Di "chicle"

Estaba yo de comida familiar. Había venido mi tío con su mujer y sus dos hijos. El pequeño apenas balbuceaba algo similar al castellano y poco más. El niño iba a su puta bola: no comía con nosotros, no jugaba con nosotros.
Ya iba teniendo edad para hablar algo por lo que se le podía haber calificado como "hijo tonto".
Bueno, ahora, cuando uno tiene un hijo tonto, lo lleva al logopeda o al psicólogo infantil y así llegar a la conclusión de que el niño no es tonto, sino que le has retirado demasiado pronto el chupete o la teta o que no debería ver el polígrafo más de dos horas al día.

Por no hablar de cuando se hace mayor y saca malas notas: "Mi hijo es muy inteligente pero es que es muy vago". Los padres nunca quieren aceptar que sus genes sean los responsables de dicha tontería por lo que siempre recurren a la ascendencia de su cónyuge para explicar la anomalía del vástago: "Cariño: el niño ha salido a tu tía Conchi".

El caso es que al parecer el niño sabía decir "chicle" así que los padres insistían e insistían pacientemente a que el niño dijera "chicle" delante de todos esos familiares desconocidos a los que no hacía ni caso.
-"Di chicle, di chicle", y el niño seguía deshaciendo en su boca una supercorteza de cerdo.
-"Di chicle, di chicle"...y el niño decía: "¡AAAAAAAA!". Bueno, es un principio, pensé yo.

Muchas veces nos insisten en que digamos lo que quieren oír.
Por ejemplo: Te hacen una oferta de trabajo y creen que tú vas a decir rápidamente que sí. Y de hecho se extrañan de que digas que no.
-"Pero ¿qué es lo que no te cuadra de la oferta?"...
-"No, si la oferta está bien. Pero es que me lo quiero pensar un poco".
-"Bueno, como mucho llámame esta tarde ¿eh?, y dime lo que no te gusta".
-"No, si la oferta está bien. Pero es que me lo quiero pensar un poco".
-"Pero, ¿qué es lo que no te cuadra de la oferta?"...
Y así hasta que la batería del móvil dice "hasta aquí hemos llegado" y hace de su necesidad virtud.
-"Bueno, como mucho lláma...tútú..tútú...".

Ayer me fui a comprar unos pantalones. Me probé estos y aquellos; los que me hacen gordo; los que me marcan dejémuslo en la pierna; los azules; los blancos; los de la talla 4329; los de la talla 3989; ¡para cuándo eso de unificar tallas, por favor!
Total, que cuando me decido por unos, resulta que tienen una manchita, de esas que ves que tienen hasta surcos de haberle pasado la uña una y otra vez.
Le digo a la dependienta que si me puede sacar otros iguales pero que no tengan la manchita.
Ella le vuelve a pasar la uña y me dice que si no se quita se los traiga. O sea que daba por hecho que me los iba a llevar.
Le insisto: -"¿no tienes otro igual?".
-"No, esto es lo que hay"-, me dice, para a continuación hostigarme con un:
-"Entonces qué"...
Yo insisto: -"¿no tienes otros?".
-"No, entonces qué".
Creo que me lo dijo unas cuatro veces más hasta que ya salté:
-"Entonces no me los llevo, que prefiero llevármelos nuevos y ya los rompo yo en casa".
La señora, nada amable, me dijo: -"Pues esto es lo que hay".
"Gracias", le dije, más que por la atención recibida, por la liberación que suponía irme de allí corriendo y sin pantalones (sin los que me iba a comprar, se entiende).

El otro día se fue de la empresa uno de los nuestros. Estábamos en su despedida, que se organiza en el office, cocina o como se quiera llamar donde comen los "tuperguareros".
Todo el mundo le insistía: "Venga, cuéntanos un chiste de los tuyos..." "¡Un chiste!"..."¡Un chiste!"...
El compañero se negaba a ello una y otra vez, pero la gente insistía..."Un chiste, un chiste"...y me acordé de mi primito: "Di chicle, di chicle".
Yo hubiera hecho como él: Me hubiera metido una corteza de cerdo en la boca y hubiera esperado a que se deshiciera. Como mucho hubiera dicho: "AAAAAAAAA".

En fin...

Comentarios

Kaminant ha dicho que…
Me he reído mucho leyendo esta entrada.

En general, me gusta el estilo con que escribes.

Entradas populares