Insisto

Cuando alguien dice "Insisto" significa que vuelve a invertir energías, tiempo y valor en algo que podía haberse realizado, satisfecho o solucionado en un primer intento.
Pero no, los primeros intentos sólo sirven para numerar los siguientes. De hecho, cuando conseguimos hacer una gestión a la primera nos recuerda a cuando jugábamos a las canicas y la metíamos de "cholón" en el "guas" desde muy lejos.

O sea, que estamos acostumbrados a ir a una ventanilla de la Administración y que después de hacer cola nos digan: "¡Pero es que esto sólo se atiende de 9 a 11 de la mañana!". Te lo dicen como si tú te supieras los horarios de todas las ventanillas de la Administración como el que se aprende los ríos en el colegio. Sólo le faltaba decir : "¡Tonto!".

Así que te vas, como un tonto, e insistes al día siguiente. Eso sí, llegas a las 10 y poco, para que te atiendan.
Luego te atienden y te dicen : "Ya, pero es que esto no te lo puedo solucionar aquí".
Que tú piensas: "¿no querrá que lo solucionemos en el servicio? Que yo lo de follar lo hago de 21:00 a 01:00".

Luego llegas a casa y tu vecino, que te tiene controlado por coche, luz y sonido televisivo, viene a verte para decirte que preguntes no sé qué a no sé quién. Y no para de decir: "Insito, tienes que preguntarle eso, insito".

Mi vecino tiene una forma de decir "insisto" que hace preguntarme porqué dejé de ir al gimnasio, con la adrenalina que soltaba cada vez que hacía "¡EIH!" y levantaba mis pesas. Mis pesitas si las comparaba con los infladitos que iban por allí. Aunque al final todos acabábamos haciendo lo mismo: Viendo la tele. Que es para lo que uno va al gimnasio.


Otro día te vas a comprar un regalo aun sabiendo que lo más seguro es que tengas que "descambiarlo" (que es una palabra que no sabía si existía pero cuyo uso es común en mi entorno más o menos directo). Porque sabes que la persona regalada es muy dada a decir : "No me queda bien", "Si tienes el ticket...". El caso es no hacer las cosas a la primera.
Y claro, como vamos todos a mil y queremos hacer tantas cosas, cualquier contratiempo nos descabala la agenda y nos jode y contractura el cuello. Porque si lleváramos una vida más sosegada incluso ir a cambiar el regalo podría ser el acontecimiento del día. Incluso daría pie a una conversación amable con la depedienta o un paseo o vete tú a saber. Aunque me da que para esto también habría que insistir un poco.

Insito, Insito.

Total, que algún día sacarán una estadística de una universidad de estas donde, aparte de pegar tiros de vez en cuando, se marcan un estudio de estos vitales de la leche. Y nos dirán el tiempo medio que perdemos en los "insistos". Y lo sacarán en la tele si no hay huracanes, gripes, consejos solares o nacimientos reales.

Voy a ver si el camarero, al segundo intento, me mira y me pone una cerveza.


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