El curso (Segunda parte)

Hoy he empezado el curso. Nada que ver con los cursos de los que se nutre el post anterior. Bueno, un poquito sí, pero demos algo de cuartelillo y mientras retomemos lo que ocurre tras el break-desayuno o desayuno-fast, lo que los anglosajones llaman el breakfast, ya ves tú.

El caso es que tras el descanso se nota menos tensión en el ambiente, ya sabemos de qué va la cosa, tecleamos en el navegador "marca.com" o cualquiera de los supergigamails que tenemos, y nos ponemos a enredar entre prueba estúpida y prueba superestúpida.

Porque no nos engañemos, los ejemplitos de los cursos crispan más que Rubianes de pregonero en Valladolid, por poner otro ejemplo.

La obsesión de todos los alumnos(la peña) es hacer el ejercicio muy rápidamente para que los demás no piensen/pensemos, que son tontos. No saben que si pensamos que son tontos da igual la celeridad con la que resuelvan el ejercicio. Somos así y de un vistazo hemos puesto más etiquetas que un reponedor del Caprabo.

La gracia en todo esto, es que el profesor, en un arrebato de labor pedagógica inclasificable, va dictando y apuntando en la pizarrita de plástico la solución. Con lo que la única opción que nos queda a los infelices alumnos es copiar, más o menos rápido, ésta.

¡Qué triste!

Tras el ejemplito de los cojones el profesor se ve con la necesidad de "avanzar", aún no sabemos hacia dónde. Y llega el momento de "saltarse un tema".
-"Este tema os lo miráis en casa porque no es muy importante y vamos muy justos de tiempo".
O sea que es el primer día, aún no hemos hecho prácticamente nada y ya vamos justos de tiempo.
Luego comprendes que todo lo que es un poco complejo es lo que Paquito denomina "no es muy importante".

Pero Paquito no va a salir tan airoso como piensa, porque hay algo que no puede controlar, se trata de "El preguntón".

El preguntón es una persona que no puede estar más de cinco minutos callado y que, en cuanto le dan algo de coba, se arranca para no parar.

Las primeras veces se le puede sortear con un "permíteme que acabe de explicar este punto y luego contesto a tu pregunta".
Pero al profe le pasa como a la señora del restaurante el Canete que te dice "No tenemos mesa, tendríais que esperar", que lo que espera es que no insistas.
Si insistes, se desmarcan con un:
-"Ya no tenemos menú, bueno, tenemos uno de 20 € pero ya la cocina está casi cerrada". Y te lo dice mientras treinta curritos se hinchan de vino y casera (gaseosa de marca) y carnes grasas.

Pues Paco piensa que el preguntón no va a volver a la carga, y le mira de reojo mientras, como Sherezade, enlaza un punto con otro hasta que llega el siguiente descanso. Momento que aprovecha el preguntón, que ya no tiene amigos, para pegarse a la camisa de nuestro adorable formador.

Éste intentará zafarse de él con retórica de salón y empatía gestual sin advertir que un alumno aún más peligroso le espera sentado en el aula..."El Listillo".


Continuará...

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