Una noche de verano

La calle arde, la piel también. Estamos a no sé cuántos grados, nadie lo sabe. Si nos fiamos de la pantallica con reloj incorporado, vamos listos. Es lo más parecido a los relojes con calculadora que tenían los niños con más posibles en mis tiempos de colegio: Quedan muy chulos pero son una mierda.

Nadando es este calor avanzamos, paseamos y charlamos. De pronto, cerca, unos vigilantes del metro, ese que quita vagones y horarios en verano para que el personal que se queda en la capital siga igual de jodido que en invierno, reducen a un joven de aspecto y lengua bereber. El vigilante joven (hay otro viejo) tiene una pinta terrible, de esos que no quieres encontrártelo ni en la cola de Shrek Tercero, por muy meloso que se ponga el chaval con su bidón de palomitas. El sospechoso grita cosas desde el suelo. El vigilante terrible bloquea los movimientos de éste con rodilla en pecho y la mano que le queda libre. La otra la utiliza para amenazar con la porra. Dichosa porra que sólo provoca dolor y miedo.

Tan cerca como el vigilante de su reo, dos personas contemplan la jugada. Da la impresión de haber sido ellos víctima de algún robo por parte del que está ahora en posición horizontal. Puede ser, pero algo dentro de mí me hace, irremediablemente, ponerme de parte del que está aplastado contra la acera. Quizá porque el vigilante no se limita a hacer su trabajo sino que deja que el odio fluya por sus maneras y ahí pierde toda legitimidad.

Seguimos andando, no nos vaya a joder la tarde la escenita y pasamos delante de un parque donde unos chavales aflojan testosterona a base de hostias mal dadas mientras las niñas jalean. Están jugando, no se hacen daño, pero me sigue poniendo el cuerpo revuelto.

Sigue haciendo un calor de cojones, ni siquiera el tramo por el campo reduce mi hipertermia. En las terrazas las jarras heladas no llegan vivas a las mesas, adonde se postran chapoteando. Los helados no aguantan siquiera a quitarles el papel y hacer el guarro con el chocolate está más que justificado porque diez segundos más y el cambio de estado sólido-líquido da con el cucurucho en el suelo.


Otra vez el suelo. Parece que circulara lava bajo los adoquines. Los grillos dan saltos porque no se aguantan ni a ellos mismos y las parejas mayores hacen el paseo diario al trote, deseando llegar a casa y echarse un trago de agua y ponerse fresquitos.
Algunas mujeres, pertenecientes al "new-maru", salen a echarse un cigarro con una batita sudada y manida y el pelo más revuelto que las neuronas de Pocholo. No sé si se rascan el papo con la mano que les queda libre, pero es lo único que les queda por hacer para que la platea se rinda a sus chanclas.

Se está haciendo tarde y hay que madrugar. El calor me dejará dormir y soñar en otra noche de verano...¡de vacaciones por favor!

Comentarios

violinderretido ha dicho que…
las mujeres "new-maru" están muy bien retratadas...jajaja

escribe un libro Truman...en serio..tienes mucho que contar...

de vacaciones pronto si!!!!!!!!!

mauakassS

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