La interpretación

Llevo un día que me van a volver loco entre todos. Si soy sincero hay veces que preferiría que me hablaran en alemán. Así al menos no me alarmaría por no tener ni idea de lo que dicen. Aunque eso me pasa por arrimarme donde no debo.
Hay gente, digo yo, que realmente no sabe muy bien lo que dice y lo que hace es soltar a partes iguales verbos, sustantivos, adverbios, adjetivos, pronombres y todas esas cosas sintácticas que nos hicieron huir de la "Lengua" como de los morros de Carmen de Mairena.



Hoy incluso pensé que me habían echado algo en la leche de sobre de la máquina de café. No entendía ni media palabra de lo que me decían; imagino que mis ojos bailaban de izquierda a derecha en repetido y veloz ciclo mientras mi cerebro intentaba ordenar lo escuchado para darle sentido.
Nada, no había manera.
Me sentía como en un concierto de R.E.M., que ni con un traductor simultáneo, ni con subtítulos en cheli: ni puta dia del "Losing my religion".



El problema debo tenerlo yo, porque me ha pasado con tres personas. Ellos hablaban y hablaban y me interrogaban con la mirada o con las palabras, siempre impertinentes, de "¿me entiendes? ¿me entiendes?".
-No, tío. No te entiendo. No entiendo esta devoción por decir estas cosas. No entiendo esta disposición a llenar mi cabeza de ruido y amargarme la existencia.

Y en ese esfuezo por interpretar lo que me querían transmitir se me ha ido literalmente la pinza. Me he quedado mirando un rato la pantalla, pasmado, y he pasado por tres fases de revelado conocimiento.
A saber:
1) Estos tíos están gilipollas.
2) Estos tíos no tienen ni puta idea.
3) Estos tíos están más pasados que los chistes de "Escenas de matrimonio".



Después de estas revelaciones he encontrado un momento de paz en ese lavabo puesto en vertical que llaman "servicio de los chicos" y que te hace adoptar una de estas posturas:
O te arrimas y te salpicas todo el pantalón.
O le enseñas el rabo a todo el que se acerca.

Y ha sido ahí donde he encontrado la clave de todo lo que no lograba interpretar.

Cuando empiecen otra vez con ralladuras no me arrimaré.

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