Buscando a Truman

Comencé la semana pasada mi primera de vacaciones, así que no más fotitos playeras para cerrar los post, ¿o sí?
Salimos en plan road-movie por tierras de piel y cartel de toro (a pesar de que algún catalanista absurdo y necio ande por ahí derribándolos: ¿lo volverán a poner como hacen con la mano de "La Cibeles"?).

Uno va ya cumpliendo años y aunque se siente más rolling-stone que nunca estuvo de puta madre darse un baño de sentimiento adolescente al lado de las "Leyendas del Rock", en el festival que se organizó en Murcia.

Allí lucí mi cutis más que "yogurín" al lado de Sherpa y resto de barones rojos; escuché una vez más "No hay ningún loco" y sobre todo presencié una actuación de Panzer. El grupo de rock que saltó a la fama, entre otras cosas, por volver loca a una abuela de Vallekas: "la abuela Ángeles", que llegó a ser portada de uno de sus discos.

Carlos Pina, líder de aquella banda, salió al escenario mostrando una realidad simple y demoledora: "Los años no pasan en balde".
Hay gente que sigue como siempre, como mi tito de Almería, pero otros crecen igual que los árboles: Cada vez con más anillos de grosor y con las copas más que visibles.
Digamos que entre los artistas la barriga tipo adivina-dónde-escondí-el-balón-de-basket dominaba en un claro 70/30.
Mientras escuchaba cantar "El pelo largo hasta los pies, lleva dos días sin comer" se me fue la pinza mirando al cielo murciano y pensé:"¿Dónde está Truman?".

Ningún psicotrópico rondaba mi cerebro, quizá fuera la corteza de la loncha de panceta que me había apretado envuelta en un exquisito pan blandito en el chiringuito oficial del festival (había otros no oficiales pero uno no sabía dónde empezaba la carne que estaba en la plancha y dónde la del notas que la servía, así que mejor no tentar la suerte). En fin, me puse a pensar en el paso del tiempo y porqué yo también estaba creciendo como los árboles mientras José Carlos Molina seguía danzando igual que siempre con su flauta travesera y decía enojado que "a mí no me llaméis leyenda, yo no soy un leyendas".

Tras el festival, quedada con familia y ejercer de forma imposible de tito Truman en una etapa "rompe-piernas" por el paseo marítimo. Me quejo de vicio porque paso bastante, pero aún así me agoto, no lo puedo remediar, y mis gónadas se retrotraen lo suficiente para pensar seriamente en emular a Farinelli por las terrazas a cambio de una ración de oreja.

La road-movie continuó por la costa levantina donde, aparte de paella y mar disfruté de una de mis pasiones: El cine de verano.

Pared encalada, palomitas, cerveza y el cielo. Da igual lo que "pongan", o casi. Vimos una horrenda película española y subvencionada que acababa con un aún más lamentable: "Dedicado a Luis García Berlanga". Podría hacer de spoiler y contar el final sólo para que ya nadie más vaya a verla pero simplemente diré que de momento o en este momento, para mí el peor director de la historia del cine (título achacado a Ed Wood) se llama JOSETXO SAN MATEO.
Tampoco estaba Truman por allí, quizá andaba en algún club escuchando un improvisado jazz de un burdeliano pianista, no sé. Desde luego no estaba allí.

Al día siguiente dijimos adiós al mar para continuar nuestra road-movie por el interior. Al cobijo de habitaciones sin factura ni ficha echamos ratos de conversación nostálgica. Una nostalgia que no me pertenecía pero que evocaba como mía en la noche veraniega que hacía que me picara la marca del pantalón en el ombligo (uno que es muy chulo y va con la talla inadecuada).
De pronto vi a Truman calle abajo. Andaba deprisa. Estuve por levantarme y seguirle pero me asusté.

Al mediodía cogíamos de nuevo el coche para hacerle unos poquitos kilómetros a mi segunda residencia (normalmente paso unas tres horas diarias allí). Quedaba la boda de una prima para acabar la semana aunque antes nos daba tiempo de volver a descubrir a Fito Cabrales, los pedazo de músicos que le acompañan y colarnos en el backstage, que es lo que más nos gusta.

Y luego la boda. Saludar a mucha gente que hace años que no ves te envuelve en una nebulosa parecida a la del festival. Es como un "Leyendas Familiar".
Y así, con afecto repartido y recibido subimos hacia el abismo laboral del lunes. Aunque antes nos dio tiempo de hacer nuestra última parada en la road-movie semanal: Amigos con retoño y fotos (ya se sabe: a los niños, hasta el día de la comunión se les hace una cantidad ingente de fotos).

Ahora, repasando éstas, me he recreado particularmente en una. ¿A que no sabéis quién salía?

Larga vida al barón...

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