Las picaduras

Cuentan que por el valle del Ebro y Alto no sé qué y Bajo no sé cuánto, se está dejando ver la mosca negra. Al parecer es una mosca que te mete un bocao que ni Massiel al quinto día en La Selva de los Famosos (que llaman Supervivientes pero para mí siempre será la Selva de los Famosos).


A mí no me ha picado, creo, la puta mosca, que bien podría llamarse también "cojonera", por aquello de tocarte los mismos con generosa dentellada, pero me ha picado algo: una araña o un mosquito tropical o algo raro.
Se me ha puesto la pantorilla que parece una teta de Ana Obregón en pleno de mes agosto: tensa y roja.

He ido a la farmacia de aquí cerquita y le he contado a la buena mujer que me ha estado supurando en la oficina y me he visto en la obligación moral y sanitaria de estrujarme "para sacarme el veneno". Me ha mirado como diciendo: "No hace falta que me lo enseñes". Y efectivamente se ha ido directamente a por una pomada, para que me den la misma.

Y es que siempre que nos sale un granito o nos pica un mosquito, nos da por "rash,rash,rash". El límite lo pone la sangre. Cuando "nos hacemos sangre" ya sabemos que tenemos que parar, que nos hemos pasado. La sangre es la clave.
Como para ir a urgencias. Si sale sangre uno va casi eufórico paseando su herida por los pasillos del sanatorio sin necesidad de poner cara de moribundo ni hacer como que te desmayas.

Y las madres, las novias y todo tipo de elementos maternales te dicen: "No te lo toques, no te lo toques". Pero en cuanto te descuidas te lo están tocando ellas.
Eso sí, no te hacen sangre como te la haces tú, tienen más cuidado.

Como el mosquito, la puta araña o lo que sea que me ha picado. Que viene a por su ración con cuidado y se larga. Tú te lo imaginas con conciencia, con inteligencia e intentas tenderle una trampa, adivinar sus movimientos. Y cuando ya lo tienes a tiro, te da pena machacarlo contra la pared. No por el mosquito, sino por la mancha.

Quizá ponga uno de esos aparatos que hay en las heladerías y hacen de la degustación de unas nueces con nata un espectáculo acústico sin igual. (Nunca se me ocurre, en estos sitios, pedir nada de picar).

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