Historia de una cámara 4ª Parte (El desenlace)

Quedaban 2 días...


En la oficina, entre marrón y más marrón, entre ojos escrutadores de pantallas ajenas y presión pro-contractura en mi chepa, saqué huecos para realizar visitas esporádicas a la página oficial de Afotoprin.

En ésta me recreé visualizando varias ofertas que tenían, entre ellas unos packs muy majos:
El que veía con muy buenos ojos contenía la Nisun AXT 90, que además de más barata, ya me había "vendido" la dependienta como muy buena y cercana a la AXT 95.

Estaba imprimiendo el folleto con las ofertas cuando me llamó.

-¿Truman?, te llamo de Afotoprin. Te puedo conseguir la cámara para mañana.

Por fin. La AXT 95 era mía. Llegaría justo el último día del plazo que me establecí. Me alegré bastante.

Pero algo iba mal.
Ahora giraba dentro de mi cabeza el pack con la AXT 90 mientras la chica de la tienda me decía cosas a través del móvil.

Hasta que la espeté: -Oye, ¿y la AXT 90, la tenéis también?
Me contestó un poco contrariada. Se supone que había hecho las gestiones necesarias para conseguir la cámara que yo quería, la que no encontraba en ningún sitio de un modo adecuado, la cámara que había visto reflejada en mis pupilas el día anterior.

-Sólo me queda la de exposición...espera un momento, también la tengo con el pack nº3.

Por un lado pensé "¡no jodas!" y por otro pensé "a ver si el pack lo van a montar con la de exposición".

"No jodas", porque era precisamente ese pack el que me estaba encandilando en mis incursiones furtivas en la web.
Y por otro, porque no sabía cómo era eso del pack.

Pero en un ataque entre de locura y de entusiasmo le dije:
-Pues resérvame el pack nº3 y esta tarde me paso a por él.

Quedaba 1 día y medio...

Pensé en irme directo a la tienda pero la Sra. Truman no se encontraba bien y tuve que llevarla a casa. Una vez allí la fiebre me alertó de que había que hacer algo más que dejarla allí en reposo. La cámara podía esperar al día siguiente, a pesar de que en el folleto comprobé que ponía: "Oferta válida hasta el ...". Sí, la oferta acababa esa misma tarde.

Fui a la farmacia, regresé con algunas medicinas y, tras atender a la enferma y ver que se encontraba tranquila, le comenté que saldría a un recado.

Al estrés de conseguir la cámara se añadía ahora la urgencia por regresar cuanto antes. Eso sin contar que entre unas cosas y otras, quedaba media hora para que apagaran la luz en la tienda y con ella mi penúltima oportunidad.

Encontré la tienda a punto de cerrar puesto que se iban media hora antes de lo que ponía en la página web (parece que el mundo real y el virtual tienen horarios distintos).
-Pensaba que cerrábais a las 21:30- le dije a la dependienta; que no era la que me atendió ni llamó.
-¡Sí, hombre, lo que faltaba ya! ¿te parece poco?-me soltó sin pudor.

No me parecía poco, la verdad. Bueno, yo venía a por mi cámara y saldría echando hostias de allí así que la saqué rápidamente de dudas sobre el retraso que causaría en su salida mi llegada.

-...a nombre de Truman...un pack de Nisun...-la chica buscaba en el ordenador mientras yo buscaba en los estantes la Nisun AXT 90 de exposición. Allí estaba.

Entonces la dependienta, más relajada ya, se acerca a un rincón y aparece con una caja que efectivamente contiene la cámara y resto de accesorios del pack. Vamos, que era un pack traído así desde el proveedor y no se trataba de uno compuesto como las bolsas de chuches, que sabe Dios por cuántos dedos habrán pasado ya las gominolas (¿y las fresitas? ¿y las nubes?, bueno, las nubes ni te cuento).



Mientras lo abre para enseñarme su interior y comprobar que estaba todo me dice:
-¿Vas a pagar con tarjeta? Es que tengo la línea telefónica mal y no te puedo cobrar, lo siento.

Yo saqué todo el dinero en efectivo que tenía pero me faltaba un poco. Encima tenía la tarjeta caducada aunque recordé que tenía otra compartida desde donde, si no había más remedio, podía sacar una pequeña cantidad.

-Hacemos una cosa: tú te vas a sacar dinero y yo mientras voy al servicio que ya no me puedo aguantar más- la chica era extrovertida, de eso no había duda.

-Vale-le dije. Cerró tras de mí para que no entrara ningún cliente más y quedamos en la puerta tras las gestiones.

Llegué antes que ella. Desde el cristal observaba mi caja con todas sus cositas dentro. Sólo faltaba un violín sonando en "mi menor", la cara de pena ya la ponía yo solito.

Por el pasillo distinguí que venía la muchacha vendedora. Parecía satisfecha.
Ya en la tienda pagué, me puso todo en una bolsa y gracias a que no le monté ningún pollo por el tema de la tarjeta y porque me lo curro un montón, todo sea dicho de paso, le saqué un regalito.

Me despedí de ella con gratitud no fingida y, al ritmo de marchador olímpico, me dirigí hacia el parking del centro comercial desde donde saldría escopetado.

Ya en casa, tras envolver el regalo pasada la medianoche, me acosté pensando:
"Esto lo tengo yo que escribir, ¡cojones!...No hay nada como una palabrota para liberar tensiones".

Quedaba un 1 día...

El regalo gustó.



Fin


Comentarios

Drea ha dicho que…
Qué hissssssssssssssssssssstoria!!! Entonces la señora Truman feliz y contenta no? Y sabe la gran odisea? Porque entonces seguro que lo agradece diezmilmillonesdeveces más jeje

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