Volando voy

Es curioso cómo están planteados los vuelos de corta distancia. A saber: Hay que estar una hora antes en el aeropuerto, recoger la tarjeta de embarque (que el barco no lo veo por ningún lado, pero bueno) y luego esperar no sé cuántos minutos a que salga el avión.
Si el viaje se te da más o menos normal, es decir, si se te pasa volando, llegas al aeropuerto de destino a la hora prevista. Pero queda la ruta rodada del avión, el autobús y luego dar largos paseos, bolsa de mano en mano, por los pasillos del puerto aéreo.
Y todo, al final, para coger un taxi que, tras una hora de camino, te cruje y te deja en tu casa o en tu lugar de destino: hotel, oficina o descampao.
Total, que empiezas a valorar el patinete como medio de transporte ideal: Contamina menos que las toxinas de Al Gore, te ayuda a estar en forma, y tarda lo mismo que el avión. Todo ventajas.

Hoy, mientras volaba, y por aquello de relajarme un poco, me puse a mis Héroes para también recrearme en la suerte de tener entradas para el superconcierto del día doce.



Mi sorpresa fue que, al pasar por una zona de turbulencias, nada turbolover dicho sea de paso, sonaba en mis auriculares: "la caída pierde altura...por momeeeentos...por momeeentoss...por momeeeentooooos...por momen...toooooosss". Y claro, a uno que no es como la baronesa Thyssen, es decir, de piedra y con pico de pato, le da por pensar.


Pero bueno, al final, eso: Aterrizar, pillar autobús y dar paseos por el airport, eso sí, tarareando que: "Volando voy, volando vengo...volando voy, volando vengo...por el camiino...yomentretengo...".

A gusto...


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