de M4rt1n.

“Sobre cómo fue el concurso” (“Mi paso por La Sexta. Parte II”), en breves fechas.

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