Nuevos de temporada

En verano se realizan muchos contratos de temporada, de esos que sirven para maquillar las estadísticas sobre el paro pero que no sacan de pobre a nadie.
Es inevitable encontrarse con algún inexperto debutante a los mandos de un "transpalé", un dumper, una caja registradora o una simple escoba y su cubo con ruedas (no lo dejes en la calle justo al doblar la esquina que me lo voy a llevar al curro colgando del retrovisor, joder).



Para ello, la paciencia es fundamental. Todos hemos sido nuevos en un trabajo, y de alguna manera, seguimos siendo nuevos en cualquier otro aspecto de la vida:
Cuando entramos por primera vez a una piscina climatizada y dejamos el albornoz en el borde del vaso, por ejemplo (que es como llaman los listos a la piscina de toda la vida: "El vaso de los niños está allí detrás", que yo pensé: "Pues de puta madre, ¿y mi cervecita, dónde anda?". Yo siempre pensando en la rubia con boina blanca, ¡qué le vamos a hacer!).
También andamos despitaíllos la primera vez que subimos a un avión y con la primera turbulencia nos rezamos cinco rosarios en plan Luis Moya: "Bendita tú eres y arraaaaaasssssss".

Porque siempre que nos enfrentamos a una situación nueva nos ponemos en tensión, con la máxima atención puesta en cada cosa y los nervios a flor de piel. El miedo a hacerlo mal, a que se note que somos nuevos, nos bloquea y nos hace torpes, más de lo que somos ya de natural.

El caso es que ayer fui a hacer la compra al típico "HiperSuper" de barrio, donde las cajeras van todas a la misma pelu y los reponedores llevan el mismo tatuaje asomando por la manga de la camisa.

Todo bien. Bueno, el de la frutería me colocó un tomate que si lo llego a detectar a tiempo se lo hubiera comido en el sentido suicida que desaconseja una buena digestión. Pero al llegar a la caja advertí que me encontraba ante una "CCN" ("Caja Con Novata").
No tenía prisa así que mostré mi mejor sonrisa (bueno, yo es que siempre estoy sonriendo, menos cuando estoy serio, que pongo una cara de mala hostia...). La chica de la CCN pasó los botes, bolsas, packs y cervezas (obviamente) con bastante diligencia y profesionalidad, quizá un temblorcillo en las manos, y la cinta que no acababa de pasar como ella quería (le echaba la culpa a la cinta, claro, para no parecer nueva).

Y llegó el momento de decirme la cuenta: "31,94".
Echo mano de mi cartera mientras meto las cosas en las bolsas (que parece que va a venir el de seguridad si no nos llevamos la puta compra de allí en menos de medio minuto, ¡qué estrés por Dios!...) y le doy un billete de 50. La chica de la CCN me suelta: -"¿Tiene los 94?".
...
...
...
Claro, no había caído en la cuenta: Si le doy los 94 céntimos ella sólo me tiene que dar 19 euros. De otra forma tendrá que sacar de debajo de las piedras la astronómica cantidad de 6 céntimos y 18 euros. Un drama: ¿dónde encuentra una cajera una moneda de 5 céntimos y otra de 1 o 3 de 2 o 6 de 6?

Con paciencia, cariño, comprensión (todo lo que te enseñan para hacer la comunión) y empatía, le dije que no. Y me buscó unas vueltas muy raras, pero vueltas al fin y al cabo. Y me fui de allí antes de que viniera el de seguridad. La verdad es que tuve suerte y no me tocó, como otro día, asistir al CCT ("Curso de Cobro con Tarjeta" ) que impartieron en otra CCN.

A ver si pronto me estreno de nuevo de temporada con mis glúteos blancos por un sitio con arena y agua, lo que lleva el otro en el dumper, vamos.



Comentarios

Anónimo ha dicho que…
yo llevo un año de vendedora, y aún me lío con las vueltas...

las matemáticas fatal....en ese caso..si por ejemplo un cliente me dice (¿te doy los cinco céntimos?) yo marco en el terminal (50'05 euros)...pero como todavía no cojo aún lo de las vueltas de ese tipo..no soy yo el que propone (¿tienes 92 céntimos?)

en fin....yo me voy a marchar ahora a unas fiestas pueblerinas, de esas que hay ahora en todos los sitios de España..

mauakasss

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