El Cómico en el Punto de Mira

Subirse a un escenario no es fácil, aparecer en una pantalla de televisión tampoco, exponerse a la verborrea de las redes sociales, menos aún. Todo esto le pasa al cómico, que está siempre en el punto de mira. Esta semana se ha hecho visible que, además, al cómico le disparan.

La absurda acusación y tratamiento a los "títeres de Carmena" nos hace sentir miedo. El miedo como consecuencia del arma de los que no quieren ni oír hablar de la palabra humor, sátira, pastiche, parodia y todo lo que tenga que ver con esa primera línea que intentan siempre derribar los intolerantes. 

En esa primera línea están los dibujantes de Charlie Hebdo, los censurados y ya no vinculados de la revista El Jueves y también los famosos titiriteros. A esa primera línea se la dispara y luego viene todo lo demás.

Hay otro disparo para los cómicos, es el disparo que ejerce el éxito: Dani Rovira, cómico magnífico, chico genial, que cae bien a todo el mundo, que todo el mundo lo quiere en su escenario y ahora en su serie o película, militante de causas benéficas y que respira buen rollo por todos los poros, tampoco se libra de ese punto de mira. Y tanto disparo ha acabado con su buen ánimo. Y no es justo. 



No es justo porque los que vomitan su insidia, sin ningún tipo de pudor ni ironía o sarcasmo (algo de humor en la crítica ayuda a llevarla mejor) no saben lo que es estar ahí, en el punto de mira. Subirse a un escenario y convencer a la gente de que lo que vas a decir es interesante, que les va a dibujar una sonrisa y, en el mejor de los casos, les hará reír. Convencerles de que estás ahí para hacerles felices.

Hacer reír es muy difícil, si eres desconocido para el aforo que te espera sentado mientras come croquetas o mientras toma copas en la barra y cuchichea o grita directamente con su compadre de borrachera, más todavía. 

A veces tienes que actuar mientras tres o cuatro móviles están grabando todo lo que estás haciendo (es una batalla perdida). Te graban porque les gusta tu humor o para reírse de tu imagen descontextualizada fuera de esa experiencia que es el espectáculo en directo, nunca lo sabremos. 

A veces, tras luchar con unas condiciones adversas, notas además la indiferencia de los responsables del local, que recuerdan cómo aquel otro cómico lo petó, sin recordar que ese día estaba lleno el local, el micro funcionaba bien o aquel cuñado suyo faltón estaba ingresado y no vino a dar por el culo. 

A veces haces tu show y los insultos vienen luego, como le ha pasado a Patricia Sornosa con un bloque que tiene sobre los "vapeadores". Que hay que reconocer que a todos nos ha hecho gracia verlos en algún momento. Intolerables insultadores no vengáis a shows de humor y volved al tabaco, de verdad, os hará mejores personas.

En el fondo lo que nos pasa es que nos gusta más reírnos de alguien que con alguien. Funciona mejor el "soy feo, soy gordo, soy gilipollas" y que el público lerdo, el feo, el gordo, el gilipollas se ría sin piedad de mí y no de mi comedia. Tampoco hay que ir de prepotente cruel y decirle al público que es imbécil. Pero invitar a pensar que todos lo somos en algún momento, entrar en el juego de que todos somos iguales y que venimos a reírnos de la propia condición humana no parece una mala proposición.

Cuando eso ocurre, cuando el público acepta la invitación, todo brilla, como brillan los Fernando Moraño, Pepa Fernández, Miguel Lago, Louis C. K., Juan Carlos Córdoba, Patricia Sornosa, Óscar Guillén, Esther Gimeno, Amy Schumer, Denny Horror, Sarah Silverman y muchísim@s más...


Esta noche volveremos a hacer lo que nos gusta y también al punto de mira. ¡Sed buenos!





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