La intransigencia

Son de las situaciones más incómodas las vertebradas a lo largo de la intransigencia.
Estamos en un punto determinado de una situación determinada. Tú apuntas en una dirección, expones, piensas, meditas y compones una posible solución, una mirada hacia delante. Pero alguien se pone en tu camino y aplica la intransigencia como único argumento a todo.

Ante una evidencia no cabe dar más vueltas pero el intransigente no para de cerrar puertas, ventanas y hasta gateras para que sufras en tu acorralamiento.

Yo siempre he sido partidario de dejar una puerta abierta, siempre la hay. Aunque sólo sea para invitar a alguien que nos es desagradable a que abandone el lugar. Por tanto, no entiendo la obstinación que hay detrás, delante o al lado del intransigente.

Qué motivos le llevan a tal comportamiento que no conduce más que a tensar una cuerda que puede romperse y retornar directamente hacia su nariz.

Qué tipo de condicionamiento le puede llevar a alguien a tener la sartén por el mango y aún así darle la vuelta para que caigan los trozos de carne directamente a las brasas. Qué tipo de alta cocina o escuela bulliesca puede defender un plato así.

Hasta la persona más tonta del mundo; más plasta; más jodida; merece una salida. Todos necesitamos una salida. La intransigente también. Yo se la daré, llegado el caso.


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