Un secreto a voces

Hoy me he enterado que cinco compañeros se van. Lo llevan con más o menos discreción pero ya es un secreto a voces.

Casi todas las personas que conozco han conseguido mejorar su sueldo porque se van de su empresa a otra. Si no, es muy difícil, visto los patanes que nos gobiernan.

Llevamos una rachita de despedidas buena y a 10€ de contribución en el regalo, pronto habrá que pedir el aumento de sueldo sólo para paliar este gasto.

Dicen que sarna con gusto no pica, pero es que no es mucho el gusto, la verdad sea dicha. Yo para esto tengo un criterio bastante claro: Si se va alguien con el que he tenido cierta relación y no me ha tocado las pelotas, ahí van mis 10€. Eso sí, que se invite luego a unas porritas o unos sandwiches del Rodilla, ya que parece que lo de las cervezas no se estila.
Que no pase como con el vendedor de camellos, que con la cosa de que “le echaban”, se llevó su pack frikie para casa sin gastarse un puto duro.
Hay un pacto tácito y no es bueno romperlo si no quiere uno que le piten los oídos más que al Neng después de hacer Castefa-Valencia sin parar ni bajar la música.


Todos los que se van son majetes. Con algunos apenas intercambié unos chistes y algunos saludos...
Con el rey de los zumos, que me perdone la metáfora, nuestro dj encubierto, he flipado por sus conocimientos multidisciplinares y me jode que se pire.

También se va nuestra compañera kafkiana particular. Como han dicho hoy en la comida: “No se la va a echar de menos ni en lo laboral ni en lo personal”. No sé si porque no acaba de integrarse o qué, el caso es que va a su puta bola. Desayuna sola, come sola, se va ratos al coche (sola), por las mañanas llega a las mil (sus razones tendrá, pero choca), en fin, un bicho raro.
Y mira que siempre que me la cruzo la saludo y a veces hasta se le oye decir un chascarrillo. La verdad que es me da pena. Pero bueno, no se puede estar en todos los lados. Bueno, Dios sí, otro bicho raro.

Ya se sabe que para que un secreto siga siéndolo no se lo tienes que contar a nadie. Y que basta decir: “no se lo digas a nadie” para que alguien lo cuente mientras se sacude la pilila(el rabo) en el servicio, o para que lo suelten en mitad del comedor en hora punta de tupper, bocatas y microondas rezumando tres delicias de tres meses para acá.

Aquí, si te quieres enterar de que alguien se va, lo tienes más fácil que ver en la tele a Lidia Lozano; la gente está loca por contarlo.
Pero la que se lleva la palma es una compañera a la que le da rabia que alguien le pise la exclusiva.
Hoy nos ha dicho dos: una más exclusiva que otra, una a un volumen mayor que otra. Y ella tan contenta. Es como cuando estás en casa y alguien responde a voz en grito una pregunta del Pasapalabra y se te cae el cuenco de las patatas fritas del susto. Pues así comenta los secretos, a voces…

Será por aquello de que saber quién se va es eso: un secreto a voces.

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